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Tomado de Ecoportal
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Cada crisis genera sus refugiados y cada guerra cuenta con
sus desplazados interiores que no traspasan las fronteras nacionales y
quedan atrapados en la jaula de terror de sus propios Estados. Así lo
expresa y analiza en un informe el director del Centro de Investigación para
la Paz, Mariano Aguirre.
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En el mundo hay alrededor de 23.000.000 de refugiados,
víctimas de guerras y en muchas ocasiones, de gobiernos corruptos. Son
perseguidos por su raza, religión, etnia o convicciones políticas. Cerca de
7.300.000 están en Asia, 6.200.000 en África, aproximadamente 7.400.000 en
Europa, 1.200.000 en América del Norte, 90.000 en Latinoamérica y Caribe y
unos 70.000 en Oceanía. Otros 20 millones más son desplazados dentro de sus
propios países y no están reconocidos como refugiados. "Entre todos, unos 50
millones que configuran un gigantesco país sin nombre, una sociedad
multicultural fragmentada, un mundo diverso, complejo pero también
vulnerable, pobre, perseguido" afirma Aguirre.
Para la mayoría de los refugiados, los conflictos armados
-que implican persecución y otros abusos contra los derechos humanos de la
población civil- son la fuente principal de amenaza. Muchos conflictos
armados de los últimos diez años han resultado especialmente peligrosos para
la población civil, como lo indica la proporción de bajas mortales civiles
con respecto a las militares, que supera en algunos casos por 9 a 1.
El 80% de los refugiados son niños y mujeres y un 90 % de
los desplazados se encuentran atrapados en los países empobrecidos. Huyen de
conflictos armados, muchos de ellos internos, como ha sucedido en los
Balcanes, Asia Central, el Cáucaso, Somalia, Burundi, Afganistán, R.D. del
Congo, Sierra Leona o Colombia.
El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados
(ACNUR) es la organización humanitaria, creada en 1951 cuyo objetivo es
proteger a los refugiados y buscar soluciones duraderas a sus problemas. La
Convención de 1951 y el Protocolo de 1967, son los principales instrumentos
jurídicos para su protección. Según la Convención de Ginebra un refugiado es
una persona que "tiene un fundado temor de ser perseguida a causa de su
raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u
opinión política; y que al encontrarse fuera del país de su nacionalidad no
puede o no quiere, debido a ese temor, acogerse a la protección de su país".
Es complejo diferenciar entre refugiados, solicitantes de
asilo, apátridas, inmigrantes en situación irregular o solicitantes de asilo
denegado. Los gobiernos tratan de encontrar las causas de expulsiones
masivas, limpieza étnica, migración forzada, desplazamiento interno y
repatriación forzosa. Pero en muchas ocasiones, se mezclan datos de
inmigrantes y refugiados y esto puede confundir a la opinión pública. El
problema de dar empleo y asistencia social a los inmigrantes no es el mismo
que amparar en sus derechos humanos a quienes huyen para salvar su vida.
Cada grupo tiene sus necesidades y desafíos.
La cuestión de los refugiados no tiene una sola respuesta.
"Se intenta en algunos casos que tengan protección temporal en países
cercanos al propio. Por otro lado, se plantea la necesidad de combinar
políticas de protección con otras de prevención de conflictos, ayuda al
desarrollo vinculada a la democratización y operaciones de mantenimiento de
la paz", afirma Aguirre.
En 1972, Naciones Unidas reconoció que, además de los
refugiados -o sea, las personas que solicitaban asilo por diversas razones
en otro país que no fuese el de origen- había perseguidos interiores.
Hacinados en campamentos, asentamientos esporádicos, iglesias, almacenes o
edificios abandonados, los desplazados internos no suelen tener suficiente
agua y comida, y no acceden a los servicios públicos más elementales.
Ante un mundo global, las cuestiones de refugiados deben
coordinarse con una acción humanitaria que asuma el problema también de
forma global. Es decir, vincular el problema con la acción preventiva, con
la asistencia inmediata, la protección legal y las tareas de regreso de los
refugiados y reintegro social, político y económico de estos y los
desplazados. Buscar soluciones regionales e internacionales. Y sobre todo,
asumir una actitud de mayor apertura y solidaridad en los países de acogida.
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