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Parte 2 /6
Introducción
La responsabilidad social de las empresas
Los códigos de conducta
Los verdaderos retos
Posición de la CMT
Acrónimos y abreviaturas
La responsabilidad social de las empresas
La Empresa |
La empresa debe ser una asociación de personas que
colaboran entre si con objeto de producir con su trabajo bienes y
servicios. Siendo la célula básica de la estructura económica, debe la
empresa someterse dentro de sus actividades al objeto esencial de la
economía, que es el de satisfacer las necesidades reales de todos
mediante la mejor utilización de sus medios dentro de unos planes que
han sido elaborados democráticamente.
Siendo una asociación de personas, y sin dejar de
esforzarse por alcanzar la mayor eficacia posible, la empresa debe
permitir la participación real y activa de todos sus miembros en las
responsabilidades de la organización de la empresa y del conjunto de
sus actividades. Esta participación debe hacer posible el que los
trabajadores tengan acceso al control del funcionamiento de la empresa
por virtud de su fuerza sindical dentro de ella. En efecto, la CMT no
consiente que la propiedad, la gestión y el beneficio de la empresa
sean acaparados por los que aportan el capital o por sus
representantes.
(Artículo 6, Declaración de principios de la CMT) |
Un mito tan antiguo como el capitalismo
La importancia que han tomado las empresas transnacionales
es el resultado de un viejo proceso que se ha acelerado y transformado en
estos últimos años.
Durante el siglo XIX, los trabajadores eran objeto de
explotaciones sistemáticas (bajos salarios, condiciones inhumanas de
trabajo, disciplina militar en las empresas, desempleo frecuente y trabajo
infantil). Eran menospreciados y considerados como objetos, e incluso se
decía lo siguiente: "clases trabajadoras, clases peligrosas". De allí que
hasta 1920, los empleadores, preocupados por borrar o atenuar la explotación
y la miseria social, multiplicaran las "buenas obras" (escuelas privadas,
iglesias, instituciones benéficas, asociaciones deportivas).
En este sentido, cabe destacar la eliminación del trabajo
infantil en Europa entre 1850 y 1920. Los empleadores y las cámaras de
comercio de Francia, Bélgica y Gran Bretaña siempre se opusieron a todo tipo
de reglamentación (duración del trabajo, inspecciones periódicas,
escolaridad), lo que, según ellos, habría representado distorsiones de
competencia. Por el contrario, acusaban a los padres de esta situación y
organizaban ellos mismos, en los talleres, cursos y actividades recreativas
para los niños trabajadores, así como talleres artesanales para las madres
de esos niños. Las actividades eran animadas generalmente por las mujeres de
los patronos. El paternalismo es el elemento que hace que surjan todas estas
acciones, que por cierto siempre han sido evaluadas en términos de costos y
beneficios para las empresas.
Estos buenos principios no duraron mucho tiempo, ya que
surgieron circunstancias desfavorables, como lo muestra la historia social
europea. Además, los buenos principios siempre han sido utilizados para
esconder las realidades. Mientras más se gerencie a corto plazo, más se
hablará de desarrollo sostenible; mientras haya más desempleo, más se
hablará de la gestión preventiva del empleo. Como lo afirma el sociólogo
Michel Vilette, "decimos lo que quisieran oír aquellos que sufren una
realidad inversa1".
A pesar de algunos mecanismos de contención, las
transnacionales adquieren más poder
En virtud de la ley de aumento del rendimiento, la
concentración forma parte de las reglas el juego de la economía capitalista.
Desde finales del siglo XIX, los hechos comenzaron a
demostrar que ya no existía la situación de competencia perfecta, según la
cual ningún actor era capaz de ejercer por sí solo una influencia decisiva
en un mercado. Las leyes antimonopolio debían frenar el poder excesivo de
algunos grandes grupos. Todavía existen, pero en la mayoría de los casos no
son eficaces. Desde entonces, la concentración no ha dejado de aumentar, y
los más grandes absorben generalmente a los más pequeños, sin importar las
fronteras.
Actualmente, la globalización se caracteriza por la pérdida
de poder de las autoridades nacionales e internacionales. Sus tres elementos
clave son la liberalización, la privatización y la desregulación. Es el
paraíso de las empresas transnacionales que actúan como mejor les parece,
sin darle necesariamente mayor importancia al aspecto social y a los
derechos humanos.
