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 Aspectos y variables de las relaciones entre República Dominicana y Haití

Prevención y resolución de conflictos

Por Rubén Arturo Silié Valdez   

Parte 4 / 5

La nueva visión de la frontera

Pintor dominicano Dionisio BlancoEste es otro de los temas fundamentales en la agenda de las relaciones insulares. Aparte de la importancia que le asigna la condición de límite político entre las dos naciones, la zona fronteriza también fue parte del proceso de ideologización en la época de la dictadura de Rafael Trujillo. Durante ese período, esta zona fue promovida como algo lejano y ajeno al resto del territorio. Se impuso la visión de que esta era una zona de conflictos, donde supuestamente estábamos a punto de una confrontación militar con los haitianos, por aquello de sus pretensiones anexionistas. Incluso la dictadura enviaba allí a los enemigos políticos y a los militares que se deseaba castigar. Tal situación permite afirmar que dicha zona estuvo secuestrada por el dictador, basada en el control de los militares, pues allí sólo se movía lo que contara con el apoyo de los cuerpos castrenses. De hecho la convirtieron en una zona de estricta seguridad nacional.

La visión puramente militar de la frontera trajo como consecuencia que con el tiempo se produjera un proceso de despoblamiento, dada la fuerte emigración de sus habitantes a otras zonas del país. En aquel territorio, los signos de modernidad que se desarrollaron fueron obras de infraestructura que contribuían a reproducir los símbolos del poder de la dictadura: la fortaleza militar; el puesto de policía; el local del Partido Dominicano (el único partido político que existía). Además había una iglesia y una escuela junto a algunas casas de concreto que eran habitadas generalmente por los militares de puesto o por los funcionarios civiles del régimen dictatorial.

Con el auge del comercio fronterizo y de una mayor presencia civil en los movimientos de esas localidades, se inició un proceso de re-descubrimiento y acercamiento a la frontera que demandaba una nueva visión para la gestión de esa zona. Esto plantea una agenda de cambios para transitar de la situación de abandono a una multiplicidad de actividades y el incremento de la circulación de personas.

El manejo de las nuevas actividades se ha encontrado con la tradición militarista allí arraigada por casi un siglo, acostumbrados los oficiales a colocarse por encima de las autoridades civiles y municipales. Entre otras cosas, esto se puso en evidencia porque, históricamente, son los sectores poderosos de la zona los que se pronuncian con mayor fuerza a favor de controles cada vez más rigurosos, pues a mayores dificultades más se encarece el permiso de paso.

La antigua visión de manejar la frontera como un enclave de poder exclusivo de la

jerarquía militar entró en contradicción con los intereses de los nuevos actores sociales que llegaron a la zona y que trajeron una nueva dinámica económica y social. Indudablemente que ello está exigiendo un replanteo de la concepción de presentar la frontera como una zona exclusiva para la seguridad nacional y hacerla compatible con la nueva dinámica que demanda una nueva administración civil.

Es importante señalar que los líderes de la zona fronteriza están conscientes de que ese territorio sirve de escenario a acciones delictivas como el narcotráfico, el contrabando, el tráfico de personas y otros delitos conexos, pero reclaman que se les tome en consideración ya que ellos no son los responsables de esas acciones y que las mismas no se originan en su territorio. En este sentido es muy interesante la respuesta de un profesional de la zona al ser entrevistado: "los problemas entre Puerto Príncipe y Santo Domingo, no son los nuestros".

La pasada administración del presidente Fernández (1996-2000), esbozó un programa común de inversiones junto al gobierno haitiano y con el apoyo de la Comunidad Europea, dentro del marco de la cooperación del Acuerdo de LOME IV. Este programa definió siete áreas de intervención en la frontera: agricultura; medio ambiente; transporte, comunicación y energía; agua potable; salud y saneamiento; educación y deporte; fondos de inversión, todos los cuales suman alrededor de doscientos millones de euros.

