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Marieclaire Acosta Urquidi, -ExSubsecretaria del Estado
para los Derechos Humanos en México-
es una intrépida e internacionalmente respetada
activista de los derechos humanos. Ha trabajado por más de treinta años en
la promoción de los derechos humanos. Acosta ha sido miembro de Human Rights
Watch y de Amnistía Internacional. Fue la fundadora y presidenta de la
Academia Mexicana de Derechos Humanos y de Comisión Mexicana de Defensa y
Promoción de los Derechos Humanos.
Futuros la entrevista por su doble experiencia de trabajo
desde la sociedad civil y en cargos gubernamentales.
"Creo que no existe la claridad conceptual de decir:
avancemos en la construcción del perfeccionamiento de la democracia, porque
lo que tenemos en América Latina y en México es una democracia que además de
frágil está muy degradada".
RF: ¿Quisiera presentarse a los lectores de Futuros?
MCA: Soy mexicana, Mi formación
profesional es en
ciencia política, la sociología política más bien, a la que me dediqué
durante varios años como investigadora tanto en la Universidad Nacional como
en el Colegio de México. Desde hace más de 30 años me involucré muy
activamente en el tema de los Derechos Humanos, primero a través de Amnistía
Internacional, fui la presidenta de la sección mexicana de Amnistía
Internacional, en una época muy difícil, en los 70’. México en ese momento
pasaba por una guerra sucia y un gobierno que alternaba la represión
despiadada con las medidas populistas, pero en ese momento vi emerger la
sociedad civil por lo que vi una nueva oportunidad y trabajé en la fundación
de un par de organizaciones de Derechos Humanos, a las cuales he tenido el
honor de dirigir. Primero fue la Academia Mexicana de Derechos Humanos, que
fue una propuesta conjunta que hicimos con otros intelectuales y activistas
como Sergio Aguayo y Rodolfo Calenjaque. Estuve al frente de la academia por
6 años en la década de los 80’s. Fue una experiencia extraordinaria porque
la Academia fue justamente un espacio que contribuyó a que esa sociedad
civil incipiente de México se fortaleciera y se orientara hacia el tema de
los Derechos Humanos.
Después de estar en la Academia las vicisitudes de la
política me llevaron a salirme de esa institución y a fundar una
organización más militante que es la Comisión Mexicana de Defensa y
Promoción de los Derechos Humanos, en la cual estuve por más de una década.
Este fue un organismo que se crea con la finalidad de defender a casos
concretos de violaciones de derechos humanos y sigue siendo una organización
que ha tenido mucho éxito en esa tarea. Hemos logrado sacar muchas personas
de la carcel y logró llevar al gobierno de México a rendir cuentas por
muchos actos de violaciones graves de derechos humanos.
Cuando la elección del año 2000 fui de las personas de la
sociedad civil identificada con la izquierda que llamamos al electorado a
votar por Vicente Fox, básicamente con la finalidad de sacar al PRI del
gobierno y lograr, de una vez, que se completara la transición democrática
con la alternancia en el poder. Fui parte de ese movimiento y experimenté
por ello consecuencias tanto positivas como negativas. Pasé a formar parte
del equipo de transición del presidente electo Fox y después fuí nombrada
embajadora especial para los Derechos Humanos y la Democracia. Luego, fuí
subsecretaria para los Derechos Humanos, y eso me permitió el enorme
privilegio de organizar y diseñar la primera política pública de Derechos
Humanos apegada a estandares y criterios internacionales en México. Los
compromisos internacionales adquiridos en esa etapa permanecen vigentes a
pesar de que yo ya no estoy en el gobierno.
RF: ¿A que se refería con las consecuencias negativas?
MCA: Lo negativo de la experiencia fue que no toda la
sociedad civil estaba tan comprometida como yo creía con el tema de la
democracia y la alternancia y hubo muchas decisiones de carácter mas
partidista e ideológico entre la sociedad civil y una parte de mis colegas
-al aceptar trabajar para el gobierno electo de Fox- reprobaron mi actitud
porque consideraron que yo había traicionado al Partido de la Revolución
Democrática, que era el partido de izquierda. Creo que todo eso ha sido
superado y forma parte del pasado.
RF: Pero creo que no es la primera persona que ha trabajado
primero en la sociedad civil mexicana y después ha desempeñado
funciones en el gobierno. Creo que hay otros ejemplos en México, ¿no es así?
