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Parte 2 /8
La magnitud del problema
Las tasas de
suicidio nacionales varían considerablemente (cuadro 7.1). Entre los países
que informan acerca del suicidio a la Organización Mundial de la Salud, las
tasas más altas se observan en Europa oriental (por ejemplo, Belarús, 41,5
por 100 000; Estonia, 37,9 por 100 000; en Federación de Rusia, 43,1 por 100
000, y Lituania, 51,6 por 100 000). También se han comunicado tasas altas de
suicidio en Sri Lanka (37 por 100 000 en 1996), según los datos
proporcionados por la Oficina Regional de la OMS para Asia Sudoriental
(10). Se encuentran tasas bajas principalmente en América Latina (en
particular en Colombia, 4,5 por 100 000, y Paraguay, 4,2 por 100 000) y en
algunos países de Asia (por ejemplo, Filipinas, 2,1 por 100 000, y
Tailandia, 5,6 por 100 000). En otros países de Europa, en Canadá y Estados
Unidos, y en partes de Asia y el Pacífico las tasas tienden a ubicarse entre
estos extremos (por ejemplo, Alemania, con una tasa de 14,3 por 100 000;
Australia, 17,9 por 100,000; Bélgica, 24,0 por 100 000; Canadá, 15,0 por 100
000; Estados Unidos, 13,9 por 100,000; Finlandia, 28,4 por 100 000; Francia,
20,0 por 100 000; Japón, 19,5 por 100 000; y Suiza, 22,5 por 100 000).
Lamentablemente, se cuenta con poca información sobre el suicidio en los
países de África (11).
Dos países, Finlandia y Suecia, tienen datos sobre las tasas
de suicidio que se remontan al siglo XVIII y en ambos dichas tasas muestran
una tendencia ascendente con el transcurso del tiempo (12). Durante
el siglo XX, Escocia, España, Finlandia, Irlanda, Noruega, los Países Bajos
y Suecia experimentaron un aumento significativo de suicidios, mientras que
Inglaterra y Gales (datos combinados), Italia, Nueva Zelandia y Suiza
presentaron una disminución considerable. No hubo ningún cambio
significativo en Australia (12). Durante el período comprendido entre 1960 y
1990, al menos 28 países o territorios tuvieron tasas ascendentes de
suicidio, por ejemplo Bulgaria, China (Provincia de Taiwán), Costa Rica,
Mauricio y Singapur, mientras que ocho mostraron tasas decrecientes, entre
ellos Australia e Inglaterra y Gales (datos combinados) (12).
Las tasas de suicidio no tienen una distribución igual en la
población general. Un marcador demográfico importante del riesgo de suicidio
es la edad. A nivel mundial, las tasas de suicidio tienden a aumentar con la
edad, aunque algunos países como el Canadá también han exhibido
recientemente un punto máximo secundario entre los jóvenes de 15 a 24 años
de edad. La figura 7.1 muestra las tasas mundiales por edad y por sexo
registradas en 1995, que variaron entre 0,9 por 100 000 en el grupo de 5 a
14 años de edad y 66,9 por 100 000 en las personas de 75 o más años de edad.
En general, las tasas de suicidio en las personas de 75 o más años de edad
equivalen a aproximadamente el triple de las tasas correspondientes a los
jóvenes de 15 a 24 años de edad. Esta tendencia se observa en ambos sexos,
pero es más marcada en los hombres. En las mujeres, las tasas de suicidio
presentan características diferentes; en algunos casos, aumentan en forma
sostenida con la edad, en otros llegan al valor máximo en la edad madura y
en otros más —en particular en los países en desarrollo y entre grupos
minoritarios— alcanzan el punto máximo en las adultas jóvenes (13).
Si bien las tasas de suicidio son en general más elevadas en
las personas mayores, el número absoluto de casos registrados entre quienes
tienen menos de 45 años de edad es en realidad más alto que en las personas
de más de 45 años, dadas las distribuciones demográficas (cuadro 7.2). Este
es un cambio notable observado desde hace apenas 50 años, cuando el número
absoluto de casos de suicidio aumentaba aproximadamente con la edad. El
cambio no se explica en términos del envejecimiento general de la población
mundial; en realidad, contradice esta tendencia demográfica. Hoy en día, en
aproximadamente un tercio de los países, las tasas de suicidio son ya
superiores entre las personas de menos de 45 años de edad que entre quienes
superan los 45 años, un fenómeno que parece existir en todos los continentes
y no se correlaciona con los niveles de industrialización o riqueza. Como
ejemplos de países y zonas en los que las tasas actuales de suicidio (así
como el número absoluto de casos) son más altas en las personas por debajo
de los 45 años de edad que en quienes sobrepasan los 45 años podemos
mencionar a Australia, Bahrein, Canadá, Colombia, Ecuador, Guyana, Kuwait,
Mauricio, Nueva Zelandia, el Reino Unido y Sri Lanka. Las tasas de suicidio
juvenil son particularmente altas en varias islas del Pacífico, como Fiji
(entre las etnias indígenas) y Samoa, tanto en los hombres como en las
mujeres (14).
