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La primera edición de este libro, en inglés (Two Faces of Liberalism),
fue publicada en el año
2000. De entonces a la fecha, esta obra ha recibido no pocas y a la vez
controvertidas críticas.
David Gordon, académico vinculado al Instituto Ludwig von Mises, un
centro dedicado al estudio y la investigación del liberalismo clásico en
Estados Unidos, nos dice al inicio de su reseña sobre la obra de Gray que,
“a veces basta una sola frase en un libro para percatarnos de que algo
anda radicalmente errado en él. En la presente obra encontramos la
aseveración condenatoria al inicio...”, y continúa Gordon con una
demoledora crítica, que incluye el señalamiento de errores de apreciación,
y hasta de ortografía en el nombre de clásicos como Carl von Clausewitz.
Sin embargo, reseñas realizadas para publicaciones especializadas como
el London Review of Books, y Times Higher Education Supplement, se
refieren al libro de Gray, académico en la prestigiosa London School of
Economics y Political Sciences, como “obra de gran mérito que logra
discernir los caprichos de la política y su desconfianza de los sistemas
filosóficos que operan muy alejados de ella”, y también dicen que, “este
libro poco voluminoso de Gray, un serio y penetrante filósofo de la
política, es una lectura provocadora y obligada para cualquiera que esté
interesado en estos tópicos”.
Quizás el capítulo más debatido de esta obra es el titulado “Modus
vivendi”, donde Gray nos descifra “las dos caras” del título: “En el
liberalismo coexisten dos filosofías” –dice el autor— “En la primera la
tolerancia se justifica como medio de alcanzar la verdad. Según esta
concepción, la tolerancia es un instrumento de consenso racional y la
diversidad de modos de vida se soporta gracias a la convicción de que está
destinada a desaparecer. En la segunda filosofía, la tolerancia se valora
como una condición de paz y los modos de vida divergentes se aprecian como
marcas de diversidad de la buena vida. La primera concepción respalda un
ideal de convergencia última de valores, la segunda, un ideal de modus
vivendi”.
Gray argumenta que el Estado liberal tuvo su origen en la búsqueda de
un modus vivendi, y los regímenes liberales actuales son productos tardíos
de un proyecto de tolerancia que comenzó en la Europa del siglo XVI. “La
tarea que heredamos”, nos dice, “es el rediseño de la tolerancia liberal
de modo que pueda guiarnos en la búsqueda del modus vivendi en un mundo
más plural”.
Bajo estas concepciones, Gray se extiende en este capítulo a la
consideración de los derechos humanos, cuyo propósito, dice, “no es
asegurar un único régimen, político o económico, a todo el mundo”, sino
“asegurar el modus vivendi entre regímenes que siempre serán diferentes”.
Para nuestro autor, además, los derechos humanos “no son verdades
inmutables, absolutas morales autónomas cuyos contenidos resultan
evidentes. Son convenciones (...) estándares mínimos de legitimidad
política que deben aplicarse a todos los regímenes”. Para Gray las
circunstancias específicas de un período histórico determinado dictan
estas normas de convivencia dentro de las naciones, y entre naciones,
susceptibles de variar de acuerdo con el desarrollo que se experimente.
Un crítico de Gray, Robert B. Talisse, en su trabajo sobre Las dos
caras del liberalismo, señala que el “aparato crítico de Gray es
insuficiente para captar con precisión el muy influyente liberalismo
político de John Rawls”, ese prestigioso filósofo político ya fallecido,
cuya obra sobre el liberalismo sólo es comparable a la de John Stuart Mill.
“Más aún” –dice Talisse—el modus vivendi de Gray enfrenta serios retos
presentados por Rawls acerca de la estabilidad. Para poder responder a las
objeciones rawlianas, Gray tendría que reincorporar las aspiraciones y
características de las teorías de la Ilustración liberal”.
El propio Gray dice que el modus vivendi lo que niega “no es la idea de
que podemos apreciar la diferencia entre lo correcto y lo erróneo. Lo que
niega es la creencia tradicional heredada por la ortodoxia liberal
contemporánea, de que los conflictos de valor no pueden tener más que una
solución correcta”. “Abandonar esta idea” –añade—“no representa ninguna
pérdida, puesto que supone que la diversidad de modos de vida y de
regímenes es un signo de libertad humana, no un signo de error”.
John Gray no debe confundirse con el autor homónimo de libros
comerciales sobre los hombres y las mujeres de Marte o de Venus, es un
filósofo político cuyo primer libro, Mill on Liberty: A Defence, data de
1983, y su último, Black Mass: Apocalyptic Religion and the Death of
Utopia, vio la luz en 2007. Es un filósofo, académico, politólogo que
considera como no viables a las tradicionales izquierdas o derechas, al
conservadurismo y a la social democracia; es un amante del liberalismo
capaz de descubrir sus ventajas y limitaciones.
Esta obra que hoy les presentamos, por su fácil lectura, puede llegar a
un público muy amplio. Coincidimos con el Suplemento del Times en que todo
interesado en los temas de las teorías y prácticas políticas deberá
buscarla.
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