El profesor Beck nos aporta con este libro un análisis de
los componentes básicos de los conflictos en los que los seres humanos se
ven envueltos. Los conflictos pueden variar desde la violencia doméstica
hasta las guerras. Además de la explicación exhaustiva de este tipo de
fenómeno, que nos ayudará a saberlos enfrentar, el autor nos propone una
nueva forma de pensar que deje atrás las conductas destructivas.
Profesor emérito de la universidad de Pensilvania, Beck nos
divide este volumen en tres grandes partes: "Las raíces del odio",
"Violencia: individual y grupal", y "De la oscuridad a la luz". Es en esta
última sección donde aparecen sus propuestas.
Nos aclara el autor desde la Introducción, que su manera de
abordar los problemas interpersonales está ligada a su labor como
psicoterapeuta. A partir de su observación de diversos casos y de la
experimentación de nuevos tipos de terapia en ellos, Beck fue descubriendo
cuestiones clave para la elaboración de este texto, por ejemplo: La idea de
que una persona que está tratando a otra de manera injusta provoca ira y
deseos de tomar represalias; también que el denominador común de las
diferentes formas de conducta antisocial --la violencia doméstica y abuso
infantil, atentados criminales y abuso sexual--, es que el agresor percibe a
la víctima como "el enemigo" y se ve a sí mismo siempre como la víctima
inocente; de donde el autor derivó hacia las bases de lo que se conoce como
el odio.
Tanto en personas sanas como enfermas pueden percibirse
disfuncionalidades, dadas por manifestaciones de odio, nos revela Beck. La
creación de imágenes negativas pueden hallarse "en la esencia de
estereotipos sociales negativos, de los prejuicios religiosos y de la
intolerancia". "Un tipo similar de pensamiento ilógico parece ser la fuerza
impulsora de la agresión ideológica y la guerra", nos dirá.
En un capítulo denominado "Pensamiento primario", el autor
se adentra en las diferentes formas primarias de pensamiento, a partir de
procesos cognitivos fundamentales, como las reacciones ante las amenazas de
peligro o peligro real. Explica cómo debido a las formas primarias de
pensamiento se activan las estrategias, primarias también, para hacer frente
a la amenaza. En los conflictos interpersonales del cotidiano de vida, los
mecanismos que se activan suelen desechar mecanismos de emergencia que en
otros conflictos, como las guerras, salvan vidas –negociación, resolución de
problemas, compromisos. De ahí que en este tipo de situaciones del día a
día, exista la tendencia a seleccionar o tergiversar la información que
recibimos para hacer que encaje con nuestras ideas preconcebidas; se
perciben entonces ofensas donde no las hay y malinterpretamos
comportamientos inocuos.
Es en su segunda parte que Prisioneros del odio nos
profundiza en las manifestaciones de violencia en los grupos sociales. Su
capítulo once, " Ideas y percepciones falsas. La fatal creación del
enemigo", es un aporte indiscutible para comprender las reacciones máximas
de violencia de individuos, grupos y países en situaciones de guerra. Pero
también nos induce a distanciarnos de la posibilidad de vernos involucrados
en este tipo de conflicto, por sus negativas consecuencias para la psiquis
de los que logran sobrevivir.
Las percepciones de patria, nación, la imagen del enemigo,
el papel de las ideologías, el de los líderes, son desmenuzados en estas
páginas donde Beck se va a inclinar siempre por evitar los conflictos. Con
numerosos ejemplos sacados de las dos conflagraciones mundiales, este
volumen nos explica cómo resultan normales las lecturas incorrectas acerca
del pensamiento del contrario para hacerlas coincidir con los intereses
propios. "Cuando los líderes –nos dirá—se hallan bajo una gran presión, son
más propensos a juzgar erróneamente a sus adversarios (...) tienden a pensar
lo peor del enemigo". Sin embargo, sentirán "una predisposición
exageradamente positiva para evaluar la fuerza de su nación cuando concluyen
que la guerra es inevitable".
La clave para Beck es el modelo cognitivo. "No es posible
exorcizar estos míticos demonios internos, pero podemos tratar y modificar
las actitudes disfuncionales y el pensamiento erróneo", asegura el autor.
"Si no se corrigen, las interpretaciones y deducciones automáticas son
potencialmente destructivas. Sin embargo, podemos utilizar el inmenso poder
de la mente para modificarlas antes de que hagan daño al propio individuo u
a otros (...) Hay que reconocer que podemos servir mejor a nuestros propios
intereses aplicando la razón."
Sin dudas, este libro es una obra mayor y necesaria en el
mundo de hoy. Al demostrar que se puede superar la herencia de conflictos y
guerras despiadadas que arrastra la humanidad, nos revela el mundo infinito
de posibilidades de vida que pueden disfrutar los niños del mañana.