MCA: Sí, hay otros ejemplos y muy elocuentes, pero es
interesante porque entramos en la discusión de lo que es políticamente
correcto y lo que es políticamente incorrecto. Por ejemplo, muchos de mis
colegas, miembros de la sociedad civil entraron a trabajar al gobierno de
Cuatemoc Cárdenas, en el Distrito Federal, pero como era un gobierno de
izquierda eso fue bien visto.
Vicente Fox es un hombre que no venía de la izquierda, venía
de un partido de centroderecha, que es el PAN, pero que intentó ser un
gobierno de coalición, invitó incluso al Partido de la Revolución
Democrática a formar parte de su gobierno y le ofreció ministerios e
incorporó gente con una trayectoria en la izquierda mexicana, como Jorge
Castañeda. Pero los que entramos al gobierno de Fox tuvimos una especie de
condena de parte del lider moral del Partido de la Revolución Democrática,
Cuatemoc Cárdenas, porque cuando Vicente Fox ganó las elecciones dijo que
era lo peor que le hubiera podido suceder al país. Muchos sentimos que esa
posición era inconsistente con sus propios ideales, porque si alguien había
convocado a la lucha por la democracia 10 años antes había sido él, y la
democracia tiene sus reglas. El que gana, el que toma el gobierno, es quien
ganó la competencia, no necesariamente el que tú prefieres.
Todo este cuestionamiento puso de manifiesto las
contradicciones de ciertas instituciones de la sociedad civil, la compleja
relación de muchos de los compromisos de la sociedad civil con la
democracia. Yo entiendo que estas situaciones son compartidas con varios
países de América Latina, que no es un fenómeno exclusivamente mexicano, y
que tiene que ver también con el hecho de que estamos explorando terrenos
novedosos.
RF: ¿Qué cree que demandaría la sociedad civil para hacer
una cooperación efectiva con gobiernos democráticamente electos?
MCA: Hay un dicho en México que creo que es muy
explícito y que dice "la burra no era arisca, a palos la hicieron". Si tú
vienes de una tradición autoritaria como la que vivimos durante 70 años con
el PRI, de un sistema político que niega la existencia de la sociedad civil,
que considera que el estado es el representante de la sociedad y que aplasta
cualquier manifestación de autonomía, pues evidentemente vamos a tener una
desconfianza estructural con cualquier colaboración con el gobierno. Por
supuesto que es un proceso acumulativo, ¿de que experiencia histórica te
puedes agarrar para saber como relacionarte con el gobierno?
Por otro lado, de parte del gobierno tampoco había un
entendimiento ni un conocimiento de lo que es la sociedad civil y menos aún
un respeto de lo que era la sociedad civil bajo el PRI. Al contrario, la
sociedad civil siempre fue vista como algo a lo que se le tenía que tener
una desconfianza enorme, que ocultaba, quien sabe, un propósito extraño y
que podría tener conexiones con algún grupo subversivo o de crimen
organizado. Hubo muchas ocasiones en las que distinguidos miembros del PRI,
decían que las ONG’s estaban financiadas por el narcotráfico, o éramos
comunistas ligados a la guerrilla. En realidad, el terreno no era muy
propicio para la colaboración con el gobierno.
Ahora bien, si además de la falta de experiencias positivas,
tienes un candidato electoral como Fox, que contaba con el respaldo de una
coalición muy plural, formada con el único propósito común de acabar con el
PRI pero constituida con fuerzas bastantes dispares entre sí, no estábamos
ante una situación favorable para el desarrollo posterior de políticas. Sin
embargo, creo que hubo experiencias exitosas en este gobierno, pese a todo,
y creo que, en justicia, la sociedad civil nunca ha tenido más espacio y más
capacidad de acción que ahora.
RF: ¿Qué recomendaciones haría tanto a la sociedad civil
como al gobierno, ya que ha tenido la oportunidad de trabajar de ambos
lados, para mejorar esta relación de una forma más cooperativa y eficiente?
MCA: Primero, creo que no es lo mismo fortalecer la
sociedad civil de un régimen autoritario que está en la oposición a
fortalecer la sociedad civil de una democracia en construcción. Ahora, si le
agregas a esa democracia en construcción la realidad de un país en donde hay
una desigualdad social y una injusticia enorme, se genera mucha confusión,
porque la percepción que tienen varias de las organizaciones de la sociedad
civil es que nada ha cambiado, que la democracia no sirvió para nada porque
no cambió nada, porque los pobres siguen siendo muy pobres y los ricos
siguen siendo muy ricos, y la policía sigue violando los Derechos Humanos.
