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 Las comunicaciones y el desarrollo en Latinoamérica

Comunicaciones

Por Luis Enrique Marius

Parte 1 /1

Fragmento de la ponencia presentada en la
Conferencia Latinoamericana
"Por la libertad de Información y Expresión,
Derechos Inalienables de los Trabajadores y los Pueblos"
celebrada en Perú, en septiembre del 2003,
convocada por CLADEHLT,
Comisión Latinoamericana por los Derechos y Libertades
de los Trabajadores y los Pueblos,
http://www.cladehlt.org

A pesar que desde hace más de dos décadas hemos venido superando las secuelas que nos dejaron los regímenes autocráticos y dictatoriales en la región, no podemos afirmar que hoy vivamos en democracia y en libertad, sino que hemos logrado ciertas "formas de democracia" y algunos "espacios de libertad", y debemos asumir como desafíos, el consolidarlos y profundizarlos, convencidos que ni la democracia es un don, ni la libertad es un regalo, sino formas de vida que deben ser conquistados trecho a trecho y defendidos en forma declinable.

Más aún, cuando se encuentran condicionados por la creciente injusticia social, producto de la imposición de políticas económicas centradas exclusivamente en la acumulación y el crecimiento de minorías, especialmente transnacionales, y políticas sociales marginales y excluyentes. No nos será posible allanar el camino para la consolidación de la democracia y la libertad, si no somos capaces de propiciar, impulsar y concertar, en el ámbito de todas nuestras naciones, un auténtico modelo alternativo de desarrollo.

Un modelo de desarrollo que responda a las necesidades y aspiraciones de nuestros pueblos, por encima de intereses particulares, asumiendo la auténtica dimensión del bien común, y una distribución universal de los bienes que, por supuesto, es contradictoria con el pensamiento neoliberal de moda en todas nuestras clases políticas, y con intereses transnacionales, hegemónicas y excluyentes de los centros de poder internacional.

No podemos soslayar el hecho que ninguna de nuestras naciones se encuentran en capacidad y con la fuerza suficiente como para asumir en forma aislada la implementación de un modelo alternativo de estas dimensiones.

Se hace indispensable concretar nuestra propuesta de crear y potenciar la "Comunidad Latinoamericana de Naciones", es decir, la integración de nuestras naciones y pueblos, rescatando el alma común latinoamericana, compartiendo las enormes riquezas de nuestra Patria Grande, superando definitivamente una historia de saqueos, dependencia y dominación.

Es por ello que estos tres elementos estratégicos de la Democracia, el Desarrollo y la Integración, deberían transformarse en la constante preocupación de nuestros gobernantes, estar indisolublemente inscritos en las agendas de nuestros compromisos, superando los pertinentes "Caballos de Troya" que nos inventan quienes intentan mantenernos sometidos, confrontando las agresiones mentirosas de un modelo "libre Mercado" que subsiste negándose a sí mismo sobre la base de un proteccionismo descarado y cínico, y también superando nuestras propias limitaciones y mediocridades.

En este aspecto los pueblos y las clases políticas europeas nos dieron una lección que deberíamos aprender. Al final de la Segunda Guerra Mundial, aún llorando a millones de muertos, se propusieron unirse. Se preguntaron ¿cuánto perdemos por no estar integrados?. Y hoy, a pesar de las fuertes y diferentes variables culturales, a pesar de las asimetrías en su desarrollo, no sólo la integración es una realidad, sino que continúa creciendo y llegará hasta los Montes Urales, como la preconizaron hace más de 40 años sus dirigentes.

De esta lección que no es de ninguna manera copiable, y más allá de las dificultades que deben asumir y resolver en forma continuada, se pueden extraer dos condiciones esenciales para nuestro futuro: una, la visión de futuro y la capacidad política de su clase dirigente; dos, la voluntad política para no amilanarse ante las dificultades, sino asumirlas y resolverlas.

Sin lugar a dudas, en una Latinoamérica donde nuestra clase política ha sucumbido a las presiones extranjerizantes por la pérdida de su identidad y sus proyectos, y donde se magnifican obstáculos y dificultades para ocultar las limitaciones y/o intereses personales de los pequeños sectores de poder, no se hace fácil visualizar una perspectiva histórica de democracia, de desarrollo y de integración, a pesar de las enormes riquezas naturales, culturales y humanas que, proliferan a lo largo y ancho de nuestra región.

El recordado escritor mexicano Octavio Paz afirmaba: "si soñamos solos no es más que un sueño, pero si lo hacemos juntos, estamos comenzando una nueva realidad".

Para los mártires de Chicago, la existencia de una efectiva justicia laboral era un sueño, y a pesar de todos los intentos por condicionar y hasta eliminar los derechos y libertades logrados en las legislaciones nacionales y convenios internacionales, hoy tenemos referencia para continuar ampliándolas y hacerlas efectivas.

Los que sufrimos en carne propia las dictaduras de la Seguridad Nacional en las décadas pasadas, y soñabamos con superarlas y recuperar la libertad y la democracia, y a pesar de nuevos y renovados intentos por volver al pasado, continuamos tenaces en defenderlas y profundizarlas.

Para los que aprovecharon la dictadura del General Pinochet para imponer la privatización de la Seguridad Social, apropiándose indebidamente del patrimonio de los trabajadores, e intentaron imponerlo en toda la región; nuestra resistencia y el fracaso del modelo está obligando a recuperar (y ya hay varios ejemplos) los fundamentos originales de la universalidad, la solidaridad y la integralidad de la Seguridad y Protección Social.

Para quienes intentan, ALCA mediante, castrar nuestro futuro de naciones soberanas y pueblos libres, con la complicidad de gobiernos sometidos y entreguistas, deben saber que una resistencia generalizada se profundizará en toda la región y obligará a sacar de las sombras los acuerdos ya comprometidos y someterlos a la voluntad popular.

Es en ese marco de agresiones y desafíos, de angustias y esperanzas, debemos ubicar el rol de la información, de las comunicaciones sociales, la plena vigencia a la libertad de información y expresión, como derechos ineludibles de los trabajadores y los pueblos.


   

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