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Parte 2 /2
Argentina: Los piqueteros
Otros
movimientos han adoptado criterios parcialmente diferentes. En Argentina,
predomina la fragmentación del espacio piquetero. Son muy pocos los grupos
que consiguen apartarse de la agenda oficial. Entre los grupos mayoritarios,
la Federación de Tierra y Vivienda, dirigida por Luis D´Elía, optó por
convertirse en el brazo piquetero del gobierno de Kirchner. Con ello se
aseguran un permanente flujo de recursos, pero han dejado de ser un
referente ético y político para el resto del movimiento. Por su parte, los
grupos vinculados a los partidos políticos (comunistas, trotskistas,
maoístas y guevaristas) buscan mantener la movilización en la calle como
forma de sortear los problemas derivados de una nueva coyuntura marcada por
la "generosa" actitud del gobierno hacia los más pobres. Sólo unos pocos
grupos han conseguido zafarse de la dinámica de hierro entre la cooptación y
la movilización desgastante y a menudo sin mucho sentido.
El MTD de Solano es quizá el grupo piquetero que ve esta
nueva situación con mayor perspectiva. Neka Jara asegura que luego de la
insurrección del 19 y 20 de diciembre de 2001, los cambios verdaderos ya no
son visibles y esa falta de visibilidad suele desesperar a los militantes y
dirigentes: "Pero no es eso lo más importante, sino lo que construimos
detrás, que es más valioso que el espectáculo". En Solano sostienen que hay
que saber esperar, que hace falta darle al tiempo la posibilidad de hacer su
trabajo, que luchar "no sólo es ser visible". "Este es un fecundo silencio",
concluyen.6
Bolivia: La compleja relación con gobiernos y estados
En Bolivia, el poderoso movimiento social que derribó al
gobierno neoliberal de Gonzalo Sánchez de Lozada se partió en dos cuando
Carlos Mesa asumió el poder. Por un lado, aparecen la Central Obrera
Boliviana (COB), los sin tierra y las juntas vecinales de El Alto--epicentro
de la insurrección de octubre de 2003--que mantienen en pie las banderas de
la nacionalización del gas. Pero su poder de convocatoria se ha debilitado
ante un gobierno que hace concesiones y busca aislarlos. Por el otro lado,
están los cocaleros dirigidos por Evo Morales y su Movimiento al Socialismo
(MAS), que fueron durante unos meses base de apoyo del nuevo gobierno,
trazándose como objetivo ganar las elecciones municipales de diciembre como
punto de apoyo para llegar al gobierno en 2007.
La división entre ambos sectores sociales tuvo su punto alto
durante el referéndum del 18 de julio, que debía zanjar el tema del gas y
asumió la forma de enfrentamiento entre Felipe Quispe, que abandonó su banca
como diputado para enfrentar al gobierno en la calle, y el propio Morales
con su estrategia institucional. Sin embargo, esta división está facilitando
la tarea continuista y entreguista de los recursos naturales de Mesa. El
sector indígena aymara, liderado sin duda por Quispe, tiene como objetivo la
construcción de la "nación aymara". En las provincias del norte de La Paz,
"va emergiendo esa forma de sustituir todas las autoridades estatales con
nuestras propias autoridades originarias", una forma de autogobierno
incipiente que se encamina "a dictar nuestras propias leyes, a cambiar la
Constitución política del Estado por nuestra Constitución, a cambiar el
sistema capitalista por nuestro sistema comunitario, a cambiar la bandera
tricolor por nuestra bandera de siete colores" (La Jornada, 2003).
En este punto, los aymaras van configurando una estrategia
diferente a la de los zapatistas, que han optado por construir autonomías en
el marco la nación mexicana, pero se diferencian también de la opción de la
plurinacionalidad de los indios ecuatorianos. Los aymaras no hablan de
Estado sino de nación; no pretenden ocupar o tomar el Estado boliviano sino
sustituirlo por una nación autogobernada por las comunidades. Estamos ante
un proyecto muy diferente, mucho más radical que los que defienden los
indios chiapanecos y ecuatorianos, pero también mucho más difícil de
implementar. Por esa razón, la relación de los aymaras con el Estado
boliviano es muy conflictiva y sin aparente solución de no mediar una guerra
civil social que, de hecho, ya han declarado.
