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Parte 1 / 5
Introducción
Históricamente, las relaciones entre Haití y la República
Dominicana han estado marcadas por el conflicto y la confrontación, una
situación heredada de la dominación colonial, en la que los intereses
metropolitanos tuvieron la Isla como escenario. El hecho más importante que
ha contribuido a marcar de este modo las relaciones es que los haitianos
ocuparon el territorio de la República Dominicana durante veintidós
años; por lo que el país del Este no se independizó de una metrópolis
europea, sino de Haití.
En el siglo veinte, las relaciones domínico-haitianas
estuvieron marcadas por confrontaciones y por perturbaciones políticas que
distorsionaron los objetivos de paz y amistad entre los dos países vecinos.
A diferencia de otros países latinoamericanos, los reclamos
de límites fronterizos fueron resueltos desde el siglo diecinueve, con el
tratado de 1929. Ello contribuyó a que no se produjeran conflictos armados
entre los países. Sin embargo, los gobiernos dictatoriales o autoritarios
que hubo en la Isla, se empeñaron en manejar las relaciones, como si ambos
países estuviesen a punto de un conflicto.
Durante la dictadura de Rafael Trujillo (1930-1961), se
construyó en esta parte de la isla una ideología anti-haitiana a la luz de
la cual se produjeron muchos estereotipos y prejuicios, acompañados de los
supuestos propósitos expansionistas de los haitianos, llegando a
distorsionar el hecho de la incipiente inmigración haitiana como una
estrategia de re-ocupación del territorio dominicano.
Con tales premisas, se dio rienda suelta a un rechazo en
bloque de todo lo que procediera de aquel país, llegando a conformarse en la
estructura mental de los dominicanos un espacio que permitía una constante
manipulación por parte de la dictadura. Este rechazo se logró reproducir
posteriormente a ese período histórico y aunque los últimos gobiernos
dominicanos iniciaron un esfuerzo para superar esas percepciones y lograr un
acercamiento con sus vecinos, todavía se puede decir que la superación de
esa mentalidad es una de las tareas del siglo veintiuno.
En Haití, el dictador dominicano Trujillo llegó a tener
mucha influencia, sobre la base de corromper importantes personalidades,
incluyendo presidentes haitianos que obtenían beneficios de la importación
de braceros para la industria azucarera dominicana. Por su parte, los
intelectuales haitianos desarrollaron una actitud de distanciamiento hacia
el país vecino, siendo muy pocos los que reflexionaron o publicaron algo
sobre el tema.
Para hablar de las nuevas relaciones entre Haití y la
República Dominicana es necesario tomar nota de la ola de democratización
que se esparció por el mundo durante los años ochenta, del cambio político
que se produce en Haití luego del desplazamiento de la dictadura de la
familia Duvalier en 1986 y de la consolidación democrática en República
Dominicana con los gobiernos del Partido Revolucionario Dominicano (PRD)
desde 1978 hasta el 1986. Por primera vez en la historia no teníamos
dictadura en uno u otro lado la isla.
De ahí que surgiera un nuevo marco en las relaciones entre
ambos Estados que se ha caracterizado por una tensión entre los problemas de
orden migratorio y los crecientes intercambios comerciales que se suceden en
la frontera. Este último aspecto ha incidido en que los pobladores de la
zona fronteriza asuman la nueva visión de la frontera que ha asumida la
misma sociedad civil de uno y otro lado de la isla.
Las nuevas relaciones interestatales
La modificación de las relaciones interestatales se efectúa
esencialmente en el contexto de las relaciones internacionales. La
participación de ambos países en las negociaciones de integración y acuerdos
comerciales con el resto de los países del Caribe; así como su participación
dentro del Convenio de LOME IV (actual Acuerdo de Cotonou), sirvieron de
marco internacional para que ambos Estados trataran de cambiar el perfil de
sus relaciones, pasando a coordinar acciones para aprovechar conjuntamente
la cooperación internacional.