El sexo, la cultura, la raza y el grupo étnico son también
factores importantes en la epidemiología del suicidio. Las tasas de suicidio
de los hombres son superiores a las observadas en las mujeres. La razón
entre la tasa de suicidio de los hombres y la de las mujeres varía de 1,0:1
a 10,4:1 (cuadro 7.1). En esta razón parece influir en parte el contexto
cultural. La razón es relativamente baja en zonas de Asia (por ejemplo,
1,0:1 en China, 1,6:1 en Filipinas, 1,5:1 en Singapur), alta en varios
países de la antigua Unión Soviética (6,7:1 en Belarús, 6,2:1 en Lituania) y
muy alta en Chile (8,1:1) y Puerto Rico (10,4:1). En promedio, parece que
hay cerca de tres suicidios masculinos por cada suicidio femenino y esto es
más o menos constante en diferentes grupos de edad, con la excepción de la
vejez avanzada, cuando los hombres tienden a presentar tasas aun más altas.
En términos generales, la diferencia entre los sexos en cuanto a las tasas
de suicidio en los países asiáticos (15) es más reducida que en otros
sitios del mundo. Las diferencias a menudo grandes de las tasas entre los
países y según el sexo muestran cuán importante es que cada país vigile sus
tendencias epidemiológicas para determinar qué grupos de población corren un
riesgo mayor de suicidio.

En los países, la prevalencia del suicidio entre los
caucásicos es aproximadamente el doble de la observada en otras razas, si
bien recientemente en los Estados Unidos se ha informado una tasa más alta
en los afroestadounidenses (2). Esta modalidad de una prevalencia más
elevada en los caucásicos también se ha comunicado en Sudáfrica y Zimbabwe
(16). Las excepciones a la tasa generalmente superior en los
caucásicos se encuentran en las antiguas repúblicas soviéticas de Armenia,
Azerbaiyán y Georgia (17).
El hecho de pertenecer al mismo grupo étnico parece
asociarse con tasas similares de suicidio, como sucede en el interesante
ejemplo que ofrecen Estonia, Finlandia y Hungría, países que tienen todos
tasas muy altas, a pesar de que Hungría está geográficamente muy distante de
Estonia y Finlandia. Por el contrario, grupos étnicos diferentes —aunque
vivan en el mismo lugar— pueden tener tasas muy disímiles de suicidio. En
Singapur, por ejemplo, los chinos y los indios tienen tasas mucho más altas
que los malayos (18).
Las tasas de suicidio son con frecuencia más elevadas en
los grupos indígenas, por ejemplo, en algunos de estos grupos de Australia
(19), China (Provincia de Taiwán) (20) y Canadá y Estados
Unidos (21).
Precauciones al usar los datos sobre el suicidio
La manera en que se registran las defunciones de todo tipo
varía enormemente según los países, lo cual hace sumamente difícil comparar
las tasas de suicidio de diferentes países. Aun en aquellos que han
elaborado criterios uniformes, como Australia, la forma en la cual se
aplican estos criterios puede variar considerablemente (24). Las
estimaciones erróneas de las tasas de suicidio a veces pueden ser resultado
de circunstancias tan sencillas como fechas límite impuestas por el gobierno
para las estadísticas oficiales publicadas o retrasos a causa de las
investigaciones de los médicos forenses. Por ejemplo, se piensa que, en la
RAE de Hong Kong (China), los suicidios son subestimados entre 5% y 18%
exclusivamente por razones de esta índole (25).
Dentro de un determinado país, las tasas de suicidio
informadas también pueden variar según la fuente de los datos. Por ejemplo,
en China, las estimaciones varían de 18,3 por 100 000 (datos comunicados a
la Organización Mundial de la Salud) a 22 por 100 000 (datos del Ministerio
de Salud) y a 30 por 100 000 (estadísticas de la Academia China de Medicina
Preventiva) (26).
Los datos sobre la mortalidad por suicidio en general
subestiman la verdadera prevalencia del suicidio en una población. Esos
datos son el producto final de una cadena de informantes, que incluye a
quienes encuentran el cuerpo (a menudo miembros de la familia), médicos, la
policía, médicos forenses y estadísticos. Cualquiera de estas personas, por
una serie de razones, quizá sea renuente a definir la muerte como un
suicidio. Esto tiende a ser más frecuente en los lugares donde las actitudes
religiosas y culturales condenan el suicidio. No obstante, Cooper y Milroy
(27) han encontrado una subnotificación del suicidio del 40% en los
registros oficiales en ciertas regiones de Inglaterra. Se puede ocultar un
suicidio para evitar la estigmatización de la persona que ha acabado con su
propia vida, o de la familia de la persona, por conveniencia social, por
razones políticas, para beneficiarse de pólizas de seguro, o porque la
persona que comete el suicidio deliberadamente lo hace parecer un accidente,
por ejemplo, un accidente en la carretera. El suicidio también puede
clasificarse equivocadamente como defunción por una causa indeterminada de
muerte, o por causas naturales, por ejemplo cuando las personas —en
particular, las de edad avanzada— no toman las medicinas que las mantienen
con vida.
El suicidio puede no ser reconocido oficialmente cuando
quienes están recibiendo medicamentos toman una sobredosis, cuando las
personas deliberadamente se dejan morir de hambre (en lo que se denomina
suicidio por inanición [28]) o cuando las personas mueren algún
tiempo después del intento de suicidio. En estos casos, así como en los de
eutanasia o suicidio asistido, la causa clínica de muerte es por lo general
la que se informa oficialmente. La subnotificación está también relacionada
con la edad y el fenómeno suele ser mucho más
frecuente entre las personas mayores. A pesar de todas estas advertencias,
se ha alegado que la clasificación relativa de las tasas nacionales de
suicidio es razonablemente exacta.
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