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Amos Oz, uno de los más prestigiosos escritores israelíes
vivos, nos ofrece en este libro definiciones fundamentales para comprender
algunos de los conflictos bélicos de la actualidad. Premio Israel de
Literatura 1998 y reconocido intelectual comprometido con el proceso de paz
en el Medio Oriente, Oz parte para su análisis en este ensayo de la
siguiente premisa: "El fanatismo es más viejo que el Islam. No se debe a la
mentalidad de los árabes, como claman algunos racistas (...) Se debe a la
vieja lucha entre fanatismo y pragmatismo. Entre fanatismo y pluralismo.
Entre fanatismo y tolerancia."
A partir de esta idea, el lector podrá encontrar una
aproximación inteligente y desprejuiciada hacia varios de los conflictos que
aquejan al mundo de hoy. Esta edición de Siruela en su peculiar formato
pequeño nos ayuda también a adentrarnos en el complejo de razonamientos del
escritor israelí. Dividido en tres capítulos relativamente pequeños, Oz nos
explica acerca de la naturaleza del fanatismo; la necesidad de llegar a
compromisos y su naturaleza; y sobre la satisfacción del compromiso social y
con su obra.
El autor nos dice con lenguaje ameno y asequible acerca de
las verdaderas causas de los ataques a las torres gemelas de Nueva York el
11 de septiembre de 2001; de cómo el fanatismo se encuentra arraigado en
cualquier país, bajo cualquier sistema social o grupo político; de las
connotaciones del calificativo de "traidor" y su relación con el fanatismo;
de las distinciones del fanatismo con la vehemencia.
Pero además, se adentra en las características del fanático:
"Creo" –nos dice—"que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar
a los demás a cambiar. En esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de
enmendar a la esposa, de hacer ingeniero al niño o de enderezar al hermano
en vez de dejarles ser (...) El fanático es un gran altruista." Y más
adelante nos dice que el fanático lo mismo nos echa los brazos al cuello
porque nos quiere, que se lanza hacia nuestra yugular si demostramos ser
irredentos. "En cualquier caso (...) echar los brazos al cuello o lanzarse a
la yugular es casi el mismo gesto." Sostiene sus aseveraciones con ejemplos
de las acciones de Osama Bin Laden, de las luchas entre israelíes y
palestinos, de las manifestaciones de la vida cotidiana.
La explicación que en su segundo capítulo el autor nos
brinda sobre la lucha entre palestinos y judíos es una de las más claras
para comprender este conflicto que ha cobrado tantos miles de vidas y que
parece no tener fin. "Los judíos israelíes quieren exactamente la misma
tierra por exactamente las mismas razones" que los palestinos, algo que
entraña al mismo tiempo la necesidad de llegar "a un profundo entendimiento
entre las partes, y una tragedia terrible". Porque para llegar al acuerdo
que dé solución al enfrentamiento palestino-israelí, nos plantea Oz, se debe
atravesar un doloroso proceso donde las partes harán dejación de sueños,
ilusiones, de la tierra que ambos defienden.
Se trata, según el autor, de que "no se puede elegir entre
Israel o Palestina, sino hay que estar en favor de la paz". Los procesos
históricos de ambos pueblos han ido en paralelo a lo largo de siglos y las
renuncias que individuos, políticos, grupos sociales de ambos lados deberán
emprender no están al alcance de la comprensión y sensibilidad de los
propios actores.
Las conclusiones de Amos Oz en este libro no se las
adelanto. Transcurren sobre la naturaleza misma de lo que este autor concibe
como "acuerdo". "Se concibe el acuerdo
como falta de integridad, falta de directriz moral, falta de consistencia,
falta de honestidad. El compromiso apesta, comprometerse a llegar a un
acuerdo es deshonesto. No en mi vocabulario. En mi mundo, la expresión 'llegar
a un acuerdo, a un compromiso' es sinónimo de vida. Y donde hay vida
hay compromisos establecidos (...) Lo contrario de comprometerse a llegar a
un acuerdo es fanatismo y muerte (...) Y cuando digo acuerdo no quiero decir
capitulación, no quiero decir poner la otra mejilla al rival o a un enemigo o
a una esposa, quiero decir tratar de encontrarse con el otro en algún punto
a mitad del camino. No hay acuerdos felices" –dirá—"un acuerdo feliz es una
contradicción". Sobre sus escritos, ya sean sus artículos o sus novelas,
entre los cuales Oz advierte de sus diferencias, nos dice que si algo tienen
en común es que van a hablar "de las imperfecciones de la vida descartando
las perfecciones de la muerte gloriosa".
Amante de la vida, Oz nos regala sus visiones acerca de la
paz, de los sacrificios para alcanzarla, la cercanía a la muerte de los
fanáticos, la incapacidad de éstos para ponerse en la piel de los otros, y
la necesidad urgente de hacer esto último como experiencia ética, como
prueba de humildad, e incluso para lograr la sobrevivencia.
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