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Parte 2 /2
Complementariedad entre Partidos y Sociedad Civil
Como
vimos anteriormente, por diferentes circunstancias, los partidos políticos
son cuestionados en relación a su credibilidad, legitimidad y desempeño de
sus funciones, y el Estado ha visto redefinidas sus funciones y reducida su
dimensión y alcances, dando lugar todo ello a una mayor presencia y
participación de la sociedad civil en los asuntos de interés público o
estrictamente políticos.
Posicionada la sociedad civil como un nuevo actor, los
actores tradicionales la han visto con recelo en principio, y con rechazo
luego, en la medida de que ésta se presenta como una posible alternativa,
con vocación de sustitución o, cuando menos, de desprestigiarlos.
Sin embargo, hemos visto también que si buscamos una
diferenciación específica entre partidos políticos y sociedad civil, en base
a su relación y vocación respecto al poder ejercido desde el Estado, podemos
defender que pueden existir roles exclusivos y otros compartidos, y que en
vez de ser mutuamente excluyentes, la democracia se vería fortalecida si se
consideran y se asumen como complementarios.
Si a uno le corresponde gobernar y a la otra la aspiración
de que la gobiernan bien, parecería que, en principio, más que recelo u
oposición debiera existir mutua aceptación y complementariedad. ¿De qué
maneras puede colaborar la sociedad civil y las organizaciones que la
componen a la consolidación de la democracia, la gobernabilidad del sistema
político y complementar a los partidos políticos en sus funciones? Veamos
algunos ejemplos.
Antes quisiera abordar el espinoso tema de la representación
política. Un argumento regularmente utilizado para descalificar la
intervención y participación de la sociedad civil en los asuntos públicos y
políticos es que sus voceros o representantes carecen de la legitimidad que
confieren los votos de los ciudadanos en las urnas. Se afirma desde el
litoral político partidario que más que representar a determinados grupos
sociales, se representan a sí mismo por carecer del mandato político para
poder hacerlo con la debida legitimidad.
Pienso, sin embargo, que exigirle a la sociedad civil para
su participación el mismo tipo de legitimidad que tienen las autoridades
electas provenientes de los partidos, es asimilarla a los partidos cuando
por su naturaleza y propósitos son diferentes, y deben serio. En la
Antropología Social se utiliza el término de significatividad para destacar
la importancia y la representatividad relativa de un grupo humano, sin que
haya mediado una elección, pero sí una consideración generalizada sobre su
pertinencia y rol determinante en una situación social determinada. Algo
parecido pudiéramos aceptar en relación a la legitimidad de la sociedad
civil de reclamar su participación en los asuntos de interés público y
políticos, avalado, además, por el hecho de que en la democracia su
participación es necesaria y conveniente, sobre todo si quiere ser
participativa y representativa a la vez. Debemos convenir en que la
legitimidad basada en la representación otorgada en las urnas es particular
y propia de los partidos políticos, pues confiere el poder de tomar
decisiones, por esta delegación, en nombre y a nombre de los representados
que otorgaron tal poder. En el caso de la sociedad, de la legitimidad que
hablamos es de presionar, demandar, proponer e involucrarse en los asuntos
que les afectan o conciernen. No es para asumir y ejercer el poder, es sólo
para reclamar que quienes lo detenten hagan un uso adecuado de él conforme a
la constitución, las leyes, la democracia y las exigencias de la justicia y
la equidad. Para tener este derecho y este deber no hay que recibir un
mandato surgido de las urnas, sino el ejercicio pleno de la ciudadanía, a
través de los sujetos sociales a los que se pertenezca.
Volvemos a la complementariedad entre sociedad civil y
partidos políticos, en términos de la función de intermediación y
articulación de intereses que le corresponde a los partidos. La
complementariedad de la sociedad civil puede manifestarse en la formulación
de demandas de sectores que no utilizan a los partidos políticos para
canalizarías, o que se refieren a temas nuevos o emergentes, aún no asumidos
por los partidos. El sistema político necesita que estos sectores y estos
temas encuentran un canal adecuado para formular sus demandas.
Otra forma de complementariedad proporcionada por la
sociedad civil está en la alerta temprana que puede dar sobre temas
importantes que no estén siendo atendidos adecuadamente y que de no serio
pudieran derivarse consecuencias negativas en el futuro inmediato.