Esta manera de ver las cosas genera una enorme confusión y
puede provocar un deseo de volver hacia atrás. En esas circunstancias entra
la tentación del populismo, la tentación de apoyar gobiernos populistas. Se
promueve el discurso de que la democracia ya la tenemos y ahora en lo que
hay que trabajar es en la justicia social, porque la democracia no ha
resuelto nada, entonces la solución está con el partido o el candidato que
va a resolver el problema de la injusticia social.
Creo que no existe la claridad conceptual de decir:
avancemos en la construcción del perfeccionamiento de la democracia, porque
lo que tenemos en América Latina y en México es una democracia que además de
frágil está muy degradada. Es una democracia con instituciones hechas para
el autoritarismo. Entonces lo que habría que hacer es replantear las
instituciones y hacer una reforma del estado, construir instituciones que
vayan de la mano con la democracia y que se orienten a alcanzar la justicia
social. Creo que una parte importante de la sociedad civil pudiera asumir
esta postura.
RF: ¿Qué tendría que hacer el gobierno?
MCA: Los funcionarios gubernamentales tendrían que, -y
me refiero tanto al gobierno nacional de Fox, como al del Distrito Federal
de Andrés Manuel López Obrador-, dejar de tenerle tanto miedo a la sociedad
civil. Creo que eso se logra con las acciones, profundizando en los
experimentos que ya se han hecho. Yo tuve el privilegio enorme de poder
dejar creada una Comisión Intersecretarial, formada por todos los
ministerios que tienen que ver con el tema de los derechos humanos,
funcionando con la participación permanente de la sociedad civil. Al
principio todo el mundo tenía una desconfianza horrible y finalmente ahí
está la Comisión Intersecretarial. Un sector importante de las
organizaciones de derechos humanos siguen participando, otro grupo optó por
la línea radical de descalificar el esfuerzo y ya se salió, pero en rigor
sigue participando una buena parte de las organizaciones y siguen avanzando.
El gobierno tiene que entender la participación de la
sociedad civil como parte natural de la cultura democrática. Con el tiempo
los gobiernos van a entender que es importante que la sociedad civil esté
ahí y participe. Pero es un proceso lento, que va a requerir todavía varios
procesos electorales y también dependerá de que tanto la sociedad civil
desarrolle capacidades de interlocución real con el gobierno, -porque no es
lo mismo hacer protestas que hacer propuestas-, como de tener los
instrumentos para darle un seguimiento adecuado a las propuestas. A veces
esas funciones propositivas y de monitoreo pueden convertirse en un trabajo
modesto que ya no tiene la grandilocuencia de los grandes gestos y las
grandes posturas; a veces el darle seguimiento a las acciones del gobierno
requiere una acción menos visible, pero más consistente y efectiva.
RF: ¿Cuáles serían los obstáculos para seguir ese camino?
MCA: Hay muchísimos problemas. Pero por solo mencionar
un enorme obstáculo para el avance de la sociedad civil: la percepción que
tienen los partidos políticos de México del papel de la sociedad civil.
RF: ¿De qué manera?
MCA: Casi sin excepción, ninguno de los partidos
políticos reconoce plenamente el valor de la sociedad civil.
RF: ¿Ni siquiera los de la izquierda?
MCA: El Partido de la Revolución Democrática es el más
amable con la sociedad civil, en el sentido de que reciben a los
representantes de la sociedad civil, pero no siempre toman en cuenta de
manera efectiva sus planteamientos. No está todavía enraizado de manera
suficiente en su cultura política, además es un partido complejo, plural,
que está muy atravesado también por el populismo y bueno, para ese sector
populista la sociedad civil, simplemente, no existe. Existe el pueblo, pero
la sociedad civil no.
El PAN, que es el partido con más tradición liberal, tiene
finalmente una visión bastante mezquina de la sociedad civil a pesar de ser
un partido que estuvo en la oposición durante muchos años, pero le molesta
mucho que haya otras organizaciones que sean autónomas y que no sean parte
del PAN. Por lo menos, al igual que sucede con otros partidos, es una visión
de una parte del PAN; hay otro sector que es más abierto.
RF: ¿El PRI?