Las consecuencias del poder que se otorgan las empresas
transnacionales han sido analizadas frecuentemente y denunciadas por las
organizaciones sindicales, las ONG, e incluso por algunos gobiernos, ante
las instancias internacionales, particularmente la OIT, el ECOSOC, la
Comisión de Derechos Humanos y la Subcomisión de Promoción y Protección de
los Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
Ética ¿moda o necesidad?
La noción de responsabilidad social de las empresas es
tan antigua como las mismas empresas. Como acabamos de señalar, simplemente
tenía otros nombres en otras épocas: paternalismo, obra de caridad o ética.
Desde hace varios años, los empleadores, en complicidad con
algunos gobiernos, han hecho todo lo posible por desregular y flexibilizar
la esfera económica y social, dándole mayor prioridad a los accionistas que
a los trabajadores, cuando resulta que estos últimos son los que hacen la
riqueza de las empresas.
En el plano nacional, esta estrategia se tradujo en una
reforma del mercado laboral que condujo a la adopción de nuevas leyes. Estas
leyes están rodeadas por un aura de modernidad, pero en el fondo son las
mismas del pasado, ya que degradan las condiciones de trabajo y atentan
contra varias prerrogativas esenciales para los trabajadores (estabilidad
laboral, libertad sindical, derecho a la negociación colectiva, protección
contre los despidos injustificados, etc.).
A nivel internacional, se planteó la revisión de las normas
existentes, lo que, como vemos, no se ha traducido en mejoras. Además, los
empleadores se oponen a la adopción de nuevos convenios internacionales en
torno a aspectos sumamente importantes para los trabajadores, como el de la
subcontratación.
Esta desregulación a ultranza ha dado pie a todo tipo de
abusos. Actualmente, en nuestra sociedad globalizada, la inmoralidad y la
amoralidad han alcanzado niveles que los ciudadanos, el mundo político e
incluso el sector privado ya no pueden tolerar. De allí que una gran
cantidad de empresas acepten con gusto, al tiempo que destacan el carácter
voluntario de la acción, que se retome la discusión sobre su responsabilidad
social y medioambiental.
Durante la década pasada, se hizo especial énfasis en la
ética y, por ende, en la responsabilidad social de las empresas. En ese
momento, se observó una proliferación de códigos de conducta. Ciertas
declaraciones sonadas en cuanto a la ética de algunas empresas no son más
que pura propaganda, a veces ni siquiera disimulada, y sirven como medio de
manipulación. ¡Enron y Worldcom no dejaban de mencionar su carta ética!
En efecto, "las consideraciones en torno a la imagen y la
reputación juegan un papel esencial y se han incrementado en el competitivo
ambiente de las empresas". Hoy en día, las empresas están cada vez más
conscientes de que a la larga, el éxito comercial y los beneficios para los
accionistas no dependen únicamente de una maximización de las ganancias a
corto plazo, sino más de bien de un comportamiento que, por estar basado en
el mercado, debe ser responsable" 2.
No se puede entonces generar ganancias sin responsabilidad,
la cual no es solamente económica. No obstante, para un gran número de
empresas, su única responsabilidad consiste en hacer dinero, ya que "la
responsabilidad moral de la empresa es fundamentalmente subversiva, arruina
las bases de la sociedad capitalista liberal". Milton Friedman, Premio Nóbel
de Economía, sostenía la idea de que "la única responsabilidad social de la
empresa es aumentar sus ganancias" para que los accionistas obtengan el
mayor beneficio3.
Otra razón importante que obliga a la empresa privada a
"moralizar" al menos un poco sus actividades radica en el hecho de que "a
fin de poder identificar mejor los factores intrínsecos de riesgo y de éxito
de una empresa, así como su capacidad de respuesta ante la opinión pública,
los participantes financieros exigen que se les suministren datos que van
más allá de los tradicionales informes financieros"4. Luego de haber
privilegiado, en la época de los Golden Boys, la especulación, la creación
de valor y el cortoplacismo, el mercado, basado en una tendencia persistente
a la baja debido a algunas catástrofes sonadas, redescubre las virtudes del
largo plazo y del famoso adagio "la ética paga" (ethics pays). A la
larga, una empresa responsable es más rentable que una empresa que no sabe
de moral ni de respeto.