La complementariedad puede tomar también la forma de una
visión de mediano y largo plazo, que trascienda la visión de gobierno que
privilegia acometer los asuntos que produzcan una rentabilidad política en
el período de gobierno del partido en el poder. El sistema político necesita
por igual una visión de gobierno, y una visión de Estado.
La participación en la elaboración de las grandes decisiones
nacionales, sin querer desplazar a las autoridades u órganos a los que la
constitución y las leyes confieren esta potestad, es otra forma de
complementariedad. La sociedad civil puede aportar otras perspectivas y
otras alternativas de soluciones, al tiempo de que su participación en la
elaboración de las decisiones facilita su defensa e involucramiento en la
ejecución de las mismas.
La supervisión de las autoridades en el ejercicio de¡ poder
y en el desempeño de las funciones correspondientes puede ser una
contribución meritoria de la sociedad civil, a través de la "auditoría
social". Esta labor de fiscalización promueve la eficiencia, el respeto a la
legalidad y la transparencia, valores de gran transcendencia para la salud
de la democracia y del sistema político.
Una manera reciente, pero de gran potencialidad de
desarrollo, de cooperación de la sociedad civil con el gobierno es la
participación en la gestión de servicios públicos, con la debida supervisión
y rendición de cuentas. Esta forma de colaboración, aumentando la cobertura
y la eficiencia, ha sido particularmente beneficiosa en el área de la salud,
relacionada con la prevención y la atención primaria.
Todo lo anteriormente indicado evidencia que la
complementariedad entre los partidos políticos y la sociedad civil es
necesaria, conveniente y posible. Para que se produzca sólo se requiere que
ambos actores se asuman como tales, para beneficio de la gobernabilidad y la
consolidación de la democracia.
Sin embargo, para que esta complementariedad pueda
producirse, la sociedad civil tiene que superar algunas de sus limitaciones.
No sólo los partidos tienen limitaciones, la sociedad civil también las
tiene.
Por su propia naturaleza, constituida por sujetos sociales
conformados en torno a intereses diversos, la sociedad civil es muy
heterogénea. Además de heterogéneo está marcada por una proliferación de
organizaciones que amplía constantemente sus dimensiones, dando lugar a una
gran estratificación. Esta situación hace necesario y urgente una mayor
articulación a lo interno de la sociedad civil para que sea posible el
surgimiento de "interlocutores válidos" frente a los demás actores, partidos
políticos y gobierno.
Su dependencia financiera es otra de las limitaciones que
deben ser superada, sobre todo porque es un factor que puede influir en los
objetivos de las organizaciones. La mayoría de las organizaciones de la
sociedad civil tienen como fuente principal de sus ingresos los aportes
recibidos por el Estado, así como donaciones, sobre todo internacionales,
directas o a través de proyectos. En todo caso, la necesidad de contar con
esos recursos puede incidir significativamente en lo que pueda ser la línea
de acción de las organizaciones. La situación se puede tornar conflictiva
cuando sus recursos provienen de organismos internacionales o agencias de
gobiernos que tratan de apoyar en el país acciones no compartidas por el
gobierno nacional.
En su función de contribuir a la formulación de demandas al
sector político, respondiendo a los intereses de los sujetos sociales que la
componen, la sociedad civil a veces hace defensa de temas muy particulares,
perdiendo la integralidad de la problemática o presentando soluciones
simples a problemas muy complejos. En ambos casos, la pertinencia de sus
planteamientos es entonces limitada.
Pero quizás la dificultad mayor que tiene la sociedad civil
para que sea asumida como complementaria por los otros actores, es que
algunas de sus organizaciones, cuando no la propia sociedad civil en su
conjunto, se presentan como alternativas a los partidos políticos, o
desarrollan una permanente crítica a ellos y proclaman la desvalorización de
la política y de los políticos, dando lugar a que se tenga esa percepción de
querer sustituirlos. No debe olvidar que su vocación es que la gobiernen
bien, no gobernar. Para que la sociedad civil sea reconocida como un actor
complementario a los partidos políticos en el sistema y en la democracia,
ella misma debe primero asumirse como tal y actuar en consecuencia. Le
asiste el derecho a reclamar para sí espacios y roles determinados y también
el deber de reconocer que a los partidos políticos le corresponde lo mismo y
que las funciones de éstos son y serán esenciales en el sistema político por
lo cual se debe procurar, no su debilitamiento, sino su fortalecimiento.
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