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ISSN 1913-6196

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 Suicidio: la violencia autoinfligida

Salud

Por la Organización Panamericana de la Salud  

Parte 6 /8

Antecedentes Enfoques vinculados con las relaciones
La magnitud del problema Enfoques sociales
Tasas de suicidio por país, edad y sexo Recomendaciones
Factores de riesgo Referencias

Enfoques sociales

Restricción del acceso a elementos letales

La restricción del acceso a los elementos que suelen usar los suicidas es particularmente pertinente cuando dicho acceso se puede controlar con facilidad. Esto fue demostrado por primera vez en 1972 en Australia por Oliver y Hetzel (163), quienes encontraron una reducción de las tasas de suicidio cuando se restringió el acceso a los sedantes, principalmente los barbitúricos, que son letales en dosis altas.

Además de este estudio sobre los sedantes, hay también pruebas de una reducción de las tasas de suicidio cuando se controlan otras sustancias tóxicas, por ejemplo los plaguicidas, que están ampliamente difundidos en las zonas rurales de muchos países en desarrollo. Quizás uno de los ejemplos mejor estudiados es el de Samoa (116), donde, hasta 1972, cuando por primera vez se introdujo el paraquat en el país, la cantidad de suicidios había sido inferior a 10. El número empezó a elevarse abruptamente a mediados de los años setenta y llegó a casi 50 en 1981, cuando se empezó a controlar la disponibilidad del paraquat. Durante ese período, las tasas de suicidio aumentaron 367%, de 6,7 por 100 000 en 1972 a 31,3 por 100 000 en 1981. Al cabo de tres años, la tasa de suicidios había descendido a alrededor de 9,4 por 100 000. A pesar del control posterior del paraquat, en 1988 más de 90% de los suicidios se llevaron a cabo usando este plaguicida (figura 7.2).

Se ha comprobado que la destoxificación del gas —la eliminación del monóxido de carbono del gas de uso doméstico y del escape de los automóviles— es eficaz para reducir las tasas de suicidio. En Inglaterra, los suicidios mediante intoxicación con gas doméstico empezaron a descender poco después de que se extrajera el monóxido de carbono del gas doméstico (164) (figura 7.3). Se han observado disminuciones similares en el empleo del gas doméstico para el suicidio en Escocia, Estados Unidos, Japón, los Países Bajos y Suiza (165). Otros estudios también han encontrado una reducción de los suicidios después de la introducción de los convertidores catalíticos, que, entre otras cosas, extraen el monóxido de carbono de los gases de escape de los automóviles (165, 166).

Se ha observado la asociación entre la posesión de armas de fuego en el hogar y las tasas de suicidio (167–169). Hay diversos enfoques orientados a reducir las lesiones por armas de fuego, ya sean accidentales o intencionales. Por lo general, esos enfoques se basan en la legislación sobre la venta y la posesión de armas de fuego, y en la seguridad de estas. Las medidas de seguridad al respecto incluyen la instrucción y la capacitación, diversas prácticas de almacenamiento (como guardar las armas de fuego y las municiones por separado y mantener las armas de fuego descargadas y en lugares bajo llave) y dispositivos que bloquean el gatillo. En algunos países —como Australia, Canadá y Estados Unidos— las restricciones a la posesión de armas de fuego se han asociado con una disminución en su empleo para cometer el suicidio (165, 169).

La difusión en los medios de comunicación

Desde hace mucho tiempo se conoce la repercusión potencial de los medios de comunicación en las tasas de suicidio. Hace más de dos siglos, una novela muy leída inspiró una ola de suicidios por imitación. La obra de Johann Wolfgang Goethe, Las desventuras del joven Werther, escrita en 1774, se basó en términos generales en el caso de un amigo del autor y describía la conmoción interna de Werther cuando se angustia por su amor no correspondido por Lotte. "El efecto sobre los primeros lectores del libro fue abrumador. La novela inspiró no solo emoción sino también emulación, en una ola de suicidios de jóvenes vestidos de igual manera [que Werther] con chaqueta azul y chaleco amarillo" (170).

