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¿Qué debemos recordar del
siglo XX?, nos preguntan al inicio de esta obra. Dicho con palabras de
este autor, "los hechos son conocidos, se encuentran hoy en todos los
buenos manuales (...) pero los hechos nos revelan, por sí solos, su
sentido; y eso es lo que me interesa". Es el sentido del siglo, sus
lecciones, lo que busca Tzvetan Todorov para darse –darnos-- una
respuesta.
Autor de varias obras
traducidas al español –Las morales de la historia, La vida en
común, El hombre desplazado, El jardín imperfecto y
Los abusos de la memoria --, Todorov nació en Bulgaria, en 1939 y ha
vivido en París desde 1963; ha sido calificado como "el Apóstol del
humanismo", lo cual nos da una idea de su visión sobre los problemas de
la historia y de las premisas a partir de las cuales abordará los
fenómenos políticos del pasado siglo en este valioso tomo.
Aproximarse a los
fenómenos de la historia dejando a un lado esquemas o dogmas será la
premisa de este afamado intelectual, y una invitación para seguirlo.
Todorov nos dirá que lo aportado por el siglo XX será lo peor: lo que él
denomina totalitarismo, en sus dos variantes de comunismo y nazismo;
incluyendo las prácticas democráticas que han conducido a ejercitar "lo
moralmente correcto" al lanzar bombas "humanas" o "humanitarias".
La historia, aporta el
autor, "complica nuestro conocimiento del pasado; la conmemoración lo
simplifica, puesto que su objetivo más frecuente es procurarnos ídolos
para venerar y enemigos para aborrecer". De ahí que Todorov se proponga
la crítica de los regímenes políticos existentes durante el pasado siglo
y de los sistemas prevalecientes durante este período evitando las
sacralizaciones, y fundando sus ideas en la historia.
En uno de las partes de
Memoria del mal... dedicada a Vassili Grossman –famoso
corresponsal de guerra y escritor de origen ucraniano, víctima de la
intolerancia soviética —Todorov emprende un análisis del marxismo y de
las ideas leninistas, de sus posibilidades e insuficiencias como
complejo filosófico, y de su influencia en los gobiernos del socialismo
real. En él desarrolla las ideas del ucraniano acerca de la "bondad" en
oposición a las "doctrinas del bien". Utiliza una cita del lituano
Emmanuel Levinas al interpretar a Grossman que nos dará una idea acerca
del rechazo que hace Todorov a las doctrinas cerradas sobre las que
están basados los regímenes y/o prácticas sociales totalitarias y
excluyentes: «"la pequeña bondad" que va de un hombre a su prójimo se
pierde y se deforma en cuanto pretende ser doctrina, tratado de política
y de teología, Partido, Estado e incluso Iglesia.» Para añadir de
inmediato: "Los justos no persiguen el bien, sino que practican la
bondad: ayudan a un herido aunque sea un enemigo, ocultan a los judíos
perseguidos, trasmiten las cartas de los presos."
El libro está dividido en
varias partes, cada una dedicada a destacados intelectuales que
comparten entre sí el haberse rebelado de alguna manera contra
situaciones, regímenes o gobiernos donde el totalitarismo, la
intolerancia y el exclusivismo social se hicieron dueños. Vassili
Grossman, Margaret Buber-Neumann, David Rousset, Primo Levy, Romain Gary
y Germaine Tillion sufrieron bajo los dictámenes de Hitler o de Stalin,
pero supieron rebelarse y triunfar con sus obras, que Todorov califica
de "humanas".
Es en la sección de este
voluminoso tomo dedicada a la socióloga francesa Tillion que Todorov va
a destacar los grandes signos del pasado siglo, y tomar sus enseñanzas
para el presente: "El fin de la Segunda Guerra Mundial está marcado por
dos episodios de sentido distinto(...) la forma más horrenda y excesiva
del totalitarismo, el nazismo, es vencida y aniquilada (...) Estados
Unidos hace uso (...) de un arma terrorífica (...) la bomba atómica". La
crítica que desarrolla Todorov a las justificaciones para el uso de las
bombas que cayeron sobre las islas de Hiroshima y Nagasaki, expuestas
por militares e intelectuales, es contundente. "¿Cómo podemos calificar
hoy estos bombardeos?", nos pregunta el autor. Y nos responde: "...Como
crimen de guerra (...) las potencias totalitarias no fueron las únicas
que participaron en el mal (...) un crimen no deja de serlo porque en
otra parte se haya cometido un crimen más grave."
Quisiera concluir estos
comentarios acerca del libro de Todorov con una referencia a ideas que
aparecen en su epílogo. Todorov va a resumir muchas de sus visiones
desarrolladas a lo largo de esta sugerente obra, teniendo en mente la
historia de nuestros días, los males que el nuevo siglo ha acarreado:
"El humanismo moderno se distingue por dos características (...) el
reconocimiento del horror de que son capaces los seres humanos (...) y
la posibilidad del bien." Para aclararnos de inmediato: "...no del
triunfo universal del bien, de la instauración del paraíso en la tierra,
sino de un bien que conduce a tomar al hombre, en su identidad concreta
e individual, como fin último de su acción, a quererlo y a amarlo."
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