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 Prisioneros del odio. Las bases de la ira, la hostilidad y la violencia

Por Celia S.  Díaz     

Título:

Prisioneros del odio.
Las bases de la ira, la hostilidad y la violencia

Autor: Aaron T. Beck
Fuente: Editorial Paidós
Ciudad: Barcelona, España
Año de la publicación: 2003

ISBN

968-853-527-3
Más información: www.paidos.com

 

   
 

 

El profesor Beck nos aporta con este libro un análisis de los componentes básicos de los conflictos en los que los seres humanos se ven envueltos. Los conflictos pueden variar desde la violencia doméstica hasta las guerras. Además de la explicación exhaustiva de este tipo de fenómeno, que nos ayudará a saberlos enfrentar, el autor nos propone una nueva forma de pensar que deje atrás las conductas destructivas.

Profesor emérito de la universidad de Pensilvania, Beck nos divide este volumen en tres grandes partes: "Las raíces del odio", "Violencia: individual y grupal", y "De la oscuridad a la luz". Es en esta última sección donde aparecen sus propuestas.

Nos aclara el autor desde la Introducción, que su manera de abordar los problemas interpersonales está ligada a su labor como psicoterapeuta. A partir de su observación de diversos casos y de la experimentación de nuevos tipos de terapia en ellos, Beck fue descubriendo cuestiones clave para la elaboración de este texto, por ejemplo: La idea de que una persona que está tratando a otra de manera injusta provoca ira y deseos de tomar represalias; también que el denominador común de las diferentes formas de conducta antisocial --la violencia doméstica y abuso infantil, atentados criminales y abuso sexual--, es que el agresor percibe a la víctima como "el enemigo" y se ve a sí mismo siempre como la víctima inocente; de donde el autor derivó hacia las bases de lo que se conoce como el odio.

Tanto en personas sanas como enfermas pueden percibirse disfuncionalidades, dadas por manifestaciones de odio, nos revela Beck. La creación de imágenes negativas pueden hallarse "en la esencia de estereotipos sociales negativos, de los prejuicios religiosos y de la intolerancia". "Un tipo similar de pensamiento ilógico parece ser la fuerza impulsora de la agresión ideológica y la guerra", nos dirá.

En un capítulo denominado "Pensamiento primario", el autor se adentra en las diferentes formas primarias de pensamiento, a partir de procesos cognitivos fundamentales, como las reacciones ante las amenazas de peligro o peligro real. Explica cómo debido a las formas primarias de pensamiento se activan las estrategias, primarias también, para hacer frente a la amenaza. En los conflictos interpersonales del cotidiano de vida, los mecanismos que se activan suelen desechar mecanismos de emergencia que en otros conflictos, como las guerras, salvan vidas –negociación, resolución de problemas, compromisos. De ahí que en este tipo de situaciones del día a día, exista la tendencia a seleccionar o tergiversar la información que recibimos para hacer que encaje con nuestras ideas preconcebidas; se perciben entonces ofensas donde no las hay y malinterpretamos comportamientos inocuos.

Es en su segunda parte que Prisioneros del odio nos profundiza en las manifestaciones de violencia en los grupos sociales. Su capítulo once, " Ideas y percepciones falsas. La fatal creación del enemigo", es un aporte indiscutible para comprender las reacciones máximas de violencia de individuos, grupos y países en situaciones de guerra. Pero también nos induce a distanciarnos de la posibilidad de vernos involucrados en este tipo de conflicto, por sus negativas consecuencias para la psiquis de los que logran sobrevivir.

Las percepciones de patria, nación, la imagen del enemigo, el papel de las ideologías, el de los líderes, son desmenuzados en estas páginas donde Beck se va a inclinar siempre por evitar los conflictos. Con numerosos ejemplos sacados de las dos conflagraciones mundiales, este volumen nos explica cómo resultan normales las lecturas incorrectas acerca del pensamiento del contrario para hacerlas coincidir con los intereses propios. "Cuando los líderes –nos dirá—se hallan bajo una gran presión, son más propensos a juzgar erróneamente a sus adversarios (...) tienden a pensar lo peor del enemigo". Sin embargo, sentirán "una predisposición exageradamente positiva para evaluar la fuerza de su nación cuando concluyen que la guerra es inevitable".

La clave para Beck es el modelo cognitivo. "No es posible exorcizar estos míticos demonios internos, pero podemos tratar y modificar las actitudes disfuncionales y el pensamiento erróneo", asegura el autor. "Si no se corrigen, las interpretaciones y deducciones automáticas son potencialmente destructivas. Sin embargo, podemos utilizar el inmenso poder de la mente para modificarlas antes de que hagan daño al propio individuo u a otros (...) Hay que reconocer que podemos servir mejor a nuestros propios intereses aplicando la razón."

Sin dudas, este libro es una obra mayor y necesaria en el mundo de hoy. Al demostrar que se puede superar la herencia de conflictos y guerras despiadadas que arrastra la humanidad, nos revela el mundo infinito de posibilidades de vida que pueden disfrutar los niños del mañana.


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