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 Partidos políticos y sociedad civil: actores complementarios en la democracia

Democracia y derechos humanos

Por Rafael Toribio

Parte 2 /2

Complementariedad entre Partidos y Sociedad Civil

Como vimos anteriormente, por diferentes circunstancias, los partidos políticos son cuestionados en relación a su credibilidad, legitimidad y desempeño de sus funciones, y el Estado ha visto redefinidas sus funciones y reducida su dimensión y alcances, dando lugar todo ello a una mayor presencia y participación de la sociedad civil en los asuntos de interés público o estrictamente políticos.

Posicionada la sociedad civil como un nuevo actor, los actores tradicionales la han visto con recelo en principio, y con rechazo luego, en la medida de que ésta se presenta como una posible alternativa, con vocación de sustitución o, cuando menos, de desprestigiarlos.

Sin embargo, hemos visto también que si buscamos una diferenciación específica entre partidos políticos y sociedad civil, en base a su relación y vocación respecto al poder ejercido desde el Estado, podemos defender que pueden existir roles exclusivos y otros compartidos, y que en vez de ser mutuamente excluyentes, la democracia se vería fortalecida si se consideran y se asumen como complementarios.

Si a uno le corresponde gobernar y a la otra la aspiración de que la gobiernan bien, parecería que, en principio, más que recelo u oposición debiera existir mutua aceptación y complementariedad. ¿De qué maneras puede colaborar la sociedad civil y las organizaciones que la componen a la consolidación de la democracia, la gobernabilidad del sistema político y complementar a los partidos políticos en sus funciones? Veamos algunos ejemplos.

Antes quisiera abordar el espinoso tema de la representación política. Un argumento regularmente utilizado para descalificar la intervención y participación de la sociedad civil en los asuntos públicos y políticos es que sus voceros o representantes carecen de la legitimidad que confieren los votos de los ciudadanos en las urnas. Se afirma desde el litoral político partidario que más que representar a determinados grupos sociales, se representan a sí mismo por carecer del mandato político para poder hacerlo con la debida legitimidad.

Pienso, sin embargo, que exigirle a la sociedad civil para su participación el mismo tipo de legitimidad que tienen las autoridades electas provenientes de los partidos, es asimilarla a los partidos cuando por su naturaleza y propósitos son diferentes, y deben serio. En la Antropología Social se utiliza el término de significatividad para destacar la importancia y la representatividad relativa de un grupo humano, sin que haya mediado una elección, pero sí una consideración generalizada sobre su pertinencia y rol determinante en una situación social determinada. Algo parecido pudiéramos aceptar en relación a la legitimidad de la sociedad civil de reclamar su participación en los asuntos de interés público y políticos, avalado, además, por el hecho de que en la democracia su participación es necesaria y conveniente, sobre todo si quiere ser participativa y representativa a la vez. Debemos convenir en que la legitimidad basada en la representación otorgada en las urnas es particular y propia de los partidos políticos, pues confiere el poder de tomar decisiones, por esta delegación, en nombre y a nombre de los representados que otorgaron tal poder. En el caso de la sociedad, de la legitimidad que hablamos es de presionar, demandar, proponer e involucrarse en los asuntos que les afectan o conciernen. No es para asumir y ejercer el poder, es sólo para reclamar que quienes lo detenten hagan un uso adecuado de él conforme a la constitución, las leyes, la democracia y las exigencias de la justicia y la equidad. Para tener este derecho y este deber no hay que recibir un mandato surgido de las urnas, sino el ejercicio pleno de la ciudadanía, a través de los sujetos sociales a los que se pertenezca.

Volvemos a la complementariedad entre sociedad civil y partidos políticos, en términos de la función de intermediación y articulación de intereses que le corresponde a los partidos. La complementariedad de la sociedad civil puede manifestarse en la formulación de demandas de sectores que no utilizan a los partidos políticos para canalizarías, o que se refieren a temas nuevos o emergentes, aún no asumidos por los partidos. El sistema político necesita que estos sectores y estos temas encuentran un canal adecuado para formular sus demandas.

Otra forma de complementariedad proporcionada por la sociedad civil está en la alerta temprana que puede dar sobre temas importantes que no estén siendo atendidos adecuadamente y que de no serio pudieran derivarse consecuencias negativas en el futuro inmediato.

