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ISSN 1913-6196

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 Sociedad Civil y Sociedad Política en el Desarrollo Sostenible

Democracia y derechos humanos

Por Luiz Bassegio    

Parte 1 /2

Introducción

Considerando los objetivos que se propone la Revista Futuros,"formular reflexiones y propuestas para un nuevo paradigma de desarrollo y de posibles modelos para llevarlos a cabo y fomentar una nueva escuela de pensamiento latinoamericano en torno a temas como el desarrollo sostenible" envío mi contribución. Más que una formulación teórica, me propongo en este artículo el hacer un breve ensayo sobre el papel de los movimientos sociales y populares en general y su contribución en la construcción de un estado que sea promotor y defensor de los derechos de los excluidos, teniendo como objetivo la atención a las necesidades básicas de la población y garantizando que el fruto del trabajo social sea socialmente repartido y no apropiado de forma individual como está pasando ahora.

Tengo la certeza de que el mundo no puede seguir el camino en el que se encuentra. La economía no puede ser un fin. La finalidad de la economía es la felicidad humana; es un medio para satisfacer las necesidades sociales. Debe ser puesta al servicio de la vida, y para eso son necesarios cambios estructurales. La sociedad debe indicar cuales son las más urgentes.

Es preciso romper con todo tipo de dominación política, promoviendo la libertad y responsabilidad de todos los ciudadanos. Esto exige la democratización de la comunicación social y la reorganización del sistema educativo. No obstante, en la base de estos cambios está la transformación de las relaciones sociales y culturales que componen el día a día de la sociedad.

Procuraré desarrollar algunas ideas sobre la radicalización de la democracia, ciudadanía activa, construcción colectiva y la inversión de prioridades. Se trata de construir no sólo un medio ambiente sostenible, sino una sociedad sostenible. Una sociedad que sea económicamente justa; políticamente democrática; socialmente igualitaria; culturalmente plural; ecológicamente sostenible y; religiosamente macro-ecuménica.

1.   El Estado al servicio del bien común

Entendemos por bien común un conjunto de bienes naturales y/o creados por el hombre, conjunto de instituciones, leyes, políticas y decisiones que deben tener como objetivo el bien de todas las personas y el bien de todos los ciudadanos. Todo debe servir para la realización de las personas, teniendo como parámetro la ética que es el conjunto de normas y orientaciones que sirven para la realización del bien común. Para esto existe un poder instituido, en este caso el Estado, que debe velar para que esto se realice. Esta institución está por debajo de la sociedad y por lo tanto su existencia sólo tiene sentido para la realización y organización de la misma.

Toda la organización de la sociedad, incluyendo aquí la economía como forma de organizar la producción y distribución de las riquezas debe tener como parámetros la ética y la solidaridad. No es posible aceptar que el mercado, como conjunto de reglas controladas por los más fuertes, esté por encima de los parámetros éticos. No se puede considerar la economía como una realidad independiente que se autodetermina. Todas las esferas que componen la sociedad deben estar al servicio de la vida y no de la muerte. No podemos aceptar una economía que produzca la globalización de la miseria y la individualización de la riqueza. No podemos, por ejemplo, aceptar el pago de la divisa externa a costa de los que no la han causado y no se benefician de ella.

Para conseguir el bien común de todos, no podemos aceptar la libertad absoluta del capital; marcar límites se impone como una exigencia ética, ya que la concentración y el uso especulativo de la riqueza practicados hoy en día son los mayores responsables del empeoramiento de la miseria que mata a millones de seres humanos.

Para la realización del bien común, es preciso que valores como la justicia, la dignidad y la solidaridad se intercalen en todas las relaciones, sean humanas, económicas, políticas, sociales y culturales.

1.1 El Estado que tenemos

A lo largo de nuestra historia, no se implantó un proceso capaz de apuntar en la dirección de un Estado Democrático. Se arraigó una mentalidad predatoria, de gratificación inmediata y de apropiación-expropiación del fruto de trabajo de los subalternos. De ahí es fácil entender la situación en la que vivimos:

  • Se extiende una realidad de corrupción impune, donde corruptos y corruptores asaltan impunemente lo público, usando los canales del propio Estado. Se ha instalado una cultura de corrupción que invade y destroza la sociedad como tal;

  • Se crean poderes paralelos en la economía, en la comunicación social, en el narcotráfico, que mandan con la connivencia, muchas veces de los poderes constituidos por encima de ellos;

  • Imperan el "coronelismo" y el clientelismo, que a fuerza de intercambio de favores, consiguen una delegación de la voluntad y de la capacidad de intervención en los procesos hacia algunos representantes escogidos

El Estado para a ser privatizado al servicio de las elites ó de los grupos corporativos que convierten en propiedad privada lo que debería ser de todo el pueblo. Muchas veces está ausente o no sirve para nada el área de los servicios públicos faltando la coordinación de un proyecto nacional de desarrollo. Es un Estado mínimo y neoliberal que, con el pretexto de no entrometerse en la economía, privatiza las estatales y merma el área social. Es un estado pragmático que, abdicando de su soberanía y autodeterminación, asume una postura de dependencia político-económico-comercial y militar, abandonando la perspectiva de lucha por la integración latino-americana y la relación con los países pobres.

Toda esta situación de fuerte dominación, junto con una frágil conciencia del pueblo de sus derechos básicos de ciudadanía, lleva a la desintegración del Estado, a la exclusión social, a la violencia y a la anomia.

El Estado debe ser desprivatizado y la maquina estatal puesta en una posición efectiva a favor del bien común, y no al servicio de una minoría privilegiada que se apropia de los recursos públicos en beneficio propio.

Es preciso democratizar el Estado, sometiéndolo a la voluntad y al control de la sociedad civil organizada. La sociedad civil debe ser suficientemente fuerte para regular, a favor de todos los ciudadanos la economía y los intereses sociales. Es preciso superar la concentración y el elitismo políticos, colocando el Estado al servicio de las políticas publicas. Es fundamental el consolidar y ampliar el ejercicio de la ciudadanía, con la amplia participación popular en la gestión pública. Para eso es indispensable la creación de espacios públicos no estatales, espacios de vivencia y de solidaridad.


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