Brasil: El Movimiento de los Sin Tierra
Un caso particular es el del MST de Brasil, el único país de
América Latina donde existe "una burguesía local con alguna fuerza propia".7
Los sin tierra son un poderoso movimiento social--político que construye su
accionar de forma autónoma y no depende de ningún partido político, aunque
mantiene fluidas relaciones con el Estado que, a su vez, apoya con
subvenciones diversos emprendimientos del movimiento. Actualmente optó por
no enfrentar de forma frontal al gobierno de Lula, sino por acumular
fuerzas. En abril desarrollaron una campaña nacional con unas 150
ocupaciones de haciendas, instalaron 200 mil familias--un millón de
personas--en campamentos a las orillas de las carreteras para presionar por
la tierra. Defienden una reforma agraria de nuevo tipo, que suponga además
de la distribución de tierras la "democratización del capital", la creación
de agroindustrias cooperativizadas y la democratización de la educación.
Este año comenzaron un combate de largo aliento contra el agrobusiness
que es un importante aliado del gobierno de Lula.
El MST sostiene que la victoria electoral de Lula cambió la
correlación de fuerzas en el país, pero no consiguió una derrota estratégica
del modelo neoliberal. Sostienen que hasta ahora no ha sido posible encarar
reformas estructurales porque el movimiento social atraviesa un largo
período de descenso. Por eso, la prioridad del MST es la organización y la
movilización y ha sido uno de los principales animadores de la puesta en pie
de un frente de todos los movimientos sociales de Brasil, la Coordinadora de
Movimientos Sociales (CMS). Creen que deben resolver algunos desafíos
"internos" de los movimientos: "Recuperar los métodos del trabajo de base,
es decir, volcarse al trabajo de hormiga; ir adonde el pueblo vive, trabaja
y estudia y debatir ideas y organizarlo".8
Sostienen que "jamás el MST se convertirá en un partido, eso lo acabaría;
pero seguirá siendo cada vez más político en el sentido de disputar un
proyecto de país y de hegemonía en la sociedad". Sobre el Estado, creen que
las elecciones no son la única forma de influenciar el control estatal, pero
tampoco piensan que el "asalto al poder" sea el "pase de magia" para
conseguir la dirección del Estado. A diferencia de las tres experiencias
indígenas mencionadas, creen que se trata de definir un proyecto para que
los sectores populares "controlen el Estado y lo transformen de Estado
burgués a Estado al servicio de las mayorías".9
Ciertamente, se trata de una concepción ortodoxa de cuño
marxista. Pese a ello, el MST mantiene fuertes dosis de autonomía respecto
del Estado y del partido de Lula y su gobierno. Quizá la clave de su
autonomía radica en los asentamientos, que ya son unos 5.000 con más de dos
millones de personas, donde producen sus alimentos básicos e imparten
educación a sus hijos. En este sentido, los asentamientos sin tierra juegan
un papel muy similar al de las comunidades indias.
Como puede verse a través de este recorrido, no existen ni
modelos ni recetas. Cuanto más progresistas son los gobiernos, más
posibilidades se les abren a los movimientos, a la vez que enfrentan
dificultades nuevas para las que a menudo no están preparados. En Argentina,
Bolivia y Ecuador, los nuevos gobiernos han dividido al movimiento social y
cooptado a algunos sectores. En Brasil, los sin tierra parecen estar
eludiendo ambos peligros. En todo caso, en ninguno de los países
mencionados las nuevas dificultades han conseguido frenar la movilización y
la construcción de nuevas realidades, que incluyen el fortalecimiento de los
movimientos. Así las cosas, los problemas señalados pueden ser un nuevo
punto de partida, pero también una alerta para movimientos de otros países
que, tarde o temprano, deberán enfrentarse a dilemas para los que nadie
tiene respuestas preparadas de antemano.
Recursos
Chuji Gualinga, Mónica 2004 "Asamblea Extraordinaria de la
Confeniae", en
www.alainet.org
Dávalos, Pablo 2004 "Movimiento indígena, democracia, Estado
y plurinacionalidad en Ecuador", Revista Venezolana de Economía y
Ciencias Sociales, vol. 10, No. 1, enero-abril.
_____________ 2001 "Movimiento indígena ecuatoriano. La
constitución de un actor político", en Cuestiones de América No. 7,
noviembre,
www.cuestiones.ws
Guerrero, Fernando y Ospina, Pablo 2003 El poder de la
comunidad. Ajuste estructural y movimiento indígena en los Andes
ecuatorianos, Buenos Aires, Clacso.
La Jornada 2003 "Los indios de Bolivia estamos decididos
a cambiar el sistema capitalista por nuestro sistema comunitario",
entrevista de Jiménez, Arturo a Felipe Quispe, La Jornada, 18 de
diciembre.
Lavaca 2004 "El ser o no ser de las asambleas",
www.lavaca.org .
Quijano, Aníbal 2004 "El laberinto de América Latina. ¿Hay
otras salidas?, en revista OSAL No. 13, enero-abril.
Stédile, Joao Pedro 2004 "El MST y las disputas por las
alternativas en Brasil", OSAL No. 13, enero-abril.
Notas
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