Una publicación de CDF     | Enlaces | Comentarios | Contacto | Búsqueda |

ISSN 1913-6196

Inicio Temas Autores Reseñas Libros Recursos digitales
Ediciones Documentos Multimedia Lectores opinan Entrevistas Nosotros
Año 2008 Vol. VI
Futuros 21
 Futuros 20
Año 2007 Vol. V
 Futuros 19
 Futuros 18
 Futuros 17
Año 2006 Vol . IV
 Futuros 16
 Futuros 15
 Futuros 14
 Futuros 13

Año 2005 Vol.  III

 Futuros 12
 Futuros 11
 Futuros 10
 Futuros 9
Año 2004 Vol. II
 Futuros 8
 Futuros 7
 Futuros 6
 Futuros 5
Año 2006 Vol.  I
 Futuros 4
 Futuros 3
 Futuros 2
 Futuros 1
 
Más leídos

1. ¿Qué entender por sostenibilidad?

2. ¿Qué son los conflictos?

3.Democracia real, democracia formal. ¿Existe la democracia?

4. Energías renovables: ventajas y desventajas de la energía eólica

5. ¿Cómo evitar el suicidio en adolescentes?

6. El emprendedor y las pequeñas empresas

7. Sociedad política y sociedad civil: ¿nuevos modelos de democracia?

8. ¿Qué impacto puede tener la ética?

9. Comunicación para la equidad de géneros: el poder de la palabra

10. Mediación dirigida por los individuos

 

 La difícil relación entre los movimientos sociales y los gobiernos progresistas

Democracia y derechos humanos

Por Raúl Zibechi   

Parte 2 /2

Argentina: Los piqueteros

Otros movimientos han adoptado criterios parcialmente diferentes. En Argentina, predomina la fragmentación del espacio piquetero. Son muy pocos los grupos que consiguen apartarse de la agenda oficial. Entre los grupos mayoritarios, la Federación de Tierra y Vivienda, dirigida por Luis D´Elía, optó por convertirse en el brazo piquetero del gobierno de Kirchner. Con ello se aseguran un permanente flujo de recursos, pero han dejado de ser un referente ético y político para el resto del movimiento. Por su parte, los grupos vinculados a los partidos políticos (comunistas, trotskistas, maoístas y guevaristas) buscan mantener la movilización en la calle como forma de sortear los problemas derivados de una nueva coyuntura marcada por la "generosa" actitud del gobierno hacia los más pobres. Sólo unos pocos grupos han conseguido zafarse de la dinámica de hierro entre la cooptación y la movilización desgastante y a menudo sin mucho sentido.

El MTD de Solano es quizá el grupo piquetero que ve esta nueva situación con mayor perspectiva. Neka Jara asegura que luego de la insurrección del 19 y 20 de diciembre de 2001, los cambios verdaderos ya no son visibles y esa falta de visibilidad suele desesperar a los militantes y dirigentes: "Pero no es eso lo más importante, sino lo que construimos detrás, que es más valioso que el espectáculo". En Solano sostienen que hay que saber esperar, que hace falta darle al tiempo la posibilidad de hacer su trabajo, que luchar "no sólo es ser visible". "Este es un fecundo silencio", concluyen.6 

Bolivia: La compleja relación con gobiernos y estados

En Bolivia, el poderoso movimiento social que derribó al gobierno neoliberal de Gonzalo Sánchez de Lozada se partió en dos cuando Carlos Mesa asumió el poder. Por un lado, aparecen la Central Obrera Boliviana (COB), los sin tierra y las juntas vecinales de El Alto--epicentro de la insurrección de octubre de 2003--que mantienen en pie las banderas de la nacionalización del gas. Pero su poder de convocatoria se ha debilitado ante un gobierno que hace concesiones y busca aislarlos. Por el otro lado, están los cocaleros dirigidos por Evo Morales y su Movimiento al Socialismo (MAS), que fueron durante unos meses base de apoyo del nuevo gobierno, trazándose como objetivo ganar las elecciones municipales de diciembre como punto de apoyo para llegar al gobierno en 2007.

