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Al regresar de la jornada escolar a su hogar de La Habana,
una niña muy asombrada le dijo a su madre que en su aula del cuarto grado
de la enseñanza primaria, de 32 escolares sólo dos no eran como ella: sus
padres no se habían divorciado nunca. En Cuba la tasa de divorcios es muy
alta. En Argentina, de acuerdo con la tapa de este libro, tres de cada
cuatro matrimonios terminan en una separación definitiva.
Pero no es a las impresionantes estadísticas de la tasa de
divorcios, separaciones, uniones consensuales, a las que se refiere este
volumen, sino a ese período en la vida de una pareja que su autora
denomina "la convivencia que (no) terminó", a ese lapso doloroso en que
"dejar atrás a un compañero de ruta es más difícil que no haberlo tenido
nunca". Ante un cambio, una ruptura, un fallecimiento casi siempre hay un
duelo. Más por lo que se deja que por el presente y futuro inmediato. De
eso trata la obra de Salinas.
Nos anticipa su prologuista, el doctor Jorge Bucay, que lo
más importante ante un divorcio es no dejar de apostar por la pareja en
general, sino divorciarse del vínculo con la persona. Cuando ello no se
hace, además del divorcio sobrevendrá "un fracaso, luego un duelo, y por
ello un dolor". Salinas, una talentosa profesional graduada de la
Universidad de Buenos Aires, especialista en psicoterapia de parejas, en
estas páginas une a sus conocimientos la experiencia personal de haber
experimentado un divorcio. Nos brinda sus reflexiones acerca del proceso
de divorcio y de separación, y de ese crucial período que es la
recuperación de la desunión de la pareja, "la aceptación y la apertura de
nuevo al amor".
En una obra donde se mezclan la reflexión con la narrativa
de ficción --a modo de presentación de situaciones--, la autora dedica una
primera parte a lo que ha titulado "La duda, odio y dolor", y una segunda
al período posterior al divorcio, "Reencontrando el amor". Es en esa
primera parte donde desarrolla sus ideas referidas a la no conclusión del
vínculo:
Si alguna vez estuvimos unidos, parte del otro, de una
forma u otra, ha quedado en nosotros, por eso el vínculo sigue en nuestra
alma, más allá de la lejanía del otro. Es necesario entonces que el lugar
que ocupa el otro sea lo más amoroso posible, sea un lugar en paz.
La autora nos aclara que no se debe confundir esto con una
propuesta de rehacer la pareja o con un dictado de convertir el odio en
amor. Se trata de lograr que "el vínculo sea bueno, lo mejor posible, no
como un regalo para el otro, sino como una profunda necesidad propia". Se
trata de poder crecer en nuestro interior desterrando el odio o los
sentimientos de dolor.
Es relacionado con este idea, la de reencontrarnos con
nosotros mismos ante todo, que versará la segunda parte del libro dedicada
a las nuevas relaciones de pareja después de un divorcio. Salinas aborda
esas formas de "huída de la soledad" convertidas en encuentros amorosos,
donde se busca la presencia de una compañía para aminorar la lejanía de la
pareja anterior:
La equivocación de esta búsqueda comienza cuando nos
empeñamos en encontrar a alguien que borre las huellas de los senderos
dolorosos de nuestra vida. El otro nos alivia tendiendo un telón sobre
nuestro pasado, pero todo sigue ahí, detrás, lo sentimos.
Pero la diversidad de las individuales es tan inmensa y,
por tanto, las características de las uniones de parejas y sus necesidades
son tan variadas que resulta difícil dar recetas acerca de cómo proceder
para evitar que aquello que dejamos atrás retorne. Lo principal es
reconocer que la prioridad es el reencuentro amoroso con nosotros mismos,
nos dice Salinas. "La propuesta es recorrer en sentido inverso esos
senderos dolorosos y comprendernos, comprender nuestras limitaciones y
aceptar nuestras debilidades."
De tono a veces meloso, quizás marcado por la huella
personal del duelo de la autora ante su divorcio, Todo (no) terminó es un
libro de lectura fácil, directa, donde las teorías quedan escondidas en
una narrativa cuajada de ejemplos. "Todo lo que nos importa nos causa
dolor", dirá el Dalai Lama, y sin dudas Silvia Salinas intenta aminorar el
dolor que quizás algunos de nuestros lectores pudieran estar
experimentando por la terminación de una relación, para ellos importante. |