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A partir de una generalizada ignorancia en la mayoría de
los casos, cuando no de intereses económicos y políticos muy específicos,
mucho se ha polemizado entre gobernantes, activistas de la sociedad civil
y académicos acerca de las demandas de los pueblos indígenas y sus
características. Pero en la mayoría de los casos, al referirnos a las
demandas indígenas reina la confusión. ¿Hablamos de una intención de
regresar a un hábitat ya desaparecido? ¿Es que estas comunidades aspiran a
una gobernabilidad como Estado-nación independiente de los Estados en los
que están insertas? ¿Es que se proponen cambios en sus regímenes
económico-político-sociales, o de luchas dentro de la democracia? ¿Son
movimientos separatistas como los experimentados en la antigua Yugoslavia
o en los territorios europeos y asiáticos de lo que fuera la Unión
Soviética?
"El primer objetivo de este libro es proponer una
reflexión acerca del carácter ciudadano de las luchas y demandas étnicas
en América Latina", nos aclara Álvaro Bello en la Presentación de este
texto. Y más adelante nos dice: Es una lucha ciudadana, porque "más que
rebeliones separatistas, conflictos o estallidos anómicos, las luchas de
los grupos étnicos durante las últimas décadas se han caracterizado por un
conjunto de demandas prácticas políticas que apelan a la profundización de
la democracia y la participación, al rompimiento con el clientelismo y,
sobre todo, a la búsqueda del reconocimiento de derechos económicos,
sociales y culturales dentro del marco de los Estados nacionales".
Álvaro Bello, consultor de la División de Desarrollo
Social de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL),
nos dice de las diversas maneras que estas demandas han sido expuestas, a
partir de los contextos nacionales en que han tenido lugar. De donde en
Ecuador las organizaciones indígenas han llegado a deponer presidentes, o
paralizado ciudades como en Bolivia, han asumido luchas guerrilleras como
en México, han presentado demandas específicas como las de los pueblos
mapuche de Chile, o han llegado a alcanzar la categoría de conflictos
étnicos, como en Guatemala y Perú. Pero, en todos los casos, las demandas
implican la restitución de tierras y derechos territoriales con vista a la
autonomía territorial, "autodeterminación y derecho a expresar y mantener
sus identidades colectivas, educación bilingüe intercultural,
reconocimiento constitucional como pueblos indígenas, participación
política, y derechos preferenciales sobre las aguas y el subsuelo, entre
otras demandas".
Es decir, la ciudadanía étnica indígena es una diferente a
las "otras" ciudadanías. Y al tratar de explicarnos este concepto clave,
nuestro autor nos brinda más de doscientas páginas de un enjundioso texto.
Ya Walker Connor, quizás el pionero de los estudios sobre las dinámicas
entre etnicismo y ciudadanía con su libro, Etnonacionalismo. En la
búsqueda de una interpretación (Ethnonationalism: The Quest for
Understanding), nos había avanzado que incluso el concepto de nacionalismo
ha llevado a definiciones erróneas: "El nacionalismo se ha confundido
habitualmente con una lealtad al Estado, cuando en realidad se trata de
una lealtad a la nación". Lo cual ayuda a entender el nacionalismo
indígena en conflicto con los Estados que rigen sobre sus comunidades.
Dividido en ocho capítulos, más recuadros explicativos del
tipo de demandas presentadas por países, este libro nos conduce a través
del análisis de conceptos y teorías por las situaciones específicas de los
pueblos indígenas en América Latina, por su interacción con los Estados,
por la relación entre la emergencia de estos movimientos indígenas con las
crisis de las democracias en la región, por los mitos que prevalecen sobre
las demandas indígenas y su identificación con ideologías socialistas o de
las llamadas izquierdas; nos presenta los derechos indígenas, su
reconocimiento nacional y en los organismos multilaterales; nos introduce
a la política de la etnicidad y su sentido.
Organismos de Naciones Unidas han reconocido que, "tras
siglos de exclusión y dominación, a principios del nuevo milenio los
pueblos indígenas [junto a los afrolatinos y afrocaribeños] presentan los
peores indicadores económicos y sociales y tienen escaso reconocimiento
cultural y acceso a instancias decisorias". Estas comunidades indígenas
alcanzan entre 33 y 40 millones de indígenas divididos en unos 400 grupos
étnicos, cada uno de los cuales tiene su idioma, su organización social,
su cosmovisión, su sistema económico y modelo de producción adaptado a su
ecosistema. Ambas situaciones, su numerosa presencia en la región, y su
estado de generalizada exclusión social y económica nos obliga a entender
sus demandas, a los Estados a atenderlas.
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