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Si se revisan los archivos del diario argentino La Nación
se podrán encontrar trabajos de Alejandro Rozitchner. Este escritor y
filósofo es también animador de programas educativos en la televisión y
conductor de programas radiales; lo que pudiéramos llamar un comunicador
en el más amplio sentido del término. Como él mismo dice en su libro, su
trabajo es sobre todo "entender y ayudar a entender".
Fiel a esta idea, Rozitchner se propuso con este texto
demostrar la falsedad de 41 ideas comunes, muy extendidas, tales como "La
sociedad está enferma", "Las mujeres son más sensibles que los hombres",
"El poder es malo", "Me deprimo porque soy muy sensible" y "Ser de
izquierda es ser bueno y ser de derecha es ser malo". Para el autor, estas
ideas suelen afirmarse y repetirse de manera muy general en la sociedad y
expresan "una visión temerosa y atragantada de la vida". Al hacer una
disección en cada una de ellas, Ideas Falsas busca "construir una visión
del mundo actual que favorezca las posibilidades de quienes vivimos en
él".
"Trabajar sobre las ideas, de manera consciente e
intencional, es al mismo tiempo hacerlo sobre las costumbres y las
posiciones afectivas", nos dirá. "Pensando de manera débil, errada, falsa,
emplazamos nuestra experiencia en un plano igualmente débil, errado y
falso".
Tomemos como ejemplo la primera idea que el autor sitúa
como objeto de análisis: "La sociedad está enferma". Nos dice que es una
frase "que expresa temor" porque "el que así asegura siente que no puede
hacerle frente al caos de la realidad". Con ella se rechaza al mundo, y el
que así dice se sitúa por encima de la media: "parece que fuera mejor que
los que andan por ahí viviendo despreocupadamente, sin darse cuenta que la
situación es grave y extrema". Rozitchner desarrolla su visión sobre las
sociedades para concluir con una idea un tanto conformista de que así como
los conflictos le imprimen vitalidad a las sociedades, hay problemas con
los cuales hay que aprender a convivir porque no pueden desaparecer. Es
sin duda un texto singular y provocador.
En el capítulo 34 dedicado a la idea falsa de que "ser de
izquierda es ser bueno y ser de derecha es ser malo", nuestro autor nos
espeta para iniciar sus reflexiones: "Porqué el izquierdismo aparece
generalmente muy conmovido por el dolor de los que sufren, al punto de
hacer de ese dolor el centro de su acción humana". Y continúa, "el
izquierdista quiere ayudar. Pero, ¿son entonces de izquierda las
asociaciones de señoras ricas que hacen beneficencia? Estas organizaciones
resultan generalmente mucho más efectivas que las manifestaciones de
izquierda unida", nos dice.
Al mismo tiempo, sobre las derechas nos dice que se les
identifica con personas malas, egoístas, a quienes no le importa el
sentimiento humano, y llama a considerar que "si queremos hacer las cosas
más completas y más verdaderas (y aceptar la complejidad que la realidad
vista de cerca suele tener), (...) el deseo de un sistema social más
competitivo y volcado al reconocimiento del mérito individual, es decir,
menos asistencial y más exigente, suele tener el mérito de elevar el nivel
de vida de la totalidad de las personas". Lo cierto es que Rozitchner
somete a críticas lo que se da por sentado y en este caso propone eliminar
los términos de derecha e izquierda como referencias para pensar la
política. Hay genocidas de derechas y de izquierdas, nos recuerda, entre
otras reflexiones.
Rozitchner escribió Ideas falsas después de haber
comentado muchas de ellas en el programa radial Cual es durante el año
2003. "Lo curioso de esta experiencia" –dice el autor— "consiste en haber
desarrollado a lo largo de dos años un diálogo filosófico con un público
inmenso (...) y en haber complementado esa comunicación de aire con un
estrecho contacto vía Internet" con el objetivo de "cultivar un público".
A ese espacio en la red de redes le llamó "Bienvenidos a mí". Rozitchner
no escatima las diversas vías de comunicación, porque para él uno de los
objetivos principales de un intelectual es crearse un público con quien
pueda generar ideas, al tiempo que le permita compartir la riqueza de
pensamiento que ya posee.
Para esta comentarista lo más interesante del libro, con
independencia de que estemos o no de acuerdo con las conclusiones de cada
capítulo, es que nos hace pensar y apartarnos de esquemas trillados. ¿No
es esto, entonces, un logro del autor?
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