|
Jorge Bucay, un argentino médico siquiatra, se propuso
escribir una serie de cuatro libros a partir de su experiencia y
conocimientos, adquiridos en servicios de ínter consultas en hospitales y
de la impartición de conferencias de docencia terapéutica.
Su propósito fue ayudar a sus lectores a transitar los
caminos de nuestro propio yo, de los afectos hacia el otro, de las
pérdidas y los duelos, y del que nos conduce hacia esa meta tan íntima y
única para cada cual que es el logro de la felicidad, y que Bucay define
como "la búsqueda del destino". El primer resultado de esta serie es el
volumen que les presentamos. Los otros tres libros son: El camino del
encuentro, El camino de las lágrimas y El camino de la felicidad.
Esta primera oferta del doctor Bucay aborda quizás el
problema más importante de cada individuo: el camino hacia el conocimiento
de su propia individualidad, del "encuentro definitivo con uno mismo".
Aunque el propio autor nos recuerda que todos los caminos se entrecruzan
en nuestras vidas, que "forman parte de todas nuestras rutas trazadas", y
que en todos aprendemos "lo que es imprescindible saber para acceder al
último tramo".
Este profesional inicia su exposición con una alegoría,
que él titula "del carruaje", donde el carruaje corresponde a nuestro
cuerpo, el cochero corresponde a nuestro intelecto y los caballos
corresponden a nuestros impulsos, afectos o pasiones:
Dejar que tu cuerpo sea llevado sólo por sus impulsos
(...) es sumamente peligroso (...) El cochero sirve para evaluar el
camino, la ruta. Pero quienes tiran del carruaje son tus caballos. No
permitas que el cochero los descuide (...) Si no tuvieras ningún deseo,
¿cómo sería la vida? (...) Obviamente, tampoco puedes descuidar el
carruaje (...) Si nadie lo cuida, el carruaje se rompe, y si se rompe se
acabó el viaje.
Su concepto de "autodependencia" estará vinculado a una
concepción de dependencia del yo, de uno mismo. "Aquellos adultos sanos
que sigan eligiendo depender de otros se volverán, con el tiempo,
imbéciles sin retorno", nos dice. El problema radica entonces en
"abandonar toda dependencia" para lograr nuestra autodependencia, lo cual
significa, "saber que yo necesito de los otros, que no soy autosuficiente,
pero que puedo llevar esta necesidad conmigo hasta encontrar lo que
quiero..."
Dividido en seis capítulos, más la presentación y el
epílogo, este libro de unas 150 páginas está obligado a repasar
situaciones como la toma personal de decisiones, de donde se deriva el
análisis de conceptos como autonomía y libertad.
"Autónomo, etimológicamente, es aquel capaz de
administrar, sistematizar y decidir sus propias normas, reglas y
costumbres. Y si yo quiero ser autodependiente, primero voy a tener que
animarme a ser autónomo, es decir, a establecer mis propias normas y a
vivir de acuerdo con ellas". Nos presenta las normas de vivir en sociedad
y de inmediato nuestro autor nos aclara: "Yo puedo revisar las normas y
encontrarlas muy adaptables a mí, en absoluta sintonía en lo que piense y
creo; y aún así es importante que goce de esta posibilidad de cuestionar,
corregir y reemplazar". Para añadir, "puedo imponer mis reglas a mi vida
pero eso no tiene nada que ver con imponerte mis normas a vos".
Para Bucay, si se es autónomo se elige desde la libertad
individual y solamente desde ella, de donde su análisis deriva a
desmenuzar ese concepto tan llevado y traído de "libertad", que para un
escritor como Octavio Paz no es ni una idea política ni un movimiento
social, sino "el instante mágico que media entre dos monosílabos: sí y
no".
Pero, ¿existe realmente? ¿Se es totalmente libre? ¿Podemos
conquistar ciertas libertades? ¿Para qué me sirve pensar libremente si no
puedo actuar? A estas y otras preguntas se da respuesta en el capítulo
titulado, "Decisión", donde un espacio importante corresponde precisamente
a la capacidad de elegir desde nuestra libertad: "La libertad consiste en
ser capaz de elegir entre lo que es posible para mí y hacerme responsable
de mi elección", va a sentenciar.
Al leer libros como El camino de la autodependencia no
sólo aprendemos, sino nos ayudamos a encontrar rumbos en este laberinto
cotidiano que es nuestra individualidad y sus relaciones con la familia,
los amigos, la sociedad donde vivimos. Quizás el mapa trazado por Bucay
nos sirva, quizás necesitemos de otro. Lo cierto es que su obra nos
ayudará a encontrarlo.
|