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Sin dudas es éste un
libro singular. Nada parecido a la literatura que habitualmente
comentamos con nuestros lectores. Es singular por la manera en que se
aborda el asunto principal, singular en su diseño, y porque arremete
contra determinadas consideraciones éticas que en muchas ocasiones
suelen ser confundidas como inherentes al poder. Sus autores nos brindan
48 "leyes", mas bien, sentencias, consejos a veces, acerca de las
características del poder, su alcance y peligros.
En un lenguaje coloquial,
matizado además por constantes ejemplos sacados de la historia
universal, y de todas las épocas, Greene nos entrega la síntesis de una
profunda investigación de la filosofía de grandes pensadores que se han
dedicado a abordar la política, las guerras, desde el análisis del
poder: Maquiavelo con El príncipe, el chino Sun-tzu con El
arte de la guerra, o el teórico prusiano Carl von Clausewitz con
Sobre la guerra desfilarán por estas más de 500 amenas páginas.
A cargo de Joost Elfers
corrió el diseño de este volumen, el cual es un elemento integrador de
las ideas que Greene nos trasmite. Cada capítulo constará de una máxima
inicial, o "Criterio", que guiará la discusión, mientras en los márgenes
de cada página, encontraremos pequeños relatos o anécdotas que apoyarán
el texto, extraídas de El libro de las anécdotas, de Clifton
Fadiman, El poder del charlatán de Grete de Francesco, La
sabiduría de la vida y consejos y máximas de Schopenhauer, o las
obras de Plutarco, Nietzche, Mao Tse Tung, Herodoto, Michel de Montaigne
y muchos más.
El libro, dedicado a
"quienes quieran obtener poder, observar el poder o armarse contra el
poder", está dividido en 48 leyes que han regulado, y siguen regulando
el incremento o la reducción del poder. Leyes, por demás, que se aplican
tanto en el ámbito más limitado del trabajo, en la calle, las relaciones
interpersonales, hasta el poder más amplio que ejercen los políticos a
cargo de un Estado.
De inicio, en su
introducción el autor nos brinda un consejo: "Dominar las 48 leyes que
se presentan en este libro les ahorrará a los demás el dolor que genera
el mal uso del poder, que es como jugar con fuego sin conocer sus
propiedades. Si el juego del poder es ineludible, es mejor ser un
artista que un burdo principiante o un negador."
Para Greene el poder es
un juego social, regulado por leyes que deben ser seguidas al pie de la
letra: "El poder es un juego –esto es algo que hay que reiterar una y
otra vez—y en un juego usted no juzga a sus contrincantes por sus
intenciones, sino por el efecto de sus acciones."
De acuerdo con este
autor, el lema de cada lector deberá ser "ni un día sin estar alerta",
porque considera que las personas deben estar preparadas para encarar
cualquier situación en su vida: desde las más complejas a las más
simples, desde aquellas ocasionadas por los negocios hasta las
provocadas por conflictos sentimentales. Nos dirá además que habilidades
como el engaño, poder jugar con las apariencias, la simulación son
condiciones para ostentar el poder: "El engaño es un arte desarrollado
de la civilización y una de las armas más poderosas del juego del
poder."
Es este un libro que se
puede leer de principio a fin, o escogiendo las leyes que más cercanas
resulten a la realidad de cada lector. Cada una de ellas, o cada
capítulo, estará dividida por las mismas secciones: "Transgresión de la
ley" con su "Interpretación", "Observancia de la ley" con su
"Interpretación", "Claves para alcanzar el poder" e "Invalidación".
La primera ley de Greene
será, "Nunca le haga sombra a su amo"; y la última, "Sea cambiante en su
forma". Pero detengámonos en el "Criterio" de la ley número 27 de esta
obra, antes de despedirnos. Se van a enfatizar verdades aplicables a las
maneras de actuar de líderes de todas las épocas, y de hoy.
La gente tiene una
necesidad irrefrenable de creer en algo. Conviértase en el centro
localizador de esa necesidad, ofreciéndoles una causa o una nueva
convicción a la que adherirse. Formúlela en términos vagos pero
pletórico de promesas. Enfatice el entusiasmo por sobre el
pensamiento claro y racional. Dé a sus nuevos discípulos rituales
que realizar y exíjales sacrificios. Ante la ausencia de una
religión organizada y grandes causas en las que puedan creer, su
nuevo sistema de convicciones le conferirá un poder inaudito.
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