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Este didáctico y extraordinario tomo es un diccionario. Lo
componen cerca de 500 páginas con decenas de descripciones disímiles sobre
las más recientes confrontaciones armadas y sus consecuencias. Una
diversidad de escritores, periodistas, especialistas, corresponsales de
guerra de todo el mundo nos ofrecen sus reflexiones y conocimientos.
Documentos gráficos nos ilustran y alertan. Una presentación sobre este
proyecto a cargo de David Reiff, un enjundioso prólogo bajo la firma del
ya célebre jurista Baltasar Garzón, una introducción acerca del derecho
internacional humanitario (DIH), una valoración sobre algunas de las
consecuencias del 11 de Septiembre y la guerra contra el terrorismo, nos
explican los motivos de la elaboración de este libro. Lo completan normas
de derecho internacional humanitario, notas sobre los autores y
bibliografía.
De fácil acceso porque están ordenados por orden
alfabético -- y a la vez entrecruzados los temas—estos comprenden
cuestiones como garantías del debido proceso, genocidio, guerra justa o
injusta, o el bloqueo como acto de guerra. Otras veces abordan casos
específicos: Afganistán, Kosovo, Argelia o Guantánamo. Al decir de Reiff
en su presentación, los artículos han sido divididos bajo los abarcadores
tópicos de "Crimen" (casi siempre contentivo de relatos testimoniales),
"Derecho" (artículos cortos sobre temas técnicos), "Términos clave"
(ensayos de especialistas sobre temas centrales), y estudios de caso, que
pueden leerse "como un libro dentro de otro libro". También hay "tres
revisiones de expertos del derecho aplicable", como "Clases de crímenes de
guerra", "Crímenes contra la humanidad" y "Genocidio".
En los breves y muy numerosos trabajos hay firmas como las
de Caryle Murphy, la reportera del Washington Post, ganadora del premio
George Polk por su cobertura de la ocupación iraquí en Kuwait. O la de
Emmanuel Ortiz, un fotógrafo independiente que cubrió conflictos en Perú,
Chile, Bolivia, Colombia, Argentina y Croacia. También de José Luis
Rodríguez-Villasante, militar y académico, director del Centro de Estudios
de Derecho Internacional Humanitario de la Cruz Roja de España. O la de
Michael Ignatieff, el escritor e historiador canadiense, político en
activo del Partido Liberal de su país, autor de textos como The Warrior’s
Honor: Ethnic War and and the Modern Conscience (El honor del guerrero: La
guerra étnica y la conciencia moderna). Todos aportan sus visiones,
conocimientos, memorias, testimonios a veces, para ofrecernos un panorama
desgarrador de las violaciones del derecho internacional humanitario, de
los crímenes de las guerras de hoy, o sus consideraciones acerca de la
necesidad de elaborar nuevas legislaciones internacionales.
No hay región del globo terráqueo que quede fuera, desde
Europa se pasa al Medio Oriente, a América Latina, África o Japón. Barry
Renfrew, nos dice en "Chechenia": "...hubo carnicerías y una brutalidad de
una intensidad similares a las de la Segunda Guerra Mundial. Gigantescas
formaciones de tanques, artillería y bombarderos acribillaron ciudades y
pueblos chechenios hasta dejar solo cenizas calcinadas. La mayoría de los
muertos eran civiles. Los derechos humanos y el derecho internacional
humanitario eran insignificantes para ambos bandos". El célebre periodista
y autor de una de las biografías de Che Guevara publicadas hasta ahora,
John Lee Andersen, nos relata sus experiencias con diversos grupos de
insurgentes en Guatemala, Nicaragua y Sri Lanka, bajo el título
"Guerrillas", y nos dice de la obligación que tienen las fuerzas
irregulares de respetar los tratados existentes sobre prisioneros. La
guerra étnica en Bosnia queda a cargo de la experimentada corresponsal de
Le Monde, Florence Hartman, quien estuvo basificada en Yugoslavia desde
1989 hasta 1944: "La violencia engendra violencia", nos dirá. Y añade: "En
1993, enardecidos por la campaña de terror de Milosevic contra los
musulmanes, y la ceguera de Occidente ante la realidad del genocidio, los
croatas entraron en guerra contra sus antiguos aliados musulmanes usando
los mismos métodos que los serbios: terror, deportación, campos de
concentración, bombardeos indiscriminados de civiles, masacre... "
Las narraciones de situaciones vividas por los
corresponsales de guerra son escalofriantes. Resultan pavorosas sobre todo
las de niños soldados, como la de Anna Cataldi sobre los niños reclutados
en Turanj, un pueblito en la frontera entre Bosnia y Croacia; o la de
Corinne Dufka, sobre un niño soldado de nueve años en Liberia que le clavó
un cuchillo varias veces a un prisionero, "agarró una botella de Coca Cola
vacía que rompió sobre la cabeza del moribundo como un tiro de gracia.
Después se levantó y miró a su alrededor buscando la aprobación de sus
compañeros. Como acabara de marcar un gol."
Como se dice en la sección de Agradecimientos, este es un
libro poco común, por la cantidad de personas que han colaborado para
hacerlo, por el enorme trabajo de organización y edición que ha requerido,
por la labor de complementar periodismo con ensayos, testimonios con
historia y juridicidad. Fue hecho por amor, nos dicen. Y así lo creemos.
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