Por otra parte, la importancia creciente que se le ha dado a
la responsabilidad social de las empresas refleja también la pérdida de
influencia del Estado pregonada e implementada por las instituciones
financieras internacionales (FMI, Banco Mundial).
Las iniciativas privadas voluntarias también pueden hacer
que el Estado renuncie a la adopción de nuevas regulaciones, demostrando que
la industria ya respeta los intereses de la población. En efecto, en algunos
casos, el Estado promueve las iniciativas de las empresas considerando que
eso le evita establecer leyes.
La ética sobre la etiqueta: una estrategia de autodefensa
del capitalismo
Tanto en el pasado como en el presente, cada vez que se ha
incluido la ética en las empresas, ha sido para preservar el capitalismo.
¿Las cartas y otros códigos de conducta elaborados
unilateralmente por los directores de empresariales contribuyen a mejorar
las medidas de protección de los asalariados o, por el contrario, las
desmejoran y debilitan el derecho laboral? Estas iniciativas dejan
obligaciones vinculantes a la buena voluntad de los jefes de las empresas.
Las cartas y códigos de conducta constituyen en efecto una privatización del
derecho que plantea importantes problemas jurídicos. De hecho, su objetivo
verdadero de obstaculizar la intervención del legislador que presuntamente
se vuelve inútil conduce en realidad a privatizar la regla de derecho y a
transformar al jefe de la empresa, director interesado como justiciable
potencial, en legislador, policía y juez, en detrimento de la más elemental
separación de los poderes"5.
"Ante la proliferación de las iniciativas voluntarias, la
OIT recibe cada vez más solicitudes, algunas para que actúe, otras para que
se abstenga de actuar"6. Sin embargo, por el momento, esta Organización no
actúa realmente, ya que es muy grande la presión de los empleadores,
particularmente la de su organización internacional, la OIE.
La mayoría de los gobiernos deseaban, en un principio, un
control público de las inversiones internacionales…
Durante los años siguientes al final de la Segunda Guerra
Mundial, se crearon diferentes instituciones internacionales con miras a
organizar el sistema monetario y el comercio internacional. Las
organizaciones internacionales volcaron sus esfuerzos inicialmente hacia una
mejor delimitación de las políticas comerciales y financieras.
Con este escenario de fondo, se firmó la Carta de La Habana
el 24 de marzo de 1948, en el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas
sobre el Comercio y el Empleo que se celebró en La Habana del 21 de
noviembre de 1947 al 24 de marzo de 1948. Mediante esta Carta se creó la
Organización Internacional del Comercio y se trató, en sus artículos 16 y 40
al 54, el tema de las inversiones internacionales y las prácticas
comerciales restrictivas.
Esta Carta no fue ratificada por el Congreso estadounidense,
y en consecuencia, se creó el GATT como una "solución temporal", dejando así
las actividades del comercio internacional fuera del marco de acción de las
Naciones Unidas, actividades que se regían por reglas estrictas en materia
comercial, pero muy discretas en materia de derecho laboral. Seis años más
tarde, mediante la Conferencia de Bandung (1955), se creó el Movimiento de
los No Alineados. En el momento en que se organizó esta Conferencia, los
países en desarrollo cuestionaron las reglas del juego económico
internacional y propusieron reformas estructurales, particularmente en
materia de comercio internacional.
En 1964 se creó la Conferencia de las Naciones Unidas sobre
Comercio y Desarrollo (UNCTAD), cuya principal finalidad era establecer
relaciones comerciales más equitativas entre el Norte y el Sur, y promover
los intercambios Sur-Sur, es decir, su objetivo era conciliar el comercio
internacional y el desarrollo. De esta manera, los países en desarrollo
esperaban impulsar "un nuevo orden económico internacional" y, sobre todo,
un "nuevo orden comercial" que tomara más en cuenta sus intereses en las
instituciones o foros internacionales de carácter económico
…y por ende, un control público de todas las empresas
multinacionales
En 1962, ya la Resolución 1803 de las Naciones Unidas
sobre la Soberanía permanente sobre los recursos naturales abarcaba varios
principios relacionados con las empresas multinacionales, particularmente
porque más del 65% de las actividades que llevaban a cabo en los países en
desarrollo correspondían a la explotación de recursos naturales.
