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La violencia, manifestación de destrucción de los seres
humanos, ha sido tema de la literatura, desde textos históricos y
fundacionales como la Biblia, el Corán, el Popol Vuh, la Ilíada, hasta
otros más contemporáneos. En nuestras regiones americanas hemos sido
educados en la admiración ante las hazañas del guerrero Aquiles, ante
cualquiera de nuestros héroes nacionales en batallas contra la dominación
colonial, o ante guerras encabezadas por Quicab, Cavizimahos, Tupac Amaru,
en reverencia a Huitzilopochtli, y no al dios de las flores
Xochipilli. Pero, "cuando el odio sopla tan fuerte que se excede, ¿cómo se
arreglan los humanos para erigirle un cerco?"; para que no sea motivo de
orgullo, sino de acciones que lo deshagan.
La respuesta no es fácil. Sin embargo, este autor
argentino de numerosas novelas, cuentos, biografías y ensayos intenta
desentrañarnos algunas verdades en búsqueda de soluciones a los problemas
de hoy, a partir de experiencias pasadas, que hilvana con las situaciones
presentes de nuestro cotidiano de vida. Porque la agresividad, violencia,
venganza en el ser humano, pueblos y naciones, han sido manifestaciones
recurrentes a través de los siglos.
A lo largo de este volumen dividido en dos partes, cada
una de ellas en varios capítulos, Aguinis se pregunta repetidamente cómo
controlar el odio, la venganza, la cual "pareciera ser perpetua", nos
dice, "puede aumentar o disminuir, cambiar de protagonistas y hasta
montarse sobre las generaciones. ¿Llega al agotamiento?", se pregunta.
Pero esta obra no es un conjunto de disquisiciones metafísicas acerca de
la naturaleza humana, sino está cuajada de referencias y explicaciones
históricas, contemporáneas y abarcadoras al mismo tiempo, que argumentan
sus puntos de vista:
"No hace falta ser talentoso para advertir que el siglo XX
se cerró como un cuento circular: empezó con tiros y bombas en los
Balcanes y terminó con tiros y bombas en los mismos Balcanes" (...) "El
resurgimiento de un antisemitismo –impúdico y retrógrado—dificulta las
tendencias fundamentalistas que se dan también en los judíos." (...) "El
relativismo cultural y ético plantean un desafío de proporciones ante la
aparición del fundamentalismo islámico, que en la actualidad es el más
notable." (...) "En Europa, luego de varias guerras mundiales, varias
locales y con el recuerdo de los abusos de las lejanas colonias, han
resurgido el racismo y el antisemitismo con un vigor inimaginable varias
décadas atrás."
La Conferencia mundial de Durban contra el racismo, el
nazista Goebbels, el significado del Concilio Vaticano II, Shakespeare, el
abate Pierre de Cligny que se alzó contra las Cruzadas, el polaco
antirracista Ian Karsky, son eventos y personalidades sobre las que
Aguinis analiza, comenta, somete a juicio.
Para Aguinis, las religiones van a desempeñar un papel
clave en la búsqueda de un diálogo universal. En primer lugar, por lo que
representan para la mayoría de los seres humanos: "Nadie es creyente por
decisión racional, sino emotiva (...) El niño que cada ser humano lleva
adentro no puede prescindir de abrigos. Hasta ahora no se han encontrado
muchos, pero son potentes: la religión, el arte, los afectos." Y nos añade
en uno de sus capítulos finales, ya después de explicarnos el estado de
las religiones en diversas áreas del mundo y su vinculación con la ética:
"El diálogo interreligioso se ha convertido en una novedad esperanzadora".
Pero para lograr adelantar encuentros, resultados,
acciones que alivien las guerras y temores de hoy, el autor de Las
redes del odio nos dice que "el líder religioso no puede limitarse al
sermón o a las afirmaciones apodícticas (...) su misión careciera de
grandeza si se limitase a convencer a los convencidos (...) la vocación
que lo habita exige el riesgo de abrirse, escuchar, ser curioso y tender
puentes". Los políticos --añadiríamos nosotros--, aquellos encargados de
implementar los acuerdos a los que cualquier diálogo arribare sobre las
situaciones de enfrentamientos de nuestros días, deberán librarse del odio
que "rechina, destruye, rechaza, altera, confunde, miente"; para armarse
de amor que edifique, aliente, consuele, ilumine y de fuerzas.
Es difícil encontrar en esta obra aseveraciones con las
que no estemos de acuerdo. No por ello es obra de verdades de Perogrullo.
Es un libro útil para tratar de desenredar las tramas de la violencia de
hoy, lleno de esperanza. |