Desde entonces, de "vecinos indiferentes" que habían sido,
ambos Estados iniciaron una lenta marcha para encontrar un nuevo esquema que
orientara sus relaciones a tono con el nuevo orden internacional y en
función de los cambios políticos internos. Tras el ingreso de ambos países
al Acuerdo de LOME IV, en diciembre de 1989, se comprometieron a definir
proyectos conjuntos y a promover la cooperación en diversos escenarios
internacionales.
Un factor de retraso en ese orden se produjo con el golpe de
Estado (septiembre 1991) contra el presidente Jean-Bertrand Aritide. Si bien
el gobierno dominicano no apoyó formalmente a los golpistas, la tradición
autoritaria del presidente Balaguer y su distanciamiento con el presidente
Aristide, (debido principalmente al manejo de la cuestión migratoria de este
último; quien apela a los organismos internacionales para forzar a una
mejoría a la situación de los inmigrantes haitianos en el país vecino), los
militares haitianos encontraron en la parte Este de la Isla un fuerte apoyo,
sobre todo para resolver la logística de aprovisionamiento que les
dificultaba el embargo impuesto por las Naciones Unidas y la Organización de
Estados Americanos (OEA).
Hay que recordar que fue en ese período cuando el presidente
Balaguer lanzó la acusación de que Estados Unidos, Canadá y Francia, junto a
la comunidad internacional, tenían un plan para unificar el territorio de la
Isla, con la idea de que los dominicanos cargaran con el peso de la crisis
haitiana. Esto surgió debido a la solicitud de que la República Dominicana
ofreciera recibir refugiados haitianos en caso de una agudización del
conflicto político en Haití y por as presiones que recibía el gobierno de
Balaguer para que suspendiera el apoyo de facto a los golpistas; lo cual se
hizo muy evidente con la reparación de la carretera desde la frontera hasta
Puerto Príncipe.
Es importante prestar atención a esa acusación lanzada
contra la comunidad internacional, debido a que desde entonces, ciertos
sectores muy conservadores de la República Dominicana le han dado entero
crédito y es empleada para justificar el rechazo de cualquier política que
acerque a los dos países que ocupan la Isla. Esa idea se unió a los
prejuicios que se habían construido desde inicios del siglo veinte.
A pesar de la situación política que se creó mientras duró
el gobierno militar en Haití (1991-1994) y la postura aparentemente
contradictoria del gobierno de Balaguer, las actividades conjuntas de
negociación en los escenarios internacionales, sobre todo con LOME IV, no
cesaron, lo mismo que algunos acercamientos entre instituciones de la Isla.
En ese período fueron más frecuentes las acciones de la sociedad civil como
actor independiente y no comprometido con la política de los gobiernos,
sobresaliendo entre ellas la actividad comercial.
Los hitos principales en el cambio de las relaciones
gubernamentales son los siguientes:
- En 1993, mientras el depuesto presidente Jean-Bertrand Aristide se
encontraba en los Estados Unidos, su Primer Ministro, Robert Malval,
visitó al presidente Joaquín Balaguer, e inició un período de búsqueda de
acercamiento y acuerdos para la cooperación entre los dos países.
- En marzo de 1996, el presidente René Preval visitó el país y
estableció importantes acuerdos con el presidente Balaguer, entre los
cuales está la creación de la Comisión Mixta Bilateral Domínico-Haitiana.
- En agosto de 1996, el Primer Ministro Rosny Smart, asistió a la toma
de posesión del presidente Leonel Fernández, y quedaron establecidos los
vínculos con el nuevo gobierno dominicano y, sobre todo, el acuerdo de
continuar profundizando las relaciones.
- En 1998, el presidente Fernández se convirtió en el primer presidente
dominicano, que desde mediados del pasado siglo, hacía una visita de
Estado a su homólogo haitiano, René Preval.
Los logros de las acciones arriba enumeradas, dieron inicio
a la creación de un clima de confianza entre los Estados, que si bien no
avanza muy rápido, pueden considerarse halagüeñas, si se compara con la
situación de hasta mediados de los años noventa, que eran tensas y muy
proclives a la confrontación.
