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 Drogas y Conflictos: desarrollo alternativo y conflicto en Colombia

Resolución y prevención de conflictos

Por Ricardo Vargas

Parte 4 /4

Balance de la experiencia

El problema institucional en el nivel central

Hasta el inicio del Plan Colombia, la dirección política formal del desarrollo alternativo se concentraba en el PLANTE. A través de esta entidad se empezaron a canalizar, como contraparte nacional, los primeros recursos del "componente social" del Plan a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Para algunos técnicos en esta materia, este fue un momento único para el relanzamiento político del Programa de Desarrollo Alternativo, el cual aparecía debilitado debido al fracaso de la política y de su gestión al comenzar la nueva administración del presidente Pastrana. Sin embargo, el PLANTE no logró estructurar una política nacional sólida, además de revelar deficiencias administrativas en sus primeras actuaciones dentro del Plan Colombia.

La situación del PLANTE pareció agravarse políticamente al crearse el FIP e iniciar éste la reglamentación, focalización y manejo de los recursos orientados al desarrollo alternativo. De este modo se estableció una competencia poco deseable entre las dos instituciones, situación de crisis que repercutió también en las mismas áreas de intervención del desarrollo alternativo, sobre todo en el sur.7

Adicionalmente, en el manejo de la problemática de los cultivos ilícitos aparece otra instancia, el Consejero Nacional para la Seguridad y la Convivencia, cuyas funciones en esta materia no son claras, pero que asume, de hecho, responsabilidades en nombre del gobierno central alrededor de los compromisos del Estado en el tema de los pactos de erradicación manual.

Así mismo la Red de Solidaridad – un establecimiento público de orden nacional – se encarga de la atención a personas afectadas por las fumigaciones aéreas, con lo cual entra también en aspectos que competen tanto al FIP como al PLANTE.

En este escenario de entidades paralelas promovido desde Bogotá, se profundiza el desorden institucional coadyuvado por la descalificación del PLANTE como instancia con capacidad de gestión, situación agravada por la ausencia de una política de desarrollo alternativo y los manejos coyunturales y de fuerte improvisación del mismo Programa.

A este desarreglo institucional se agrega la ausencia de coordinación entre los organismos encargados de las fumigaciones aéreas y las entidades responsables del desarrollo alternativo. Como se sabe, una de los mayores cuestionamientos a las fumigaciones es su impacto sobre proyectos financiados por la cooperación internacional y por el mismo Estado colombiano. A esto se añade la débil presencia de entidades nacionales y regionales que tienen responsabilidades en la planeación del desarrollo para las regiones (Corpoamazonia, Corpoica, entre otras).

El problema institucional entre el centro y la región

A la debilidad institucional y descoordinación entre las entidades nacionales que en los hechos asumieron compromisos paralelos o diferenciados en desarrollo alternativo, se une la ausencia de espacios de concertación y seguimiento entre las autoridades nacionales y las regionales y locales. De este modo desapareció, en la práctica, la perspectiva del fortalecimiento institucional del nivel local que, en el marco de la pérdida o ausencia secular de control del territorio por parte del Estado, constituye una base fundamental de construcción de su legitimidad.

Esta situación se reflejó, según una evaluación de la Contraloría General de la República (CGR), como una característica estructural del Plan Colombia, al desarrollar una distribución regional de los recursos poco equitativa, hecho encubierto en una supuesta convocatoria neutral para acceder a sus fuentes de financiación en virtud "de la capacidad de presentar y tramitar proyectos por las propias regiones", situación que contrasta con una intervención propuesta sobre la base de las necesidades reales de esas áreas, señalada por la Contraloría en su balance:

"De allí que se observe, en muchos casos, que las regiones de un mayor desarrollo relativo han obtenido una proporción mayor de los recursos en perjuicio de aquellas con mayores problemas relacionados con el narcotráfico y la violencia, objetivos básicos del Plan" 8

Con este tipo de distorsiones como base, el Plan Colombia resultó orientando la ejecución de los recursos en las grandes ciudades y departamentos distintos a aquellos donde el conflicto armado y la presencia de cultivos ilícitos es más agudo, además de sufrir otro tipo de desventajas:

  • La debilidad institucional, agravada, entre otros, por la falta de un apoyo académico e investigativo, dificultando la formulación de proyectos con los estándares exigidos por el alto gobierno.
  • La débil creación de estructuras y redes sociales.

  • La exigencia de cofinanciación a entes territoriales que no están en capacidad de hacerlo, todo lo cual llevó finalmente a que los recursos dispuestos para los planes sociales se fueran a regiones muy distintas a departamentos como Guaviare, Putumayo, Caquetá o Norte de Santander.