Más tarde, en 1974, el Consejo Económico y Social de las
Naciones Unidas (ECOSOC) creó el Centro de empresas transnacionales y la
Comisión sobre las empresas transnacionales, a fin de elaborar una "serie de
recomendaciones que, tomadas en conjunto, representarían la base de un
código de conducta para las empresas transnacionales". Esta decisión
respondía a una recomendación del Grupo de personalidades nombrado por el
ECOSOC que había presentado su informe unos meses antes y que consideraba
que un código de conducta podría actuar "como un instrumento de persuasión
moral reforzada por la autoridad de las organizaciones internacionales y la
opinión pública". Otro de los factores que dieron lugar a la redacción de
este informe era la convicción de que "un código de conducta de las Naciones
Unidas constituía una ocasión única que las empresas transnacionales no
deberían dejar pasar". Durante su segunda sesión, la Comisión sobre las
empresas transnacionales se fijó como objetivo proponer un código de
conducta para la primavera de 1978. La noticia tuvo muy poca acogida en los
círculos empresariales.
En esa misma época, en diciembre de 1974, las Naciones
Unidas adoptaron la Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los
Estados, que estipula, en su preámbulo, que "debería constituir un
instrumento eficaz con miras a implantar un nuevo sistema internacional de
relaciones económicas".
Pero las empresas transnacionales no lo entendieron de esa
manera y reaccionaron
Rápidamente, las empresas transnacionales se involucraron en
el Sistema de Naciones Unidas, cooperando de manera institucionalizada con
la FAO y el PNUD y participando dentro de las delegaciones gubernamentales –
con justificaciones técnicas – en las negociaciones que se llevaban a cabo
en la UNCTAD, la ONUDI, la OMPI, la FAO, etc. De esa manera, defendían sus
intereses, que son diametralmente opuestos a los de los países del Sur.
En 1972, la Cámara de Comercio Internacional (CCI) publicó
su "Guía para las inversiones internacionales", en la que se destacaban,
entre otros, los efectos nefastos de un código impuesto y restrictivo que
sería un obstáculo para la inversión internacional.
Casi todas las empresas transnacionales tenían su sede en
los países industrializados y las tres cuartas partes de las actividades
comerciales y de inversión se realizaban en la zona OCDE. Como los países
industrializados se encontraban en situación minoritaria en las Naciones
Unidas, decidieron definir su política con respecto a las empresas
transnacionales en el marco de la OCDE. Como defendían los intereses de sus
empresas transnacionales ("lo que es bueno para la Ford es bueno para EEUU"),
no querían un código vinculante y adoptaron en junio de 1976, en el mismo
seno de la OCDE, las "Directrices para la inversión internacional y las
empresas multinacionales". Si bien los Estados son los encargados de su
aplicación, se trata de principios voluntarios, no vinculantes. De esta
manera, los países industrializados anunciaban que no estaban listos para
aceptar que las actividades de las empresas multinacionales "fueran
controladas de manera excesiva".
Lo que sucedió en la OCDE tuvo una influencia determinante
en la OIT en el marco de la "Reunión consultiva tripartita de expertos sobre
las relaciones entre las empresas multinacionales y la política social de la
OIT", que tuvo lugar, en un primer momento, en mayo de 1976, y en la que se
concluyó que era necesario elaborar una Declaración tripartita de principios
sobre las empresas multinacionales y la política social.
"El consenso de la OCDE fue impuesto en la OIT por la
delegación estadounidense (empleadores y gobiernos reunidos)" 7 En efecto,
en abril de 1977, durante la sesión de la Reunión consultiva tripartita, se
adoptó la Declaración tripartita de principios sobre las empresas
multinacionales y la política social. Los votos estaban repartidos de la
siguiente manera:
- 22 votos a favor, de los cuales 6 eran sindicalistas;
- 1 voto en contra, de 1 sindicalista, y;
- 1 abstención, de 1 sindicalista8
Esta Declaración fue aprobada luego por el Consejo de
Administración de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT), en noviembre
de 19779. El Código de conducta de la OCDE y la Declaración de principios
de la OIT, ambos de manera explícita o por omisión, respondieron eficazmente
a las prioridades de los empresarios 10.