Los acuerdos intergubernamentales contribuyeron a la
puesta en contacto de los técnicos y altos funcionarios, abriendo vías de
comunicación para el conocimiento mutuo y la formulación de propuestas de
solución a los problemas comunes.
Por primera vez se sentaron a discutir una agenda de
temas comunes en la Comisión Mixta Bilateral. Se puede criticar el
funcionamiento de esa Comisión, pero es innegable que en la misma se
colocaron por primera vez los temas migratorio y comercial, permitiendo
llegar a acuerdos con respecto a las repatriaciones de los indocumentados y
ciertas normas para el manejo del comercio fronterizo.
Esto dio origen a la realización de actividades
culturales, como exposiciones de pintura, conciertos musicales, exposiciones
de productos, acuerdos entre bancos, comerciales, cursos de postgrado en las
universidades dominicanas, auspicia por CARIFORUM, dos por campañas
conjuntas de vacunación en la frontera, acuerdos de policía para combatir el
robo de vehículos, facilidades para regularizar el transporte colectivo por
vía terrestre, mayores facilidades para los mercados fronterizos.
Esto ha repercutido en el sector privado con acuerdos
entre la Asociación de Industrias de la República de Haití y la Asociación
de Zonas Francas de la República Dominicana; la Cámara de Comercio e
Industria de la República de Haití y la Cámara de Comercio y Producción de
Santo Domingo, sin dejar de lado el acuerdo entre el Instituto de desarrollo
y Crédito Cooperativo de la República Dominicana y el Consejo Nacional de
Cooperativas de Haití.
La manifiesta voluntad de los mandatarios de la Isla, creó
un nuevo marco para las relaciones interestatales, y dio apertura a la
organización de planes de trabajo conjuntos, ya no solamente en el contexto
de los organismos internacionales o espacios de integración, sino a lo
interno del territorio insular.
Los cuatro años del mandato del presidente Fernández,
siguieron la pauta de la declaración firmada entre Balaguer y Preval y de
una segunda firmada entre los cancilleres Carlos Morales Troncoso y
Claudette Werleigh, ambas orientadas a la creación de un clima de
acercamiento y de institucionalización de las relaciones en los temas de
medio ambiente, desarrollo sostenible de la zona fronteriza; proyectos de
desarrollo local y seguridad.
Bajo el gobierno de Fernández se le dio nueva apertura a la
Comisión Mixta Bilateral, que además de entrar en funcionamiento regular,
amplió la agenda con los temas siguientes: medio ambiente; comercio e
inversión; migración; turismo; agricultura, cultura, educación, salud,
juventud, deportes y proyectos de desarrollo con orientación binacional en
el contexto de Lomé IV.
Además de los trabajos de la Comisión Mixta, en el mes de
enero del 2000, se realizó la "Primera Reunión Ministerial de Cooperación
Binacional Dominico-Haitiana"; dirigida por los siguientes organismos
gubernamentales: Secretariado Técnico de la Presidencia de la República
Dominicana y el Ministerio de Planificación Externa de Haití, junto a los
dos Ordenadores Nacionales de Lomé.
Ambas delegaciones contaron con un amplio equipo técnico
sectorial, que trabajó una extensa agenda donde se trataron temas
relacionados con la agricultura; medio ambiente y recursos naturales; con
una infraestructura dentro del tema desarrollo social: salud, educación,
cultura, deportes y agua potable. Las propuestas levantadas en esa reunión
prestaron mayor atención a la zona fronteriza, para la cual se identificaron
proyectos cuya cuantificación alcanzó la suma de doscientos millones de
dólares americanos.
A esto se une un programa de encuentros y firma de acuerdos
entre los gobiernos. Al observar las actividades que aparecen en el Anexo II,
se puede afirmar que durante los cuatro años del gobierno Fernández (1996
–2000), hubo un gran activismo entre los gobiernos de la isla, y se
contribuyó mucho a la creación de un clima de confianza entre los Estados,
en la medida en que se establecieron canales de comunicación y de puesta en
contacto.