Este hecho contrasta fuertemente cuando se sabe que son escenarios de la guerra, de las fumigaciones, situaciones que además de la crisis humanitaria generan desempleo para productores, jornaleros, además de la pérdida de empleos indirectos sobre todo del sector servicios. Unido a ello está la crisis del sector rural colombiano. Según la CGR:

"Aun si se hace el estimativo optimista de que todos los renglones productivos legales aumenten su área en los próximos dos años en un 10%, o sea un 5% anual, apenas se podría ampliar el empleo en 80.000 puestos.." 9

El hecho de que el Plan Colombia se centre en la lucha antidrogas y de que los recursos aprobados por el Congreso de Estados Unidos se evalúen con relación a un indicador medible frente a ese fin, hizo que los escenarios de cultivos ilícitos tuviesen una mayor significación y seguimiento. Particularmente, a la hora de evaluar el desempeño de la política, la eliminación de cultivos ilícitos tiene el mayor peso, como quiera que la continuidad de la financiación del Plan ha dependido principalmente de los resultados que arrojen las tareas de erradicación forzosa. 10

En resumen, la implementación de toda la política general contenida en el Plan Colombia y su gestión, refleja muy bien el tipo de estructura de Estado vigente en Colombia y, en parte, a través de ella se explica la realidad que se ha creado con dicho Plan y las distorsiones generadas en su ejecución. Entre los elementos más destacados en ese sentido se encuentran:

  • La tensión entre el Estado central y las regiones, que secularmente han estado al margen de la integración en términos nacionales.

  • El desorden institucional del centro, en medio de una compleja e incomprensible red de normas que crean instancias incapaces de inscribirse en una estrategia de integración y afirmación nacional.

  • La inexistencia de estrategias de política claramente definidas para las zonas de colonización, cuya mayor importancia es la presencia de complejos ecosistemas relevantes a nivel ambiental.

Incidencia del contexto institucional en las políticas de cooperación internacional

La baja capacidad de ejecución del PLANTE, el desorden institucional reinante en la intervención del Estado en relación con la autosuficiencia alimentaria y las debilidades e incertidumbre frente a los proyectos de mediano y largo plazo, llevaron a una crisis en la constitución de la contraparte de la cooperación de USAID (Véase Recuadro).

USAID Y DESARROLLO ALTERNATIVO

El 13 de julio de 2000, el Congreso de EEUU aprobó 869 millones de dólares para el Plan Colombia. De esa cantidad, 123,5 millones se destinaron a USAID Colombia, de los cuales 42,5 eran para programas de desarrollo alternativo bajo el objetivo estratégico No. 2 de "promover alternativas económicas y sociales a la producción ilícita de coca".

Según USAID Colombia, se trataba de generar condiciones sociales y económicas en áreas de producción de cultivos ilícitos, a través del fortalecimiento de los pequeños productores que voluntariamente abandonen la producción ilícita. Los 42,5 millones han sido dedicados a esa estrategia a través de una enmienda efectuada a un acuerdo que existía con el gobierno colombiano. Esta enmienda se suma al programa de desarrollo alternativo a la coca (Coca Alternative Development, CAD) de 5 años.

El CAD se implementó a través de un contrato firmado el 30 de marzo de 2001 con Chemonics, quien implementa el programa concediendo donaciones y subcontratando con gobiernos municipales, organizaciones locales y regionales de productores, organizaciones no gubernamentales y el sector privado.

En efecto, la USAID percibió así la crisis y la redefinición de su intervención en Colombia de la siguiente manera:

"El plan inicial, desarrollado con las contrapartes del Gobierno Colombiano, fue que USAID se centrara en los esfuerzos de generación de ingresos económicos a mediano y largo plazo, mientras que la (parte) colombiana de ejecución, se centraba en la entrega de asistencia inmediata a los agricultores que firmaran los pactos de reducción de la coca con el Gobierno."

"A medida que esto se realizaba, la demanda de participación en estos pactos con el gobierno aumentó en un volumen inesperado, pero fue políticamente difícil para el Gobierno limitar su oferta inicial. Como resultado, se informó que aproximadamente 37.000 familias firmaron 33 distintos pactos entre diciembre del 2000 y julio del 2001. Este gran número superó la capacidad del Gobierno Colombiano para entregar asistencia inmediata. Los factores de complicación incluían lo remoto y difícil del acceso a las áreas donde vivían los suscriptores de los pactos y una serie de incidentes de seguridad fue generada por conflictos entre las guerrillas de las FARC y los paramilitares de la AUC en la región... La asistencia del Gobierno Colombiano está ahora siendo entregada a los suscriptores de los pactos (se estima que se llegó a aproximadamente 8.500 hasta el momento). El Gobierno ha dado tiempo hasta el 27 de julio del 2002 a los suscriptores de los pactos para concluir la erradicación de sus cultivos de coca. Luego de este punto, tiene la intención de realizar la erradicación aérea de los cultivos de coca restantes" 11

