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El Informe sobre Desarrollo Humano pide que la comunidad
internacional rompa el círculo vicioso de la pobreza y el conflicto
violento La intervención en una situación posterior a un conflicto es un
desafío tanto para el desarrollo como para la consolidación de la paz,
señalan los autores.
El Informe sobre Desarrollo Humano 2005
publicado por el PNUD aborda el terrible costo humano que conllevan los
conflictos violentos en los países pobres, además de la forma en que la
pobreza constituye un terreno fértil para el surgimiento de más
violencia. Los autores del Informe argumentan que para lograr objetivos
de desarrollo mundiales, la comunidad internacional debe romper el
círculo vicioso respondiendo a los conflictos como un desafío de
reconstrucción a largo plazo y un imperativo inmediato para la
pacificación.
Los autores brindan todo su apoyo a la propuesta del
informe del Secretario General, Un concepto más amplio de la
libertad, donde propone la creación de una Comisión para la
Consolidación de la Paz con el auspicio de las Naciones Unidas.
"No existen recetas únicas para evitar o resolver un
conflicto violento", reconocen los autores.
"No obstante, si no contamos con más cooperación
internacional, la que además debe ser más eficaz, para enfrentar las
amenazas impuestas por el conflicto violento, la comunidad internacional
no tendrá esperanzas de proteger los derechos humanos básicos, avanzar
en cuanto a seguridad colectiva y lograr los ODM".
Desde 1990, los países en desarrollo representan más de
la mitad de todos los conflictos armados, con una cifra cercana al 40%
sólo en África. De acuerdo a lo que señala el Informe, en estos
conflictos mueren más personas a causa de enfermedades y desnutrición
que debido a bombas, balas y bayonetas. Por ejemplo, en la región de
Darfur de Sudán, el Informe concluyó que las tasas de mortalidad
infantil son entre tres y seis veces más altas que en el resto del país.
Mientras más pobre es el país, más probabilidades tiene
de sufrir un conflicto violento. Por ejemplo, el Informe muestra que los
países con un ingreso anual per capita de US$250 tienen dos veces más
probabilidades de caer en una guerra civil que aquellos con un ingreso
anual per capita de US$600. Sin embargo, "Intentar establecer si estos
países son pobres porque están en conflicto, o están en conflicto porque
son pobres, es un ejercicio inútil y sin sentido", escriben los autores.
"Lo que está claro es que la pobreza es parte del ciclo que crea y
perpetúa el conflicto violento al cual este mismo retroalimenta
reforzando la pobreza".
El Índice de Desarrollo Humano del Informe, que
clasifica a los países según nivel de salud, educación e ingresos,
ofrece datos sobre la conexión entre pobreza y conflicto violento. "En
realidad", indican los autores, "el conflicto violento es uno de los
caminos más rápidos y seguros para recibir las peores evaluaciones en el
Índice y uno de los indicadores más fuertes para quedarse largo tiempo
ahí". De los 32 países con la peor clasificación en el Índice, 22 han
vivido algún conflicto desde 1990.
Este círculo vicioso representa una amenaza para todos,
no sólo para los habitantes de estos países, señala el Informe: "Cuando
los estados débiles entran en conflictos violentos, crean un caldo de
cultivo natural para grupos terroristas que ponen en riesgo la seguridad
de los habitantes de los países ricos y, al mismo tiempo, perpetúan la
violencia en los países pobres".
El Informe propone varias mejoras fundamentales en
materia de políticas, las que pueden tener un efecto inmediato en
reducir la amenaza de conflicto y su perjudicial efecto en la pobreza y
el desarrollo humano:
- Ayuda para los países propensos al conflicto.
"Privar de ayuda
a estados propensos a conflicto o a estados que acaban de salir de un
conflicto no tiene justificación. No sólo va en desmedro de la
seguridad humana en los países involucrados, sino que va en desmedro
de la seguridad mundial". En los últimos años, la ayuda en países en
situación posterior a un conflicto varía de US$245 per capita en
Bosnia y Herzegovina a sólo US$40 en Afganistán. Junto con un aumento
general de la ayuda, los donantes deberían ser más transparentes
respecto de las condiciones para distribuir estos recursos y las
razones para reducir la ayuda hacia los países propensos al conflicto.
- Enfoque integrado en cuanto a seguridad colectiva.
Un nuevo
informe del Secretario General de la ONU llama a la creación de una
Comisión Internacional para la Consolidación de la Paz que ofrezca un
marco estratégico para lograr un enfoque integrado respecto de la
seguridad colectiva. Como parte de este enfoque, se debe crear un
fondo mundial para financiar la ayuda inmediata en situaciones
posteriores a un conflicto y la transición a una reconstrucción
duradera, sobre una base a largo plazo y previsible.
- Formación de capacidades regionales.
Una prioridad inmediata y
urgente es la creación de una fuerza de reserva en pleno
funcionamiento en la Unión Africana a través de apoyo logístico,
técnico y financiero.
- Reducir el flujo de armas pequeñas.
La Conferencia sobre armas
pequeñas de 2006 ofrece una oportunidad para llegar a un acuerdo
respecto de un tratado integral y obligatorio para el comercio de
armas que regule los mercados y reduzca el suministro a zonas de
conflicto violento.
- Mayor transparencia en el manejo de los recursos naturales.
Como partes de los mercados de recursos naturales que ayudan a
financiar conflictos y, en algunos casos, socavan la responsabilidad
de los gobiernos, las empresas transnacionales involucradas en la
exportación de minerales deberían aumentar la transparencia de sus
operaciones en los países pobres. Se debería considerar prioritario el
marco legal internacional que propuso la Comisión para África
patrocinada por el gobierno británico de asegurar que las prácticas
corruptas de empresas transnacionales en el extranjero sean procesadas
en el país de origen, como ya lo establece la ley de Estados Unidos.
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