Las Naciones Unidas todavía no han adoptado un código de
conducta sobre las empresas transnacionales
En 1993, durante el proceso de reestructuración de las
Naciones Unidas, se cerró el Centro de Empresas Transnacionales, y en
febrero de 1995, la Asamblea General de la ONU decidió que la Comisión de
Empresas Transnacionales debía convertirse en una Comisión del Consejo de
Comercio y Desarrollo y ser bautizada nuevamente con el nombre de Comisión
de Inversiones Internacionales y Empresas Transnacionales.
Cabe destacar que el Secretario General de la ONU recordó el
17 de julio de 2000 que el sector privado jugaba un papel activo en el seno
de la Organización de las Naciones Unidas y que se debían intensificar la
cooperación y las alianzas entre la Organización y actores que no fueran los
Estados, particularmente actores del mundo empresarial. En este sentido, el
Pacto Mundial (Global Compact), lanzado en 1999 por el Secretario
General, estaba llamado a constituir un marco general apropiado para la
cooperación con el mundo empresarial.
El asunto de los códigos de conducta ha estado en discusión
por mucho tiempo en el seno del Grupo de trabajo sobre los métodos de
trabajo y las actividades de las empresas multinacionales de la Subcomisión
de Promoción y Protección de los Derechos Humanos de la ONU. La Subcomisión
adoptó, durante su sesión de agosto de 2003, las "Normas sobre la
responsabilidad en materia de derechos humanos de las sociedades
transnacionales y otras empresas".
Este texto fue presentado ante la Comisión de Derechos
Humanos de marzo de 2004 con miras a conformar un grupo de trabajo encargado
de su análisis. Pero hasta ahora la iniciativa no ha prosperado, debido a la
enorme presión ejercida por varias organizaciones que representan al sector
privado.
Esta propuesta de código abarca el derecho a la igualdad de
oportunidades y a un trato no discriminatorio, el derecho a la seguridad de
la persona, los derechos de los trabajadores, el respeto a la soberanía
nacional y a los derechos humanos, las obligaciones relativas a la
protección del consumidor y del medio ambiente, y las disposiciones
generales en torno a la implementación.
En el próximo capítulo se abordará de manera más exhaustiva
el tema de los códigos de conducta, que constituyen una de las formas de la
responsabilidad social de las empresas.
¿Qué significa la expresión "responsabilidad social de las
empresas?
Según la Comisión Europea, "'el concepto de responsabilidad
social de las empresas significa la integración voluntaria, por parte de las
empresas, de las preocupaciones sociales y medioambientales en sus
operaciones comerciales y sus relaciones con sus interlocutores (...). Esta
responsabilidad se expresa en relación con los asalariados, y de manera más
general, con todas las partes involucradas (stakeholders) que se preocupan
por la empresa y que a la vez, desean influir en su éxito". (Comisión
Europea, Libro Verde, 2001)
Para otros, la responsabilidad social de las empresas
implica "tomar en cuenta las consecuencias que tienen las actividades de las
empresas anónimas sobre el ser humano, la sociedad y el medio ambiente, en
particular gracias a que la empresa mantiene ‘relaciones leales y
equitativas con todos sus socios’: accionistas, socios capitalistas,
empleados, sindicatos, proveedores, clientes, competidores, colectividades
públicas y todas las personas o colectividades afectadas por las actividades
de las empresas". (Accionariado para el desarrollo sostenible (ACTARES),
Carta y Estatutos de la organización)
El Director General de PricewaterhouseCoopers, S.A. Dipazza,
define la responsabilidad social como la "globalización alternativa" ante el
conflicto entre lo pro y lo anti globalización. (Foro Económico y Social,
Nueva York, febrero de 2002)
Este concepto agrupa, en efecto, elementos muy diversos:
cartas, certificaciones sociales, certificaciones ecológicas, inversiones
socialmente responsables, códigos de conducta, etc.
Para la CMT, "la responsabilidad social de las empresas
consiste en que las empresas definan por sí mismas, de manera unilateral y
voluntaria, las políticas sociales y medioambientales, con ayuda de
instrumentos alternativos que no sean ni los convenios colectivos ni la
legislación. Para alcanzar estos objetivos, las empresas proponen alianzas
con múltiples actores".
Notas
http://www.ilo.org/public/french/employment/multi/download/french.pdf
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