La complementariedad puede tomar también la forma de una visión de mediano y largo plazo, que trascienda la visión de gobierno que privilegia acometer los asuntos que produzcan una rentabilidad política en el período de gobierno del partido en el poder. El sistema político necesita por igual una visión de gobierno, y una visión de Estado.

La participación en la elaboración de las grandes decisiones nacionales, sin querer desplazar a las autoridades u órganos a los que la constitución y las leyes confieren esta potestad, es otra forma de complementariedad. La sociedad civil puede aportar otras perspectivas y otras alternativas de soluciones, al tiempo de que su participación en la elaboración de las decisiones facilita su defensa e involucramiento en la ejecución de las mismas.

La supervisión de las autoridades en el ejercicio de¡ poder y en el desempeño de las funciones correspondientes puede ser una contribución meritoria de la sociedad civil, a través de la "auditoría social". Esta labor de fiscalización promueve la eficiencia, el respeto a la legalidad y la transparencia, valores de gran transcendencia para la salud de la democracia y del sistema político.

Una manera reciente, pero de gran potencialidad de desarrollo, de cooperación de la sociedad civil con el gobierno es la participación en la gestión de servicios públicos, con la debida supervisión y rendición de cuentas. Esta forma de colaboración, aumentando la cobertura y la eficiencia, ha sido particularmente beneficiosa en el área de la salud, relacionada con la prevención y la atención primaria.

Todo lo anteriormente indicado evidencia que la complementariedad entre los partidos políticos y la sociedad civil es necesaria, conveniente y posible. Para que se produzca sólo se requiere que ambos actores se asuman como tales, para beneficio de la gobernabilidad y la consolidación de la democracia.

Sin embargo, para que esta complementariedad pueda producirse, la sociedad civil tiene que superar algunas de sus limitaciones. No sólo los partidos tienen limitaciones, la sociedad civil también las tiene.

Por su propia naturaleza, constituida por sujetos sociales conformados en torno a intereses diversos, la sociedad civil es muy heterogénea. Además de heterogéneo está marcada por una proliferación de organizaciones que amplía constantemente sus dimensiones, dando lugar a una gran estratificación. Esta situación hace necesario y urgente una mayor articulación a lo interno de la sociedad civil para que sea posible el surgimiento de "interlocutores válidos" frente a los demás actores, partidos políticos y gobierno.

Su dependencia financiera es otra de las limitaciones que deben ser superada, sobre todo porque es un factor que puede influir en los objetivos de las organizaciones. La mayoría de las organizaciones de la sociedad civil tienen como fuente principal de sus ingresos los aportes recibidos por el Estado, así como donaciones, sobre todo internacionales, directas o a través de proyectos. En todo caso, la necesidad de contar con esos recursos puede incidir significativamente en lo que pueda ser la línea de acción de las organizaciones. La situación se puede tornar conflictiva cuando sus recursos provienen de organismos internacionales o agencias de gobiernos que tratan de apoyar en el país acciones no compartidas por el gobierno nacional.

En su función de contribuir a la formulación de demandas al sector político, respondiendo a los intereses de los sujetos sociales que la componen, la sociedad civil a veces hace defensa de temas muy particulares, perdiendo la integralidad de la problemática o presentando soluciones simples a problemas muy complejos. En ambos casos, la pertinencia de sus planteamientos es entonces limitada.

Pero quizás la dificultad mayor que tiene la sociedad civil para que sea asumida como complementaria por los otros actores, es que algunas de sus organizaciones, cuando no la propia sociedad civil en su conjunto, se presentan como alternativas a los partidos políticos, o desarrollan una permanente crítica a ellos y proclaman la desvalorización de la política y de los políticos, dando lugar a que se tenga esa percepción de querer sustituirlos. No debe olvidar que su vocación es que la gobiernen bien, no gobernar. Para que la sociedad civil sea reconocida como un actor complementario a los partidos políticos en el sistema y en la democracia, ella misma debe primero asumirse como tal y actuar en consecuencia. Le asiste el derecho a reclamar para sí espacios y roles determinados y también el deber de reconocer que a los partidos políticos le corresponde lo mismo y que las funciones de éstos son y serán esenciales en el sistema político por lo cual se debe procurar, no su debilitamiento, sino su fortalecimiento.


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