Como se puede ver, la crisis que terminó desbordando la capacidad institucional llevó a que las fumigaciones se vieran como la única salida, justificadas bajo el falso argumento de que la responsabilidad era de los campesinos que habían suscrito los pactos. La desazón reinante en las comunidades hacía prever una respuesta de resiembra de la coca en vista de las inseguridades que provocó la crisis institucional. USAID fue consciente también del vacío generado por la representación estatal colombiana y entró entonces a reajustar sus programas a través de una intervención directa, en donde se buscó responderle a las comunidades en los programas de mediano y largo plazo. El mecanismo fue concertar una erradicación anticipada, esto es, no sometida al desorden en la contabilización del punto de partida en que finalmente cayeron los pactos de erradicación manual:

"Una evaluación en el terreno realizada por USAID en octubre-noviembre del 2001 constató que muchos suscriptores de los pactos se mostraban escépticos de que el Gobierno efectuara la entrega oportuna de la asistencia inmediata o reanudara la fumigación luego del 27 de julio del 2002, ocasión en que terminaría el mandato del Presidente Pastrana. Muchos han replantado la coca en las áreas que fueron fumigadas anteriormente. No obstante, otras comunidades han comenzado voluntariamente la erradicación inmediata, en un intercambio por la provisión de asistencia, a través de los beneficiarios de USAID. USAID comenzó a reajustar su plan original en noviembre pasado para comenzar a trabajar directamente con dichas comunidades bajo un programa de ‘erradicación temprana’". 12

De este modo las acciones implementadas por USAID-Chemonics se empiezan a desarrollar en un contexto de ausencia de una política nacional de desarrollo alternativo y, en general, de falta de posicionamiento de un eje nacional, creándose así un tipo de manejo paralelo que acaba evitando las instancias formalmente responsables del manejo de la política y colocando a la vez sus reglas de juego, a través de:

  • La redefinición de los distintos programas ya existentes o la creación de nuevos, con base en las pautas de USAID–Chemonics, esto es, interés exclusivo en reducciones rápidas de áreas de cultivos ilícitos.

  • El esquema transaccional de recursos por erradicación inmediata, implementado a través de la modalidad de contratación privada con ONG empresariales que resultaron debilitando la precaria institucionalidad local y regional.

En el proceso de implementación de las acciones contratadas con los operadores que actuaron como ONG se observó: 13

  • En general venían de experiencias muy distintas a la realidad de los cultivos ilícitos.14
  • Las estrategias operativas fueron desfasadas tanto en el cubrimiento del territorio como en la capacidad de los promotores, teniendo en cuenta que se trataba de acciones que demandaban conocimiento y experiencia.
  • No hubo seguimiento y monitoreos efectivos de las ONG en relación con el trabajo de sus funcionarios.
  • La estructura de gestión facilita la proliferación de irregularidades en el manejo de los recursos.

Como consecuencia las autoridades locales y regionales, las organizaciones de la comunidad quedan, por razón de los recursos, girando alrededor de los criterios emanados de entidades externas como en el caso USAID, la cual representa hoy el 92% del fondo total de desarrollo alternativo. (Véase Tabla 1). En el terreno, USAID lejos de concertar dinámicas de desarrollo, terminó transando acciones de erradicación.15 Todo lo cual conduce a un mayor desorden institucional, al no articularse la cooperación dentro de los planes de desarrollo local o regional, y al propiciar que las pocas y débiles organizaciones sociales (campesinas e indígenas) giren alrededor de la demanda de pequeños recursos para sus zonas sin que se fortalezcan realmente los espacios de concertación desde el ámbito local ni se cualifiquen su proyección como entidades representativas de la comunidad, ni – por tanto – sean protagonistas del desarrollo regional.

Tabla 1 : Recursos recibidos de Cooperación Internacional

Fuente

Período

Valores en US$

US AID

1999 2005

104.360.000

UNDCP

1996 – 2002

6.500.000

R.P. CHINA

1997 1998

719.000

Fondo Japonés BID

1997

350.000

JAPÓN UNDCP

2001

253.945

CICAD – OEA

1998 – 2002

491.000

República de COREA

1996

110.000

PNUD

1997 – 1999

200.000

FRANCIA

1998 1999

66.250

Total

 

113.050.695

Fuente: DNE La Lucha en Colombia contra las drogas ilícitas. Acciones y resultados, 2001

USAID, por el contrario, se reafirma en la necesidad de desempeñar un papel complementario con el elemento disuasivo de la fumigación. La promoción de la organización de la comunidad debe darse alrededor del sustento ideológico de la estrategia antidrogas de Washington.