Los datos actuales indican que el efecto de la difusión de los suicidios en los medios en cuanto a estimular la imitación depende en gran parte de la manera de informar: el tono e idioma usados, cómo se destacan los informes y el hecho de que vayan acompañados de material gráfico o de otro tipo que sean inapropiados. La inquietud es que la divulgación extrema de noticias sobre suicidios pueda crear una cultura del suicidio, en la cual se lo considere como una forma normal y aceptable de abandonar un mundo difícil.

Se considera absolutamente imperativo que haya una comunicación responsable de los suicidios por los medios informativos, y cualquier manera de lograr esto deber ser recibida con beneplácito. Diversas organizaciones y gobiernos han propuesto normas para la comunicación del comportamiento suicida, como Befrienders International en el Reino Unido, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en los Estados Unidos, la Organización Mundial de la Salud y los gobiernos de Australia y Nueva Zelandia (171).

Intervención después de un suicidio

El suicidio de un ser querido puede despertar en los familiares y los amigos íntimos sentimientos de aflicción que son diferentes de los sentimientos que se experimentan cuando la muerte obedece a causas naturales. En general, hay todavía un tabú para hablar del suicidio y los que pierden a un ser querido que se suicida pueden tener menos oportunidades de compartir su aflicción con otras personas. La comunicación de los sentimientos es una parte importante del proceso curativo. Por este motivo, los grupos de apoyo cumplen una función importante. En 1970, se iniciaron en América del Norte los primeros grupos de apoyo y ayuda mutua para los familiares y amigos de las personas que se han suicidado (172). Se establecieron posteriormente grupos similares en diversos países de todo el mundo. Los grupos de apoyo y ayuda mutua son manejados por sus miembros, pero tienen acceso a ayuda y recursos externos. Esos grupos de apoyo mutuo parecen ser beneficiosos para quienes han perdido a alguien a causa del suicidio. La experiencia común de la pérdida por suicidio une a las personas y las alienta a comunicar sus sentimientos (172).

Respuestas mediante políticas

En 1996, el Departamento de las Naciones Unidas para la Coordinación de Políticas y el Desarrollo Sostenible elaboró un documento que destacaba la importancia de una política orientadora sobre la prevención del suicidio (173). La Organización Mundial de la Salud posteriormente preparó una serie de documentos sobre la prevención del suicidio (171, 172, 174–177) y dos publicaciones sobre trastornos mentales, neurológicos y psicosociales (41, 178). También se han elaborado otros informes y normas sobre la prevención de suicidios (179).

En 1999, la Organización Mundial de la Salud lanzó una iniciativa mundial para la prevención del suicidio, con los siguientes objetivos:

  • Reducir en forma duradera la frecuencia de los comportamientos suicidas, haciendo hincapié en los países en desarrollo y los países en transición social y económica.
  • Identificar, evaluar y eliminar en las etapas iniciales, en la medida de lo posible, los factores que pueden dar lugar a que los jóvenes acaben con su propia vida.
  • Aumentar la concientización general acerca del suicidio y prestar apoyo psicosocial a las personas con pensamientos suicidas o experiencias de tentativas de suicidio, así como a los amigos y familiares de quienes han intentado o consumado el suicidio.

La estrategia principal para la puesta en práctica de esta iniciativa contempla dos elementos, de acuerdo con la estrategia de atención primaria de salud de la Organización Mundial de la Salud:

  • La organización de actividades multisectoriales a nivel mundial, regional y nacional para aumentar la concientización acerca de los comportamientos suicidas y cómo prevenirlos de manera eficaz.
  • El fortalecimiento de la capacidad de los países de elaborar y evaluar políticas y planes nacionales para la prevención del suicidio, que pueden incluir:
    • apoyo y tratamiento a las poblaciones en riesgo, como son las personas con depresión, las personas de edad y los jóvenes;
    • reducción de la disponibilidad de medios para suicidarse y del acceso a ellos, por ejemplo, las sustancias tóxicas;
    • apoyo y fortalecimiento de las redes para sobrevivientes del suicidio;
    • capacitación de los trabajadores de atención primaria de salud y de los trabajadores de otros sectores pertinentes.

La iniciativa se ha complementado actualmente con un estudio que procura identificar factores de riesgo e intervenciones específicas que sean eficaces para disminuir los comportamientos suicidas.


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