El gobierno del presidente Hipólito Mejía, en sus primeros
tres años (2000 – 2003) ha incrementado las relaciones con Haití, levantando
la consigna de que entre los dos países existe un "matrimonio sin divorcio".
Variando el estilo del gobierno anterior que se concentró en los aspectos
formales de la institucionalidad de las relaciones insulares, el nuevo
presidente ha puesto más énfasis en la necesidad de que la Comunidad
Internacional entienda que la República Dominicana está decidida a modificar
las relaciones con Haití por una línea de cooperación basada en promover las
inversiones en el vecino país. En ese tenor, su política va encaminada a
establecer que lo primero es cambiar la realidad económica haitiana, por ser
esta la causa de las presiones sociales recibidas desde la parte occidental
hacia la parte oriental de la isla.
La estrategia del presidente Mejía evidencia el deseo de
convencer a la comunidad internacional de que el bloqueo de la ayuda al
gobierno haitiano es un factor que refuerza la crisis, que la medida
contribuye a profundizar el estado de pobreza de la población haitiana, y
que al mismo tiempo aumenta la presión migratoria sobre la República
Dominicana. La propuesta de Mejía le convierte al mismo tiempo, en un aliado
de Haití, al tiempo que sirve de puente a la comunidad internacional para
canalizar su política de cooperación hacia Haití.
El presidente Mejía se ha empeñado en promover dentro de la
comunidad internacional la necesidad de que se apoye el desarrollo de Haití
mediante la inversión en el desarrollo y muy específicamente, en un plan
para la conversión de la deuda externa de ambos países en una inversión
directa que apoye un programa binacional, definido en función de los
intereses de ambos países. Específicamente se creó, mediante decreto de los dos
presidentes, la "Comisión pro Fondo del Desarrollo Fronterizo República
Dominicana – Haití".
En el plano interno, se ha logrado que en la frontera norte
de la Isla y en el territorio haitiano se inicie la construcción de un
parque para instalar industrias de zona franca, promovidas por
inversionistas dominicanos, con la finalidad de contribuir a la creación de
empleos en el lado haitiano.
También, se han acelerado las acciones encaminadas a la
construcción del mercado fronterizo con fondos de la Unión Europea, en la
ciudad de Dajabón, donde se realiza la mayor actividad comercial
transfronteriza.
Por otra parte, el primer decreto de Mejía al asumir la
presidencia (agosto del 2000) fue el nombramiento de un director de la
Dirección General de Desarrollo Fronterizo, organismo creado, a partir de
ese nombramiento, para sistematizar los planes de desarrollo de esa zona.
Dicho organismo ha avanzado en la definición de una política de acciones
sociales, que si bien son muy puntuales, han contribuido a mejorar las
condiciones de vida de sus moradores.
A continuación, veremos las implicaciones que tienen los
aspectos relacionados con la migración y el comercio en las relaciones
domínico-haitianas de hoy.
Las propuestas de desarrollo que se formularon bajo el
gobierno del presidente Fernández, se hicieron en el marco de la REUNIÓN
TÉCNICA PREPARATORIA PARA LA REUNIÓN MINISTERIAL DE COOPERACIÓN BINACIONAL
DOMINICO-HAITIANA (enero del año 2000) pero la mayoría quedó en el papel,
pues por diversas razones, como la lentitud para el procesamiento de las
ayudas por parte de los organismos de cooperación, las dificultades
administrativas en ambos gobiernos y la inestabilidad política en Haití,
todos son factores que contribuyen a limitar la materialización de los
programas planteados.
En lo que respecta a este gobierno, si bien a la Dirección
General de Desarrollo Fronterizo le hace falta una visión integral sobre el
desarrollo de la zona, sus acciones se han concentrado en la atención de
pequeñas obras requeridas por las poblaciones atendidas, como caminos
vecinales, acueductos, viveros frutales para reforestación; apoyo a la
ganadería con fortalecimiento de las áreas cultivadas de pasto; cultivo de
peces en estanques; reparación de escuelas, iglesias, reparación de
viviendas, etc.
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