MCA: Desde luego la sociedad civil no existe para el
PRI. Debo decirte que todos los partidos en México están atravesando por
profundas crisis. También la transición democrática va a llegar al interior
de los partidos en algún momento. El problema es que estamos pasando por una
etapa muy difícil porque desgraciadamente el gobierno de Fox no pudo
proporcionar el liderazgo político que necesitaba el país para consolidar su
paso a la democracia y entonces se ha abierto una competencia electoral dos
años antes de las elecciones, lo que hace muy difícil la democratización de
los partidos. La lucha por el poder, simplemente, es tremenda y hace difícil
que se procesen las diferencias internas dentro los partidos. Pero ahí están
y desde luego en cada uno de los partidos hay sectores más abiertos que sí
entienden que una democracia necesita de una sociedad civil actuante y
participante.
RF: Por lo que dice el panorama no es muy alentador en
cuanto a la participación de la sociedad civil.
MCA: Ha habido avances. Se promulgó una ley de
participación de la sociedad civil, que reconoce que las organizaciones de
la sociedad civil son entidades de interés público y que además proporciona
financiamiento del estado para las organizaciones y prerrogativas
especiales. También hay instituciones dentro del gobierno, como por ejemplo
el Instituto de Desarrollo Social (INDESOL) que tienen una política muy
desarrollada de fomento a las organizaciones de la sociedad civil.
Yo diría que el panorama no es tan negro. Como siempre está
lleno de tonalidades de grises, pero estamos todavía en un proceso incierto
y abierto. No obstante, buena parte de las organizaciones de la sociedad
civil en México están pasando por un proceso de reflexión y de toma de
conciencia de que tienen que cambiar.
Ahora hay organizaciones de la sociedad civil que están
surgiendo -y eso a mi me parece una señal muy alentadora- en este nuevo
contexto democrático. Son organizaciones que están dirigidas a la
profundización de la democracia y están dando pasos importantes. Por
ejemplo, hay una que se dedica al tema de la transparencia, del derecho a la
información, y ha logrado resultados verdaderamente extraordinarios. Ha
conseguido abrir procesos en el poder judicial o en la procuraduría general
de la República que eran absolutamente vedados al conocimiento público. Como
ves hay ejemplos, por lo que tengo la esperanza de que a pesar de que será
un proceso largo y difícil creo que se irá avanzando.
RF: ¿Cuál fue su experiencia más gratificante trabajando
para el gobierno?
MCA: Tuve muchas experiencias gratificantes, la verdad,
es difícil mencionar una. Quizás la más gratificante fue sentar al ejército
mexicano frente a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y discutir
los casos de violaciones de derechos humanos que se le atribuye y lograr que
el ejército cooperara y que entendiera que no era un atentado a la soberanía
nacional sino un ejercicio de justicia elemental y de civilidad democrática
el que tuviera que rendir cuentas a ese nivel por algunos casos. Ese para mí
fue el logro mayor, una de mis mayores satisfacciones. Pero lo que me hizo
realmente feliz fue cuando -casi al final de mi período- el procurador de
justicia militar me invitó a comer un día y me dijo "ya entendí lo que usted
quería hacer". Eso para mi habla de que si se pueden cambiar cosas que
parecen inmutables.
RF: ¿Piensa que la experiencia de haber trabajado para el
gobierno enriquece su nuevo trabajo?
MCA: Sí, ciertamente, mucho. Antes de trabajar para el
gobierno veía el mundo en blanco y negro, era como hablar de los buenos y
los malos. Esta experiencia me ha cambiado la visión del mundo. Ahora veo
muchos tonos de grises, creo que es un acercamiento a la realidad. Reafirmé
mis convicciones sobre la importancia del dialogo y la negociación, en
entender que el poder político del estado nunca es monolítico, que detrás de
todo siempre hay grandes o pequeños intereses, que realmente la política es
el arte de conciliar esos intereses en aras de un propósito determinado. En
fin, me siento más fructífera y madura de lo que era antes. Creo que la
decisión de colaborar con una transición democrática en México fue acertada
y era la posición que había que tener en ese momento frente a un gobierno
autoritario y corrupto. Las posiciones éticas son importantes frente a la
grisura de la democracia. Pero el discurso ético también tiene que ir
acompañado de la eficacia política.
El papel que debemos jugar los elementos de la sociedad
civil que entramos a la función pública en estos momentos en América Latina
es un papel de innovación y mediación, ya que no siempre nos podemos
sostener dentro de los gobiernos y no siempre tenemos el apoyo y la
cooperación de las organizaciones de la sociedad civil pero podemos jugar
una función útil. La lucha sigue y hay que encontrar nuevos caminos, y
ciertamente volver a la sociedad civil pero con una visión mucho más
compleja de la realidad y de dónde están los retos.
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