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Título:
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El malestar de la globalización |
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Título original: |
Globalization and its Discontents |
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Autor |
Joseph E. Stiglitz |
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Fuente: |
Editorial Taurus |
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Ciudad: |
Madrid |
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Año de la
publicación: |
Sexta edición, 2002 |
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ISBN |
84-306-0478-2 |
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Más información |
www.taurus.santillana.es |
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Creo que la globalización puede ser
rediseñada para que haga realidad su buen potencial, y creo que las
instituciones económicas internacionales pueden ser rediseñadas para
garantizar que ello se logre (...)Se necesitan políticas para un
crecimiento sostenible, equitativo y democrático. Esa es la razon del
desarrollo. |
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Este libro de Joseph E. Stiglitz es una obra de
imprescindible lectura para todos aquellos interesados en la formulación de
alternativas rigurosas y viables al actual modelo de globalización. Stiglitz
conoce bien el tema. Siendo profesor de la Universidad de Columbia pasó a
ser el Jefe del Consejo de Asesores Económicos del Presidente Bill Clinton.
Mas tarde fue economista jefe y Vicepresidente del Banco Mundial. Obtuvo el
Premio Nóbel de Economía 2001 por haber desarrollado una nueva rama de esa
ciencia referida a la economía de la información.
Para Stiglitz, que ha vivido el proceso desde dentro, "la
economía es la ciencia de la elección" y por ello –porque cree que la
organización de la economía siempre presenta opciones- el problema no es la
globalización, como creen no pocos de los que protestan contra ella, sino el
modo de organizarla: las reglas del juego que han sido fijadas para su
desarrollo y la concepción ideológica bajo la cual ha sido impuesta.
Stiglitz advierte a sus lectores que en su libro "no encontrará pruebas de
una terrible conspiración de Wall Street o el FMI para dominar el mundo. Yo
no creo que tal conspiración exista." Según Stiglitz la cultura burocrática
que impera en el FMI tiene mucho que ver con los negativos resultados vistos
hasta ahora. "Las decisiones eran adoptadas sobre la base de una curiosa
mezcla de ideología y mala economía, un dogma que en ocasiones parecía
apenas velar intereses creados. Cuando la crisis golpeó, el FMI prescribió
soluciones viejas, inadecuadas aunque estándares, sin considerar los
efectos que ejercían sobre los pueblos de los países a los que se aconsejaba
aplicarlas. Rara vez vi predicciones sobre que harían las políticas con la
pobreza; rara vez vi discusiones y análisis cuidadosos sobre las
consecuencias de políticas alternativas; sólo había una receta y no se
buscaban otras opiniones. La discusión abierta y franca era desalentada; no
había lugar para ella. La ideología orientaba la prescripción política y se
esperaba que los países siguieran los criterios del FMI sin rechistar."
Stiglitz también lanza sus críticas frente al modus
operandis antidemocrático y opaco del FMI. En más de un lugar describe
la preferencia de sus funcionarios por ocultar la información sobre las
negociaciones en curso no sólo a los ciudadanos que iban a ser afectados por
ellas, sino incluso a los funcionarios del Banco Mundial, del propio
gobierno en cuestión y hasta a algunos miembros de su propia delegación.
Stiglitz discrepa profundamente con ese proceder. "En el mundo de hoy,
dichas reglas deben ser el desenlace de procesos democráticos", dice.
"La globalización no funciona. Para muchos de los pobres de
la Tierra no está funcionando. Para buena parte del medio ambiente no
funciona. Para la estabilidad de la economía global no funciona" concluye el
autor. Pero lejos de oponerse a la globalización, en general, como proceso
histórico irreversible, Stiglitz propone en esta obra los principios para
reorganizarla en un proceso humano, efectivo y equitativo:
Creo que la globalización puede ser
rediseñada para que haga realidad su buen potencial, y creo que las
instituciones económicas internacionales pueden ser rediseñadas para
garantizar que ello se logre (...)Se necesitan políticas para un
crecimiento sostenible, equitativo y democrático. Esa es la razon del
desarrollo
Por todo lo anterior es que este texto es lectura ineludible
de todo aquel que crea que las actuales protestas deben conjugarse con
propuestas más humanas, pero no por ello menos serias y factibles.
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