La división entre ambos sectores sociales tuvo su punto alto durante el referéndum del 18 de julio, que debía zanjar el tema del gas y asumió la forma de enfrentamiento entre Felipe Quispe, que abandonó su banca como diputado para enfrentar al gobierno en la calle, y el propio Morales con su estrategia institucional. Sin embargo, esta división está facilitando la tarea continuista y entreguista de los recursos naturales de Mesa. El sector indígena aymara, liderado sin duda por Quispe, tiene como objetivo la construcción de la "nación aymara". En las provincias del norte de La Paz, "va emergiendo esa forma de sustituir todas las autoridades estatales con nuestras propias autoridades originarias", una forma de autogobierno incipiente que se encamina "a dictar nuestras propias leyes, a cambiar la Constitución política del Estado por nuestra Constitución, a cambiar el sistema capitalista por nuestro sistema comunitario, a cambiar la bandera tricolor por nuestra bandera de siete colores" (La Jornada, 2003).

En este punto, los aymaras van configurando una estrategia diferente a la de los zapatistas, que han optado por construir autonomías en el marco la nación mexicana, pero se diferencian también de la opción de la plurinacionalidad de los indios ecuatorianos. Los aymaras no hablan de Estado sino de nación; no pretenden ocupar o tomar el Estado boliviano sino sustituirlo por una nación autogobernada por las comunidades. Estamos ante un proyecto muy diferente, mucho más radical que los que defienden los indios chiapanecos y ecuatorianos, pero también mucho más difícil de implementar. Por esa razón, la relación de los aymaras con el Estado boliviano es muy conflictiva y sin aparente solución de no mediar una guerra civil social que, de hecho, ya han declarado.

Brasil: El Movimiento de los Sin Tierra

Un caso particular es el del MST de Brasil, el único país de América Latina donde existe "una burguesía local con alguna fuerza propia".7 Los sin tierra son un poderoso movimiento social--político que construye su accionar de forma autónoma y no depende de ningún partido político, aunque mantiene fluidas relaciones con el Estado que, a su vez, apoya con subvenciones diversos emprendimientos del movimiento. Actualmente optó por no enfrentar de forma frontal al gobierno de Lula, sino por acumular fuerzas. En abril desarrollaron una campaña nacional con unas 150 ocupaciones de haciendas, instalaron 200 mil familias--un millón de personas--en campamentos a las orillas de las carreteras para presionar por la tierra. Defienden una reforma agraria de nuevo tipo, que suponga además de la distribución de tierras la "democratización del capital", la creación de agroindustrias cooperativizadas y la democratización de la educación. Este año comenzaron un combate de largo aliento contra el agrobusiness que es un importante aliado del gobierno de Lula.

El MST sostiene que la victoria electoral de Lula cambió la correlación de fuerzas en el país, pero no consiguió una derrota estratégica del modelo neoliberal. Sostienen que hasta ahora no ha sido posible encarar reformas estructurales porque el movimiento social atraviesa un largo período de descenso. Por eso, la prioridad del MST es la organización y la movilización y ha sido uno de los principales animadores de la puesta en pie de un frente de todos los movimientos sociales de Brasil, la Coordinadora de Movimientos Sociales (CMS). Creen que deben resolver algunos desafíos "internos" de los movimientos: "Recuperar los métodos del trabajo de base, es decir, volcarse al trabajo de hormiga; ir adonde el pueblo vive, trabaja y estudia y debatir ideas y organizarlo".8 Sostienen que "jamás el MST se convertirá en un partido, eso lo acabaría; pero seguirá siendo cada vez más político en el sentido de disputar un proyecto de país y de hegemonía en la sociedad". Sobre el Estado, creen que las elecciones no son la única forma de influenciar el control estatal, pero tampoco piensan que el "asalto al poder" sea el "pase de magia" para conseguir la dirección del Estado. A diferencia de las tres experiencias indígenas mencionadas, creen que se trata de definir un proyecto para que los sectores populares "controlen el Estado y lo transformen de Estado burgués a Estado al servicio de las mayorías".9