"Es también importante repetir que los programas de ejecución, tales como la erradicación aérea, son parte fundamental de la ecuación. No existen alternativas lícitas a la coca y al procesamiento de la pasta de coca... en relación con la generación de ingresos económicos, para los agricultores...". 16

Para USAID, las lecciones obtenidas en Bolivia, Perú y Ecuador, demuestran que la administración, antes que los niveles de ingresos económicos o la pobreza, es el factor subyacente clave, que determina si la industria de la coca se establecerá o no, si crecerá o disminuirá. La administración, en este contexto incluye una presencia de implementación del gobierno nacional, gobiernos locales dispuestos a prestar servicios públicos y crear incentivos contra la producción de la coca, comunidades locales cohesivas y un sistema de valores o creencias individuales que rechacen la producción de drogas como medio de vida.

Así mismo, para USAID, si las comunidades locales trabajaran en conjunto, de manera participativa y estuvieran apoyadas por una presencia visible del gobierno nacional, con un fuerte compromiso hacia la erradicación de cultivos para la fabricación de drogas y una presencia militar capaz, la economía ilícita de la coca podrá ser reducida significativamente.

  • Como conclusión, la desinstitucionalización de la política de desarrollo alternativo por parte del gobierno central, al limitar y propiciar la descoordinación de los entes estatales que tienen un papel en la planeación y el impulso del desarrollo regional, envía señales contradictorias frente a la retórica de la construcción de soberanía nacional a través de la legitimidad estatal. Este tipo de vacíos contrasta con la magnitud de los compromisos adquiridos por el Estado central frente a las comunidades a través de los pactos de erradicación manual. El incumplimiento a esos compromisos y la ausencia de una política de Estado, han resultado llenados por una política que responde más a otros intereses estratégicos en materia de drogas y seguridad que los que podrían surgir de un proyecto político nacional para Colombia. Puestos en funcionamiento estos acuerdos pueden tener la apariencia de una "transacción", pero por su contenido (erradicación previa y no resiembra de la coca como el fundamento de la política) no avanzan realmente en el propósito del fortalecimiento de la sociedad de estas zonas. En segundo lugar, tampoco se mueve en dirección a fortalecer la legitimidad del Estado en estas áreas, ya que al promover un modelo de privatización en su ejecución, ha terminado disminuyendo el poder institucional del nivel local y regional.

  • Finalmente, el entorno del conflicto armado, que se centra en la lucha por el control del territorio y dentro de este, por el control de la comercialización de la pasta básica de coca, termina reflejando igualmente intereses particulares de grupo, dada la baja legitimidad de la representación de los alzados en armas. Ninguno de los actores del conflicto tiene en su agenda expectativas por incidir en el desarrollo regional. El predominio del avance táctico para el logro de un posicionamiento militar para la defensa del statu quo del poder como grupo o sector armado, lleva a manejar el territorio como escenario de la guerra más que un escenario de desarrollo.

Textos de referencia

  • "Desarrollo alternativo y erradicación. Un enfoque desequilibrado", Drogas y conflicto No. 4, TNI, marzo 2002.
  • "Europa y el Plan Colombia", Documentos de Debate Drogas y Conflicto No. 1, TNI, abril 2001.
  • "Fumigaciones y Conflicto en Colombia. Al calor del debate", Drogas y conflicto No. 2, TNI, septiembre 2001.
  • AA; "Erradicación Forzosa y Conflictos", Revista Internacional Acción Andina, n. 4, Acción Andina, Bogotá, julio 2001.
  • Cultivos ilícitos y Proceso de Paz en Colombia. Una propuesta para la paz, TNI/Acción Andina, junio 2000
  • Jelsma, Martin; Alternative Development and Drug Control: A Critical Assessment, ponencia para la Conferencia internacional sobre el rol del Desarrollo Alternativo en el control de drogas y la cooperación para el desarrollo, Munich, enero
  • Jelsma, Martin; Círculo Vicioso: La guerra química y biológica a las drogas, TNI, marzo 2001
  • Vargas, Ricardo; Fumigación y conflicto. Políticas antidrogas y deslegitimación del Estado en Colombia, Tercer Mundo Editores/TNI/Acción Andina, Santafé de Bogotá (Colombia), noviembre 1999.
  • Vargas, Ricardo; La fumigación en cuestión. Eficacia y conveniencia de esta política antidroga, Informe TNI/Acción Andina, julio 2001
  • Vargas, Ricardo; Pactos de erradicación: confianza o chantaje, Drogas y Conflicto. Documentos de Debate, TNI, n. 1, abril 2001

Notas


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