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Título:
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Violencias sociales |
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Autores: |
Jorge Corsi y Graciela Peyrú, coords., |
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Fuente: |
Editorial Ariel S.A. |
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Ciudad: |
Buenos Aires |
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Año de la
publicación: |
Septiembre de 2003 |
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ISBN |
950-9122--82-3 |
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La premisa de la que parte este libro es válida por sí sola:
"Resulta imprescindible modificar todo aquello que en nuestra cultura hace
de la violencia un paradigma de la identidad." Lo cual puede ser aplicado a
los ámbitos doméstico, nacional y regional. De ahí que sea importante
conocer que el ser humano es agresivo por naturaleza, pero puede ser
violento o pacífico según su historia individual y la cultura a la que
pertenezca.
Los autores parten de esta premisa para ahondar en la
posibilidad de trabajar para erradicar la violencia de nuestro mundo.
Escrito por dos especialistas argentinos, esta obra explica cómo es que
todos los tipos de violencia –cotidiana, en el trabajo, la casa, en la
calle, y la que produce destrucciones masivas o enfrentamientos
armados—tienen denominadores comunes.
Los autores del capítulo I, Graciela Peyrú y Jorge Corsi,
analizan los procesos que generan y sostienen las manifestaciones diversas
de las violencias sociales. Se destacan las similitudes de los diferentes
tipos de violencia y se insiste en mantener esta hipótesis de trabajo para
futuras investigaciones, tanto por parte de los autores, como de otros
investigadores que puedan brindar su aporte al sostenimiento o no de estos
criterios.
De particular interés resultan sus observaciones acerca del
terrorismo. "Los terroristas emplean en su accionar una estrategia y
armamento centrado en operaciones puramente emocionales", nos dicen; y
añaden que la potencia de las acciones terroristas radica en lograr que la
paralización que provocan se propague hacia el resto de la población, donde
están sus verdaderos objetivos. "Matar al diferente, eliminarlo, está
justificado desde las nuevas rebeldías genocidas."
El capítulo II analiza los problemas de jóvenes y adultos
dentro de una cultura violenta, difícil de soslayar. Sin embargo, para Corsi
el problema principal radica en la violencia que genera la diferenciación
entre géneros, a partir de un énfasis en la construcción de la masculinidad,
explicado en detalles en el tercer capítulo. Nos dice este autor que
otorgarle a un hombre los elementos que se supone deba ostentar su
masculinidad, significa un riesgo para la salud de los propios hombres, y
además sienta las bases de un desequilibrio de poderes que "pone en riesgo
la seguridad de las mujeres y la de otros hombres". Resulta preocupante cómo
grandes masas de población no son conscientes de estos fenómenos, incluidas
aquellas comunidades donde la violencia doméstica se manifiesta.
Lo que se observa en los discursos de los dictadores es
muy similar a lo que ocurre con los hombres que ejercen violencia
doméstica: cuando se les confronta con su conducta, todos ellos elevan
inmediatamente el nivel del discurso y pasan a hablar de paz y
libertad o de la familia, el amor o la unidad
(...) optan por recurrir a conceptos generales con los que todo el mundo
está supuestamente de acuerdo y no cuestiona.
Los capítulos 4 y 5 –a cargo de Guadalupe Aguirre y Marcelo
Chiantore-- van a centrarse en los tipos de violencia generada por el empleo
o la falta de este, los conflictos laborales, despidos masivos y trastornos
psicosociales creados por la falta de empleo.
Un elemento importante de estas reflexiones es el ámbito del
reconocimiento que se tiene por parte de los demás. La actividad laboral
aporta un grupo de pertenencia a una colectividad e implica el "ser
reconocido por pares, superiores, familiares y miembros de la comunidad". De
ahí que cuando no existe el empleo se produzcan serios efectos psicológicos,
de los que no está excluida la violencia y la criminalidad.
Se profundiza en el análisis de la violencia laboral en los
empleos del sector público argentino. La severa realidad económica de este
país del cono sur latinoamericano origina delicados trastornos de salud que
no han sido del todo investigados, ni mucho menos relacionados con la
corrupción imperante y la inestabilidad laboral. Al mismo tiempo, la
ausencia de poder que se vivió en esa nación, generó violencia laboral y
social, con su consecuente violación de derechos humanos por parte de las
instituciones y los órganos represivos, sobre todo en el período de 2002 a
2003.
Un último capítulo está dedicado a la influencia de los
medios masivos de comunicación y a cómo la violencia puede ser estimulada
con sólo hablar de episodios bélicos, criminales o sobre la xenofobia.
Es esta la visión de una médica psiquiatra y de un
psicólogo. Invita a la reflexión multidisciplinaria para entender en su
totalidad la violencia social de nuestro continente, cuánto no le ha
aportado de bueno a nuestras naciones. Pero, sobre todo, para eliminar
--como dicen los autores—la que todavía existe en muchos de los países desde
el río Bravo hasta la Patagonia.
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