El actual gobierno (2000-2004) también ha dado muestras de estar interesado en transformar la frontera como lo evidencian las siguientes iniciativas:

  1. un programa intenso de acciones en apoyo al desarrollo local, impulsadas desde la Dirección General de Desarrollo Fronterizo;
  2. modernización de las brigadas militares destacadas en la frontera para diferenciar los métodos de control;
  3. promoción de la inversión privada dominicana en zonas francas del lado haitiano;
  4. estímulo a la inversión extranjera para iniciar un puerto en la ciudad de Montecristi y de un gran proyecto turístico en Pedernales;
  5. construcción de un mercado en Pedernales con apoyo de la Comunidad Europea e inicio de otro en Dajabón;
  6. acercamiento a una visión binacional del desarrollo fronterizo;
  7. trabajo conjunto de las cancillerías de los dos gobiernos para verificar y mejorar la situación de los bornes fronterizos;
  8. reunión de los síndicos (alcaldes) de todos los municipios fronterizos de ambos lados de la frontera para discutir problemas comunes.

Esto nos conduce a tratar el rol de la sociedad civil en las relaciones entre la República Dominicana y Haití.

La sociedad civil

Las relaciones a este nivel son en cierta medida paradójicas, pues tanto pueden ser negativas como positivas. Después de la consolidación republicana, los haitianos se manifestaron solidarios con sus vecinos en las luchas contra las potencias extranjeras, como fue el caso del apoyo a la Restauración de la Independencia, después que España anexó la República a su territorio en 1863, lo mismo que el apoyo ofrecido mutuamente por los movimientos independentistas que surgieron en ambos países cuando los Estados Unidos ocuparon los dos territorios, a principios del siglo veinte.

Durante la segunda ocupación militar norteamericana a la República Dominicana en 1965, se creó un comando haitiano de apoyo a los dominicanos, donde murieron algunos de ellos en los combates contra los ocupantes. Por otra parte, los haitianos recibieron una fuerte solidaridad de los dominicanos en su lucha contra la dictadura de los Duvalier.

Hasta finales de los años ochenta, eran muy pocos los dominicanos y haitianos que conocían el país vecino y mucho menos que viajaran con frecuencia. Esto era reforzado por los gobiernos dictatoriales, pero terminadas las dictaduras se desató un gran interés por vencer la curiosidad, lo que dio paso a una corriente intensa de relaciones y de puesta en contacto a ambos lados de la Isla.

Las organizaciones no gubernamentales, los grupos académicos y los comerciantes tuvieron la primacía en esa corriente de acercamiento. Las acciones de las ONG se han concentrado en programas de apoyo en las áreas de salud, de educación, de religión y de desarrollo local dirigido a los sectores más vulnerables, incluyendo a los inmigrantes. Los académicos han propiciado encuentros, e investigaciones encaminadas a un mejor conocimiento y a producir ideas que superen las percepciones negativas que se imponen desde tantos años en ambos pueblos. Empresarios de todo tipo han organizado múltiples iniciativas para identificar áreas comunes de inversión, de identificación de negocios y compartir informaciones de interés para sus empresas, creando asociaciones y promoción de inversiones.

En esto es importante destacar el papel de las organizaciones internacionales que se han insertado por sí mismas en apoyo a los trabajos de las organizaciones locales, contribuyendo financieramente al desarrollo de sus iniciativas y dando un enfoque multilateral e internacional a los planes de las organizaciones locales.

Se podría afirmar que la sociedad civil al igual que en otras partes del mundo ha avanzado con más rapidez que el sector estatal, dado que en los primeros la motivación es el interés privado lo que guía sus acciones, mientras que en los segundos, las sensibilidades políticas se colocan por delante e interfieren en la posibilidad de manejar en forma expedita y sin dificultades las negociaciones. En gran medida, los gobiernos han ido a la saga de la sociedad civil y de sus organizaciones por lo que es importante reconocer en cuanto vale el papel que han jugado dichas entidades en beneficio del acercamiento entre Haití y la República Dominicana.


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