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 Aspectos y variables de las relaciones entre República Dominicana y Haití

Prevención y resolución de conflictos

Por Rubén Arturo Silié Valdez   

Parte 3 / 5

El comercio insular

Pintor haitiano Prefete DuffautLas economías metropolitanas del período colonial se desarrollaron en forma complementaria: Al oeste de la isla, los franceses importaban manufacturas y desarrollaron la plantación azucarera que demandaba ganado y, al este, los españoles tenían una economía ganadera que servía de intercambio con sus vecinos. Desde entonces, la frontera de la isla existe como un espacio para el intercambio comercial, en general reglamentado por las autoridades, pero fuertemente erosionado por la vía informal del contrabando.

En el siglo veinte, las relaciones comerciales se caracterizan por la presencia "ferias fronterizas" donde se intercambias productos en toda la frontera. Los pobladores de ambos lados intercambian productos locales, alimentos, animales y bebidas artesanales. A partir de los años ochenta, se integran a las ofertas de la parte haitiana, productos manufacturados, importados principalmente, alimentos donados, bebidas, perfumes y electrodomésticos. A partir del año 1991, en que se produce el embargo en contra de los militares golpistas, se da una intensa actividad comercial.

Mientras duró el embargo, la República Dominicana se convirtió en la vía de acceso más importante para las importaciones haitianas. De hecho, muchos empresarios importaban desde los Estados Unidos, Canadá y Europa, vía Haití, y tal fue la intensidad del comercio que se reconstruyó la carretera de la zona Sur que va desde Jimaní (RD) hasta Puerto Príncipe (Haití).

En general, se trataba de importaciones formales en su primera fase, que tendían a informalizarse en su tránsito hacia Haití; lo que de acuerdo con el embargo era incorrecto. Pero esto trajo consigo una intensificación del comercio en las localidades tradicionales de la frontera, ubicado en los cinco puntos más reconocidos de Sur a Norte, sobresaliendo los mercados de Elías Piña en el punto medio de la línea fronteriza y el de Dajabón ubicado al Norte. Las estimaciones de ese comercio sobrepasan los 25 millones de dólares mensuales.

La racionalidad del intercambio comercial está basada en el diferencial de costos y precios que se produce entre ambos países respecto a los productos de exportación (el arancel a la importación es menor en Haití que en República Dominicana), a lo que se puede agregar la cercanía, las facilidades de transporte y las monedas de ambos países.

El comercio insular es desigual en la medida en que la República Dominicana canaliza hacia Haití excedentes de su producción nacional. Los haitianos compiten en menor medida con productos propios y mucho más con productos importados que por tener un bajo arancel en dicho país son capaces de competir con el mercado dominicano de importación, donde los impuestos son mayores.

En lo que respecta al mercado transfronterizo, es importante señalar que desde finales de los años noventa se incorporó como producto de intercambio, la ropa usada que originalmente procedía de centros asistenciales de los Estados Unidos y que progresivamente se convirtió en un fuerte negocio de importadores informales que traen la ropa desde los Estados Unidos a Puerto Príncipe, donde no se les cobra ningún impuesto y al pasarla por las aduanas fronterizas la misma precariedad institucional contribuye a que el pago que se hace sea mínimo. Ese producto ha internacionalizado el comercio transfronterizo por su vínculos directos con el mercado norteamericano. Pero, además, ha dado origen a un sindicato de vendedores e importadores, integrado principalmente por mujeres.

Si bien esta actividad comercial se realiza en las ciudades de esa zona, la mayor parte de los productos comercializados procede de otras zonas del país convirtiéndose la frontera en el punto de encuentro entre compradores y vendedores, pero no en la fuente de abastecimiento; por lo que la mayor parte de los beneficios se dispersan en el resto de los dos países y no son empleados para el desarrollo de la frontera.

El comercio de ropa usada o donada así como de todo tipo de intercambio comercial se realiza en un contexto de desorden institucional, con servicios aduaneros muy precarios, tanto por sus instalaciones como por los procedimientos. No hay seguridad para el depósito de las mercancías y hay mucha discrecionalidad en el cobro de los impuestos. Por su lado, las autoridades de inmigración apenas pueden garantizar un eficiente sistema de control en el paso de personas y mercancías, lo que da motivos para que se cometan arbitrariedades. A esto hay que agregar la presencia militar en la zona fronteriza. Para los militares no existen más que sus propias normas, toda vez que se consideran los verdaderos responsables de la zona. Ello incide en un manejo no transparente del intercambio comercial, donde se desarrollan formas abiertas de corrupción.

Para ambos países, el otro constituye el segundo socio comercial, superado sólo por los Estados Unidos que es mutuamente el socio más importante. Sin embargo, de nuevo las percepciones negativas y los obstáculos para avanzar en la institucionalidad de las relaciones han dificultado la realización de un acuerdo comercial que establezca reglas claras y mutuamente aceptadas por ambos países.

Los gobiernos de las dos naciones están obligados a prestar atención al desarrollo de esas actividades pues ellas están contribuyendo a la creación de una importante economía transfronteriza que moviliza grandes capitales y miles de personas que encuentran allí su sustento diario. De hecho, la cotidianidad comercial y las nuevas formas de sociabilidad de las personas que allí se encuentran contribuyen a la construcción de una nueva cultura de las relaciones.

Una de las cosas urgentes a regularizar y ordenar es el transporte, que incluye todo tipo de vehículos, desde el avión, los autobuses de grandes compañías y los pequeños autobuses. De igual modo, los motoristas que hacen el servicio de cruzar los controles de la frontera transportando personas y paquetes de un lado a otro así como los grandes camiones que transportan mercancías, incluyendo furgones.

Otra área importante de negocios en República Dominicana son las empresas constructoras de obras públicas (carreteras, caminos vecinales, puentes, etc). También, es importante destacar el turismo dominicano que recibe cientos de familias haitianas que vienen a pasar vacaciones en los hoteles de playa, sobre todo en Barahona.

Algunos empresarios haitianos que tienen inversiones directas en RD. Sobresalen empresas agro industriales, plantaciones de flores; fábricas de jugos, envasadoras de agua, bienes raíces, etc.

Merece una mención el sector financiero que ha logrado una buena conexión entre bancos de ambos países.

Este importante sector de la sociedad civil ha organizado encuentros y seminarios para profundizar en el conocimiento mutuo; así como ferias comerciales para la exhibición de productos y discutir oportunidades de negocios entre sí. En dichas actividades han tenido un papel relevante las respectivas cámaras de comercio de ambos países.


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