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Sociedad Civil y Sociedad Política en el
Desarrollo Sostenible
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Democracia y derechos humanos |
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Parte 1 /2
Introducción
Considerando los objetivos que se propone la Revista
Futuros,"formular reflexiones y propuestas para un nuevo paradigma de
desarrollo y de posibles modelos para llevarlos a cabo y fomentar una nueva
escuela de pensamiento latinoamericano en torno a temas como el desarrollo
sostenible" envío mi contribución. Más que una formulación teórica, me
propongo en este artículo el hacer un breve ensayo sobre el papel de los
movimientos sociales y populares en general y su contribución en la
construcción de un estado que sea promotor y defensor de los derechos de los
excluidos, teniendo como objetivo la atención a las necesidades básicas de
la población y garantizando que el fruto del trabajo social sea socialmente
repartido y no apropiado de forma individual como está pasando ahora.
Tengo la certeza de que el mundo no puede seguir el
camino en el que se encuentra. La economía no puede ser un fin. La finalidad
de la economía es la felicidad humana; es un medio para satisfacer las
necesidades sociales. Debe ser puesta al servicio de la vida, y para eso son
necesarios cambios estructurales. La sociedad debe indicar cuales son las
más urgentes.
Es preciso romper con todo tipo de dominación política,
promoviendo la libertad y responsabilidad de todos los ciudadanos. Esto
exige la democratización de la comunicación social y la reorganización del
sistema educativo. No obstante, en la base de estos cambios está la
transformación de las relaciones sociales y culturales que componen el día a
día de la sociedad.
Procuraré desarrollar algunas ideas sobre la
radicalización de la democracia, ciudadanía activa, construcción colectiva y
la inversión de prioridades. Se trata de construir no sólo un medio ambiente
sostenible, sino una sociedad sostenible. Una sociedad que sea
económicamente justa; políticamente democrática; socialmente igualitaria;
culturalmente plural; ecológicamente sostenible y; religiosamente
macro-ecuménica.
1. El Estado al servicio del bien común
Entendemos por bien común un conjunto de bienes naturales
y/o creados por el hombre, conjunto de instituciones, leyes, políticas y
decisiones que deben tener como objetivo el bien de todas las personas y el
bien de todos los ciudadanos. Todo debe servir para la realización de las
personas, teniendo como parámetro la ética que es el conjunto de normas y
orientaciones que sirven para la realización del bien común. Para esto
existe un poder instituido, en este caso el Estado, que debe velar para que
esto se realice. Esta institución está por debajo de la sociedad y por lo
tanto su existencia sólo tiene sentido para la realización y organización de
la misma.
Toda la organización de la sociedad, incluyendo aquí la
economía como forma de organizar la producción y distribución de las
riquezas debe tener como parámetros la ética y la solidaridad. No es posible
aceptar que el mercado, como conjunto de reglas controladas por los más
fuertes, esté por encima de los parámetros éticos. No se puede considerar la
economía como una realidad independiente que se autodetermina. Todas las
esferas que componen la sociedad deben estar al servicio de la vida y no de
la muerte. No podemos aceptar una economía que produzca la globalización de
la miseria y la individualización de la riqueza. No podemos, por ejemplo,
aceptar el pago de la divisa externa a costa de los que no la han causado y
no se benefician de ella.
Para conseguir el bien común de todos, no podemos aceptar
la libertad absoluta del capital; marcar límites se impone como una
exigencia ética, ya que la concentración y el uso especulativo de la riqueza
practicados hoy en día son los mayores responsables del empeoramiento de la
miseria que mata a millones de seres humanos.
Para la realización del bien común, es preciso que
valores como la justicia, la dignidad y la solidaridad se intercalen en
todas las relaciones, sean humanas, económicas, políticas, sociales y
culturales.
1.1 El Estado que tenemos
A lo largo de nuestra historia, no se implantó un proceso
capaz de apuntar en la dirección de un Estado Democrático. Se arraigó una
mentalidad predatoria, de gratificación inmediata y de
apropiación-expropiación del fruto de trabajo de los subalternos. De ahí es
fácil entender la situación en la que vivimos:
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Se extiende una realidad de corrupción impune, donde
corruptos y corruptores asaltan impunemente lo público, usando los canales
del propio Estado. Se ha instalado una cultura de corrupción que invade y
destroza la sociedad como tal;
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Se crean poderes paralelos en la economía, en la
comunicación social, en el narcotráfico, que mandan con la connivencia,
muchas veces de los poderes constituidos por encima de ellos;
-
Imperan el "coronelismo" y el clientelismo, que a
fuerza de intercambio de favores, consiguen una delegación de la voluntad y
de la capacidad de intervención en los procesos hacia algunos representantes
escogidos
El Estado para a ser privatizado al servicio de las
elites ó de los grupos corporativos que convierten en propiedad privada lo
que debería ser de todo el pueblo. Muchas veces está ausente o no sirve para
nada el área de los servicios públicos faltando la coordinación de un
proyecto nacional de desarrollo. Es un Estado mínimo y neoliberal que, con
el pretexto de no entrometerse en la economía, privatiza las estatales y
merma el área social. Es un estado pragmático que, abdicando de su soberanía
y autodeterminación, asume una postura de dependencia
político-económico-comercial y militar, abandonando la perspectiva de lucha
por la integración latino-americana y la relación con los países pobres.
Toda esta situación de fuerte dominación, junto con una
frágil conciencia del pueblo de sus derechos básicos de ciudadanía, lleva a
la desintegración del Estado, a la exclusión social, a la violencia y a la
anomia.
El Estado debe ser desprivatizado y la maquina estatal
puesta en una posición efectiva a favor del bien común, y no al servicio de
una minoría privilegiada que se apropia de los recursos públicos en
beneficio propio.
Es preciso democratizar el Estado, sometiéndolo a la
voluntad y al control de la sociedad civil organizada. La sociedad civil
debe ser suficientemente fuerte para regular, a favor de todos los
ciudadanos la economía y los intereses sociales. Es preciso superar la
concentración y el elitismo políticos, colocando el Estado al servicio de
las políticas publicas. Es fundamental el consolidar y ampliar el ejercicio
de la ciudadanía, con la amplia participación popular en la gestión pública.
Para eso es indispensable la creación de espacios públicos no estatales,
espacios de vivencia y de solidaridad.
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