Ciertamente, se trata de una concepción ortodoxa de cuño marxista. Pese a ello, el MST mantiene fuertes dosis de autonomía respecto del Estado y del partido de Lula y su gobierno. Quizá la clave de su autonomía radica en los asentamientos, que ya son unos 5.000 con más de dos millones de personas, donde producen sus alimentos básicos e imparten educación a sus hijos. En este sentido, los asentamientos sin tierra juegan un papel muy similar al de las comunidades indias.

Como puede verse a través de este recorrido, no existen ni modelos ni recetas. Cuanto más progresistas son los gobiernos, más posibilidades se les abren a los movimientos, a la vez que enfrentan dificultades nuevas para las que a menudo no están preparados. En Argentina, Bolivia y Ecuador, los nuevos gobiernos han dividido al movimiento social y cooptado a algunos sectores. En Brasil, los sin tierra parecen estar eludiendo ambos peligros. En todo caso, en ninguno de los países mencionados las nuevas dificultades han conseguido frenar la movilización y la construcción de nuevas realidades, que incluyen el fortalecimiento de los movimientos. Así las cosas, los problemas señalados pueden ser un nuevo punto de partida, pero también una alerta para movimientos de otros países que, tarde o temprano, deberán enfrentarse a dilemas para los que nadie tiene respuestas preparadas de antemano.

Recursos

Chuji Gualinga, Mónica 2004 "Asamblea Extraordinaria de la Confeniae", en www.alainet.org

Dávalos, Pablo 2004 "Movimiento indígena, democracia, Estado y plurinacionalidad en Ecuador", Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, vol. 10, No. 1, enero-abril.

_____________ 2001 "Movimiento indígena ecuatoriano. La constitución de un actor político", en Cuestiones de América No. 7, noviembre, www.cuestiones.ws

Guerrero, Fernando y Ospina, Pablo 2003 El poder de la comunidad. Ajuste estructural y movimiento indígena en los Andes ecuatorianos, Buenos Aires, Clacso.

La Jornada 2003 "Los indios de Bolivia estamos decididos a cambiar el sistema capitalista por nuestro sistema comunitario", entrevista de Jiménez, Arturo a Felipe Quispe, La Jornada, 18 de diciembre.

Lavaca 2004 "El ser o no ser de las asambleas", www.lavaca.org .

Quijano, Aníbal 2004 "El laberinto de América Latina. ¿Hay otras salidas?, en revista OSAL No. 13, enero-abril.

Stédile, Joao Pedro 2004 "El MST y las disputas por las alternativas en Brasil", OSAL No. 13, enero-abril.


Notas


Ir a:
 

Primera Parte
Segunda Parte

Inicio: La difícil relación...

Imprimir este artículo   Imprimir


Este website esta bajo la licencia de Creative Commons Licence
Cualquier material de esta revista puede reproducirse libremente de forma impresa o electrónica sin previa autorización, siempre que se cite como  fuente a la Revista Futuros y su uso no sea con fines comerciales. Agradeceríamos ser informados y que se nos hiciera llegar una copia o referencia del material reproducido.
Se exceptúan de la libre reproducción los materiales tomados de otras fuentes; para reproducir estos artículos debe pedirse autorización a la fuente original.

Las opiniones expresadas en los artículos son de los y las autores y no del American Friends Service Committee o de Citizen Digital Facilitation
Los invitamos a enviarnos sus colaboraciones, las cuales serán  publicadas de ser seleccionadas por la dirección de la revista.
Si tiene problemas o preguntas relacionadas con esta Web, póngase en contacto con
[webmaster@revistafuturos.info]
Última actualización: