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Parte 4 /4
TRAUMA EN LA FAMILIA
¿Qué traumas provoca en la familia el suicidio de uno de sus
miembros?
El efecto de un suicidio en la familia
es una tragedia, una verdadera desgracia, pues el duelo por un suicida
difiere del duelo por otras causas de muerte. Uno de esos efectos es la
realización de un acto suicida por alguno de sus miembros al imitar o
identificarse con el occiso. Otro es la búsqueda constante del por qué lo
hizo entre los sobrevivientes y los sentimientos de culpa por no haberlo
detectado a tiempo y evitar ese desenlace fatal.
¿Qué trastornos deja a los
familiares el suicidio de uno de sus integrantes?
Se consideran sobrevivientes aquellas
personas muy vinculadas afectivamente a una persona que fallece por
suicidio, entre los que se incluyen los familiares, amigos, compañeros e
incluso el médico, psiquiatra u otro terapeuta que la asistía. El vocablo "survivor"
proviene del inglés y su traducción puede ser el de superviviente, que es el
que sobrevive y es también sinónimo de sobreviviente, que significa vivir
uno después de la muerte del otro. Aunque esta palabra es muy utilizada en
la terminología suicidológica, no sólo son sobrevivientes o supervivientes
los que sobreviven a un suicidio, sino que lo son también aquellos que
sobreviven después de la muerte de un ser querido por una causa cualquiera,
sea natural, por accidente u homicidio.
Es imposible presentar un cuadro clínico típico del
sobreviviente de un suicidio, pero son comunes algunos de ellos como los
intensos sentimientos de pérdida acompañados de pena y tristeza, rabia por
hacerle responsable, en cierta medida de lo sucedido, sentimientos de
distanciamiento, ansiedad, culpabilidad, estigmatización, etc.
También puede manifestarse el horror por el posible
arrepentimiento tardío, cuando ya las fuerzas flaquearon lo suficiente para
evitar la muerte y no poder, deseándolo en esos últimos instantes.
El miedo es una emoción presente en la casi totalidad de los
familiares del suicida y está referido a si mismo, a su posible
vulnerabilidad de cometer suicidio o a padecer una enfermedad mental que lo
conlleve. Este temor se extiende a los más jóvenes, a los que pueden
comenzar a sobreprotegerse con la esperanza de evitar que ellos también
cometan un acto suicida.
La culpabilidad es otra manifestación que frecuentemente se
observa en los familiares del suicida y se explica por la imposibilidad de
evitar la muerte del ser querido, por no haber detectado oportunamente las
señales que presagiaban lo que ocurriría, por no atender las llamadas de
atención del sujeto, las que habitualmente consisten en amenazas, gestos o
intentos suicidas previos, así como no haber logrado la confianza del sujeto
para que les manifestara sus ideas suicidas. Otras veces la culpabilidad la
ocasiona el no haber tomado una medida a tiempo, a pesar de reconocer las
manifestaciones de un deterioro de la salud mental que podían terminar en un
acto de suicidio. Cuando la culpabilidad es insoportable, el familiar
también puede realizar un acto suicida para expiar dicha culpa.
PREVENCIÓN Y AUTOAYUDA
¿Debo decir que yo intenté el suicidio?
Siempre debemos reconocernos tal y cual
somos. Si intentaste contra tu vida, eso es una realidad y es parte de tu
biografía. Claro está, no hay que decirlo a los cuatro vientos, para que sea
del dominio de todos los habitantes de la ciudad. Pero hay personas a las
que no debemos negar este antecedente como son tus papás si no lo supieran
aún, tu pareja, tu médico, tu confesor, etc. Por último, independientemente
de estas sugerencias, tienes la libertad de decidir a quienes harás
participe y a quienes no de tu vida privada.
¿Qué se debe hacer para no tener deseos de suicidarse?
Para no suicidarse hay que aprender soluciones no suicidas ante las
dificultades de la vida, hay que aprender a pedir ayuda cuando la ocasión lo
merita, hay que saber donde acudir cuando se está en dificultades a las que
no se le encuentra solución, hay que tener una razonable auto confianza,
auto imagen y autoestima, hay que desarrollar intereses variados, aprender a
pedir consejos antes de tomar decisiones relevantes, hay que saber tolerar
frustraciones, renunciar cuando haya que hacerlo y perseverar cuando la
ocasión lo requiera, hay que saber amarse y amar a los demás y siempre
pensar en que medida nuestros actos afectan a otros y evitar que esto
ocurra.
¿Cómo puedo ayudarme a mí misma si
no me acepto como soy y tiendo a la depresión?
Este estado no es infrecuente en muchos
adolescentes quienes no se aceptan por su figura o determinada parte de ella
o por algún atributo de su personalidad y en la medida en que maduran y se
relacionan con diferentes grupos humanos y son aceptados, esta sensación de
no aceptarse desaparece. Otras veces es necesario incorporar a la
personalidad atributos de los que se carece para balancear los defectos
reales que se pudieran tener. Y se puede ser feo, pero simpático, sociable,
buen conversador, buen amigo, leal, puntual, cortes, etc. Y ya la fealdad es
compensada. Lo que si no es bueno es ser feo y además tímido, poco sociable,
retraído, y sentir autocompasión.
¿Después
de controlar la crisis suicida se vuelve a tener la tendencia a matarse?
Es posible que esto ocurra,
principalmente en las personas que padecen una depresión grave con
lentificación psíquica y motora, esto es piensan y se mueven muy lentamente.
Cuando estas personas empiezan a mejorar lo primero que se restablece es la
motilidad y ya sus movimientos son ágiles. Sin embargo, el pensamiento no
mejora al mismo tiempo, continúan pensando en suicidarse, y el peligro se
incrementa pues ya están en mejores condiciones de hacerlo debido a la
agilidad que sus movimientos han alcanzado y que antes no tenían. Por tanto,
cuando comienza a mejorar un enfermo deprimido grave hay que incrementar las
precauciones, pues se incrementa el peligro suicida.
¿Qué actitud debo tomar si mis
padres influyen para que intente el suicidio?
Debes buscar ayuda en una figura
significativa, como pueden ser otros familiares cercanos, (abuelos, tíos y
tías, hermanos mayores, etc.). También debes acercarte a los maestros, o al
sacerdote o pastor de tu iglesia y confesarles tus dificultades para que te
brinden ayuda. Y nunca autoagredirte.
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