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Parte 2 /2
¿Debería esto significar algo para los comunicadores para
el desarrollo?
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La revisión de estas pocas estadísticas y las
historias de las personas más afectadas, me deja la ambivalente
sensación de que metas como disminuir el hambre a la mitad para el año
2015, son a la vez un mínimo y necesario alcanzable y un reto
imposible.
Imposible, si las cosas siguen como están... |
- La torta económica global está creciendo, pero el crecimiento está
distribuido inequitativamente. Los recursos asignados para enfrentar los
enormes retos de desarrollo que enfrenta la población mundial son
inadecuados.
- Se han hecho avances significativos durante las últimas décadas,
pero su distribución no ha sido uniforme; en algunos casos ha habido
retrocesos.
- Las prioridades de inversión a nivel global colocan las necesidades
claves para el desarrollo humano muy por debajo de otras prioridades,
tales como la inversión en armamento y en subsidios a la agricultura.
Alcanzable, si hacemos cambios en las prioridades y en las
políticas...
- Aumentar la inversión en ayuda externa (ODA) rápidamente, hasta los
niveles a que los países ricos se han comprometido desde hace años.
- Adoptar políticas de intercambio más equitativas, principiando por
la agricultura.
- Buscar mecanismos que garanticen que los beneficios obtenidos a
través del
crecimiento de la economía global no estén concentrados en unos pocos.
- Identificar los éxitos, construir a partir de ellos y mantener los
apoyos al desarrollo durante períodos suficientemente largos, para
evitar retrocesos
- Alcanzar un consenso global acerca de las prioridades mundiales de
inversión, que respondan en forma adecuada a aspectos esenciales de
desarrollo, tales como salud, educación y la reducción de la pobreza y
el hambre.
Y mínimo porque...
- Reducir el hambre a la mitad, deja aun a cientos de millones de
personas
en condiciones inimaginables.
Claramente, se trata de desafíos complejos; las cifras mencionadas son tan
sólo puntos de arranque, parciales y esquemáticos. Sin embargo, plantean
serios interrogantes a los comunicadores para el desarrollo. Es cada día más
evidente que las estadísticas y las historias sobre personas reales
-recogidas y publicadas con regularidad por los departamentos de
investigación y comunicación del sistema de las Naciones Unidas y las ONGs-
evidencian obstáculos para el desarrollo. Hasta el señor Disraeli
encontraría difícil descartar el creciente cuerpo de estadísticas, reforzado
por las historias de sufrimiento humano y desigualdad. A menos, por
supuesto, de que sean mentiras propagadas por nosotros mismos, en cuyo caso
es necesario un examen de conciencia acerca de la práctica de la
comunicación a nivel global.
Pero si aceptamos que estas estadísticas representan una
visión honesta de la realidad, quedarían en el ambiente serias dudas acerca
de las políticas y aproximaciones al desarrollo y preguntas sobre cómo
deberían los comunicadores responder a las fuerzas globales que influyen las
decisiones locales que las personas toman cotidianamente.
Preguntas tales como...
- ¿Puede la comunicación para el desarrollo ayudar a identificar las
contradicciones entre las metas globales de desarrollo y la destinación de
los recursos o las realidades políticas?
- ¿Hasta dónde debe centrarse la comunicación para el desarrollo en
estos temas? ¿Puede la comunicación para el desarrollo estar a la altura
de los retos de la abogacía a nivel global? ¿Cuál es la mejor forma para
que la comunicación para el desarrollo enfrente temas como éstos, de alta
sensibilidad política?
Si la evidencia es suficiente para generar dudas acerca del cumplimiento de
metas de desarrollo muy publicitadas y desesperadamente necesitadas, ¿no
deberíamos hacerle caso al señor Twain y ser honestos? Como comunicadores
para el desarrollo, ¿no deberíamos revisar nuestra información y nuestras
estrategias de comunicación, para garantizar que hagamos lo posible por
alcanzar y sobrepasar las metas mínimas de desarrollo que el mundo se ha
impuesto?
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